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Trozos de real [1]
Por Alfredo Zenoni
En el curso de este año, como por otra parte en la Notice que acompaña esta edición [2], Jacques-Alain Miller evoca en numerosas ocasiones el carácter críptico del Seminario Le Sinthome. Sugiere incluso la hipótesis que podría tratarse de un lado esotérico de la enseñanza de Lacan. Por eso necesitamos una orientación si queremos tratar de encontrarnos un poco en su laberinto. Esclarecidos por el comentario de Jacques-Alain Miller trataremos de seguir la pista de lo real que toma aquí un nuevo estatus, con el riesgo de señalar los puntos que parecen pedir una discusión.
Lo real de entrada
Remarquemos de entrada que el abordaje de lo real no adopta en este seminario un solo ángulo y no permite entonces extraer de ahí una noción única, monolítica. Más bien se trata de apreciaciones diversas, que no convergen necesariamente, como si esta diversidad correspondiese precisamente a lo que Lacan dice de lo real mismo: de lo real, no se puede tener, sólo se pueden encontrar “trozos” [3]. Sólo hay trozos de real, por ejemplo el de Newton es uno de ellos [4]. Otro real es aquel “a propósito de lo que nosotros somos”, es decir “en la piel de esta historia increíble que es el espíritu humano”: es el real de “no hay relación sexual”. [5] Y es por lo que Lacan puede hablar de su real, es decir del trozo de real que la escritura del nudo borromeo incluye o incluso constituye.
Remarquemos también, esto ya es una primera cuestión, que las formulaciones relativas a lo real en su relación al nudo borromeo parecen a veces divergir. Por una parte Lacan puede decir que ese real no consiste, o que sólo ek-siste, en el nudo que él hace con lo simbólico y lo imaginario [6]. En efecto lo imaginario y lo simbólico no están anudados entre ellos, contrariamente a lo que la noción de significantización de lo imaginario podía sugerir. La idea de eso que pone en relación y sostiene juntos los elementos –que era la característica de lo simbólico- deviene ahora, bajo la forma de “consistencia”, una característica de lo imaginario. Lo simbólico sólo parece ser un vasto dar vueltas en redondo de los significantes alrededor de un imposible de decir, un anillo de significantes alrededor de un agujero. “El lenguaje no es en sí mismo un mensaje, pero sólo se sustenta de la función de eso que he llamado el agujero en lo real” [7]. Entonces le queda a eso que es sin ley, tanto como fuera de sentido, ek-sistente a lo imaginario, como a lo simbólico, constituir eso que pueda mantenerlos juntos [8]. “A sistir fuera de lo imaginario y de lo simbólico, lo real choca, juega especialmente en algo que es del orden de la limitación. A partir del momento en que está borromeamente anudado a ellos, los dos otros le resisten. Es decir que lo real sólo tiene ex –sistencia al encontrar de lo simbólico y de lo imaginario, el tope.” [9]
Pero por otra parte Lacan puede decir que es la presentación de tres redondeles anudados borromeamente “que toda ella hace lo real del nudo” [10]
Nos parece que lo que hay que retener sobretodo, es la idea de un real que debe ser considerado -para decirlo así de entrada de juego- como un elemento de un conjunto, en lugar de ser dejado para después o para el final -después del atravesamiento del velo de Maya, después del atravesamiento de los semblantes. De entrada tiene que ser considerado en su anudamiento con los otros dos registros. Pero de entrada también debe ser considerado como una característica del nudo mismo, en tanto que lo imaginario y lo simbólico son también ex-sistentes a los dos otros como lo real mismo [11]. Los tres registros son, en efecto, individualmente libres uno del otro.
Un real disjunto de lo simbólico
¿Cuáles son desde entonces las características de este nuevo real? Primero, como la noción misma de “trozo” implica, este real no es uno, no constituye un todo. Formar un todo, eso sólo sucede en el discurso, en un régimen de semblante. Y es por lo que por otro lado, no existe universo de discurso, sino varios discursos, varias versiones de “todo”.
Al mismo tiempo, ese real que no es todo, tampoco es a concebir como verdadero, como lo que se opone a lo falso o que se opone a lo aparente. Lo real es real en la medida en que está disjunto del régimen de la verdad, es decir que no tiene nada que ver con lo simbólico. Cuando está inmerso en lo simbólico, dicho de otro modo, cuando puede ser verdadero o falso, sólo puede mentir, dice Lacan retomando lo que formula desde el principio a propósito de la verdad bajo otra forma. La verdad “tiene estructura de ficción”, es semblante, “mentira, sueño que miente” [12]. Es por lo que no se puede hablar de verdadero real o de falso real, sino emplear algún término metafísico, como es el caso en Heidegger con la noción de “auténtico”, echt. Es bien ahí que se tropieza toda su metafísica, “en este pequeño pedazo sobre el echt” dice Lacan [13]. Ya que lo auténtico - como las nociones que son más tradicionalmente pegadas a la verdad: lo evidente, lo luminoso, lo desnudo, etc.-, siempre es semblante. Y es por lo que, en la ocasión, lo real sólo se puede encontrar en los embrollos de lo verdadero. Como lo dice en su comentario Jacques-Alain Miller, [14] es en cierto modo lo negativo de lo verdadero, exterior al régimen del significante.
Este nuevo estatus de lo real se distingue entonces, de lo real por el cual el psicoanálisis podría haber sido ligado a la ciencia, como por un momento se ha podido creer, a saber lo real estructuralista, lo real articulado de la lingüística. Lo real de la ciencia es en efecto indiscernible de la escritura de las pequeñas letras matemáticas [15], “Es por pequeños trozos de escritura que, históricamente, se ha entrado en lo real, a saber que se ha cesado de imaginar”. Solamente, agrega mas adelante Lacan, hay que distinguir entre lo que de la realidad sirve para fundar la ciencia y su real, “este supuesto real que es este órgano, si puedo decir, que no tiene absolutamente nada que ver con un órgano carnal, por lo que imaginario y simbólico están anudados” [16]. En efecto, la ciencia se soporta en la creencia que lo real contiene un saber que le es inmanente, que lo real sabe lo que tiene que hacer. Trata la materia como si tuviera un inconsciente, es decir como si supiera inconscientemente lo que hace. Y es en eso que la ciencia es piadosa, porque cree en un sujeto-supuesto-saber, tiene una idea de real que supone que lo simbólico lo penetra y que está todo tejido de relaciones, de fórmulas, de ecuaciones, de tal suerte que nunca se equivoca. [17] Es en el fondo la misma idea que guiaba profundamente a Freud en su búsqueda y en su práctica, la idea que hay un saber en lo real, es decir que lo real es equivalente al sujeto-supuesto-saber [18]. Y es en ese sentido que se puede decir que, bien más allá del Edipo, Freud cree en el Nombre-del-padre, que “su hipótesis del inconsciente sólo se puede sostener a condición de suponer que hay un real que es saber, un real que está articulado, un real que esta estructurado como un lenguaje” [19].
El real del que se trata en el Seminario El sinthoma, el real del que Lacan dice que es su invención y tal vez su síntoma, es al contrario, un real que no está anudado a lo simbólico, sino que está disjunto de lo simbólico (es el principio mismo del nudo borromeo: los anillos no están anudados entre ellos de a dos). Es una idea loca o es una idea mucho más razonable, según ha podido decir Jacques-Alain Miller en su curso. Porque es la idea de un real exterior a todo determinismo, lo que quiere decir una idea post-científica de lo real. En todo caso, por lo que nos concierne, es una idea post-interpretativa de lo real. Responde al hecho de que el psicoanálisis no es una ciencia, sino una práctica. Y como práctica pide referirse a otro real que el de la ciencia en la medida misma en que pone en evidencia lo que tiene de exorbitante la noción de un sujeto-supuesto-saber. Su práctica consiste justamente en la disolución de esta suposición como ilusión [20]. Comporta, entonces para Lacan, un real más allá del sujeto-supuesto-saber en tanto que termina por encontrar lo que no tiene sentido, algún trozo que no se liga a nada, que no se deduce de nada [21], un real fuera del saber inconsciente.
Un real sin ley
Un poco de tiempo antes, Lacan ya había aproximado un primer real distinto del de la ciencia -es decir contraviniendo la idea que hay saber en lo real- a propósito de la relación sexual. Los planetas saben a que distancia se tienen que ubicar unos de los otros, los seres hablantes no saben qué tienen que hacer en el registro de la gravitación sexual, eso no está escrito [22]. En el escrito que hemos comentado en nuestro seminario de investigación -el prefacio al “Despertar de la primavera”- Lacan concibe esta ausencia de relación sexual como un desgarrón de lo real, a tomar como real de la ciencia: “lo que Freud ha ubicado de eso que llama sexualidad [hace] agujero en lo real” [23].
Lo real exterior a lo simbólico, que Lacan introduce en ese Seminario, es como una generalización de esta ausencia de relación, de ley o de fórmula, que ha primero sido acercada al nivel sexual. Lo que quiere decir también que la ausencia de relación no es sólo lo que caracteriza la sexualidad de los parlêtres, sino lo real como tal [24], lo real al que se refiere el psicoanálisis. Y esto comporta al mismo tiempo una cierta decadencia de la ciencia, llevada ella también a su “futilidad” – como está dicho en otro texto, “La introducción a la edición alemana del primer volumen de los Escritos” [25] – es decir al hecho de que su certeza no es otra que una evidencia construida, puesto que es función de axiomas elegidos, es decir depende de las proposiciones indemostrables de las cuales deriva. Lo que quiere decir también que ese “saber en lo real” finalmente sólo reposa sobre una ausencia de saber, no se funda sobre nada racional.
Lo real sobre lo cual desemboca la práctica del psicoanálisis es un real disjunto del saber, en la medida en que el síntoma se reduce ahí in fine, a un residuo, un muñón de goce que no responde a ningún determinismo significante, que no se liga a nada. Es el de un modo de gozar que está disjunto del inconsciente y que no depende ni siquiera de la perspectiva, hasta ahora operante, de un saber que trabaja para el goce o de un sentido que es goce-sentido [26]. En el fondo, en los Seminarios y los escritos de algunos años que preceden El sinthoma, Lacan se desvela en señalar las afinidades del inconsciente, del saber y del sentido con el goce. Son esas afinidades que se encuentran condensadas en la noción del objeto a, que designa el goce en tanto que vertido en el lugar que le prescribe el significante [27], particularmente en los discursos. Aquí, en este Seminario, asistimos a una disyunción del goce y del sentido. No se trata más de un sentido a gozar, o el saber como medio de goce, sino de un gozar opaco, ilegible, fuera de sentido. Es eso lo que es designado precisamente por la nueva noción de sinthome, destinada a patentizar una superioridad manifiesta sobre la noción del objeto a: la noción de síntoma a la Joyce, como “eso goza”, más allá de la noción freudiana de síntoma como “eso habla”, como acontecimiento de significante. El goce no esta en el cuerpo como consistencia, no esta en lo simbólico como agujero, viene en añadidura, ex-siste al cuerpo y a lo simbólico anudándolos. Y es por lo que Lacan puede hablar del goce como de lo real [28].
El nudo y el síntoma
Desde entonces la disyunción de los simbólico y lo real, como la de lo simbólico y lo imaginario y la de lo imaginario y lo real -disyunciones que no retomamos acá- nos obliga a abandonar el espacio intuitivo euclidiano que funda las distinciones tradicionales entre exterior e interior, inferior y superior, superficie y profundidad, por la geometría contra-intuitiva que exige su composición de a tres y que Lacan designa también como una lógica de “bolsas y cuerdas” [29]. Como la nueva noción de sinthome, esta lógica también llama a otro régimen de escritura que el de la inscripción de la palabra, de la notación de lo que es dicho, que es el régimen del significante, con sus efectos de sentido y una consistencia de semblante. Llama a un régimen de la escritura como rasgo, letra, dibujo, que no quiere decir nada, que no se lee, que no tiene varios efectos de sentido siguiendo el contexto y que tiene, por consecuencia, afinidades con lo real. Y bien, esta escritura que “viene de otro lado que el del significante” [30] desprovisto de todo efecto de sentido, es la escritura del nudo –que escribe a la vez la disyunción de los tres registros entre ellos, tomados de a dos y su anudamiento de a tres. En esta escritura nodal, toda relación de subordinación se disipa, toda jerarquía se deshace: los tres redondeles tienen un lugar equivalente.
Se plantea acá la cuestión de su anudamiento, dicho de otra manera, la cuestión de saber cómo tres redondeles libres uno del otro se pueden anudar entre ellos. Algunas formulaciones, como las que han sido evocadas al principio, dejan suponer que el anudamiento de tres redondeles se sostiene por poco que sea borromeano. Pero en otros momentos y esto parece finalmente prevalecer, Lacan va a decir que un cuarto nudo es requerido –el del sinthome- para que los tres otros puedan anudarse entre ellos [31]. Un arreglo, un artificio, consistente en introducir un cuarto redondel es siempre requerido en la medida donde la insistencia misma de lo real muestra que el anudamiento de tres no se hace solo, no está dado de antemano. Siempre hay goce desprendido del inconsciente, que no está en el lugar que debería estar, porque a nivel de la relación entre los sexos el inconciente no tiene la fórmula.
Uso del sinthome
La irreductibilidad del síntoma [32] está ahí para mostrar que la operación de descifrado participa de este “dar vueltas en redondo” que caracteriza en definitiva lo simbólico, cuando se toma acto de lo imposible de decir queda el agujero central. Pero también muestra que es en ese real irreductible del sinthoma que reside el factor de anudamiento de los registros de los que se compone el parlêtre. El síntoma desabonado del inconsciente, el síntoma que no es más a descifrar, el síntoma que se reduce a su opacidad, es justamente eso que hace para cada uno su diferencia. Es el estado Joyce del síntoma para cada uno, aquél donde no queda más que hacer uso del síntoma, hacer alguna cosa. Cuando el descifrado a tocado el nivel de dar vuelta en redondo y que el síntoma no se liga más a nada, que es un afecto o un “acontecimiento del cuerpo” que no se presta mas a ningún efecto de sentido, lo que queda como goce “es, hablando con propiedad, eso que hace el valor de ustedes, por poco que sepan hacerlo pasar al estado de obra” [33]. Entonces, Lacan hace valer en este Seminario un cierto reverso o un cierto mas allá del discurso analítico que es del orden del arte o de la artesanía[34]. Dicho de otro modo, evoca una práctica que es menos del orden del saber que del orden del saber-hacer, acentuando así una salida pragmática más que una conclusión lógicamente ideal de la cura analítica.
Notas
[1] “Bouts de réel ,Texto publicado en Quarto nº85, Revue de psychanalyse –École de la cause freudienne- ACF en Bélgica. Traducido por Marcela Errecondo, con la amable autorización del autor pero no revisado por él. Retoma una intervención en el seminario “Sur le vif” en la ACF- Bélgica, el 26 de mayo del 2005. Alfredo Zenoni es psicoanalista en Bruselas, miembro de la ECF y de la AMP.
[2] NdT: se refiere a la Editorial de la revista Quarto
[3] NdT: bout: punta, cabo, trozo, pedazo, fragmento.
[4] Jacques Lacan, Le Séminaire, LivreXXIII, Le sinthome (1975-1976) Paris, senil, 2005, p.123 .El sinthoma
[5] Ibid, p 124
[6] Ibid., p 37, ver también p. 66, 152
[7] Ibid ,p.32
[8] Ibid, p 132
[9] Ibid, p 50
[10] Ibid, p.107
[11] Ibid, p 56
[12] Jacques- Alain Miller, “Le lieu et le lien” (2000-2001). L’Orientation lacanienne III, 3, lección del 28/02/2001
[13] Jacques Lacan ,op cit, p.85
[14] Jacques-Alain Miller, “Pièces détachées” (2004-2005). L’Orientation lacanienne III, 6, curso inédito, lección del 1/12/2004.
[15] Jacques Lacan, op.cit., p.68
[16] Ibid., p. 134
[17] Nos referimos aquí ampliamente al curso de Jacques-Alain Miller “Pièces dètachées”, op.cit, particularmente a la lección del 8/12/2004
[18] J.-A. Miller, “Pièces detachées” , op., cit., curso inédito, lección del 24/11/2004
[19] Id.
[20] Jacques-Alain Miller, op.cit., lección del 8/12/04
[21] Cf. Jacques Lacan, op.cit., p 132
[22] Ibid
[23] Jacques Lacan, “Preface à l’Eveil du printemps” Autres écrits, Paris , Senil, 2001, p.562 – El prefacio al despertar de la primavera.
[24] Jacques Lacan, Le Séminaire, Libro XXIII, op.citp. 137, 180, 231.
[25] Jacques Lacan, “Introduction à l’édition allemande d’un premier volume des Écrits” (1973) Autres écrits, op. cit., p.554- Introducción a la edición alemana de los Escritos.
[26] NdT.:joui-sens
[27] J.-A. Miller, Ibid., lección del 19/01/2005
[28] Jcques Lacan, Le Séminaire, Livre XXIII, pp.73,78
[29] Ibid ,p 146
[30] Ibid., p145
[31] Ibid., p 19
[32] “No hay ninguna reducción radical del cuarto término, incluso en el análisis, ya que Freud ha podido enunciar, no se sabe por que vía, que hay una Uverdrängung, una represión que jamás es anulada”, (la traducción es nuestra), Op. Cit., p 41
[33] Jacques-Alain Miller, “Pieces detachées “, lección del 1/12/2004
[34] Ibid., pp22,38 |
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