Cama Revuelta

cama

Por Graciela Giraldi

La cuestión de las nuevas satisfacciones del cuerpo me evocó una obra de arte titulada “My Bed “de la autora británica Tracey Emin expuesta en el Malba en el 2012.

Muestra una cama y objetos que aluden al goce sexual:  preservativos, sábanas revueltas, pastillas, cremas, vodka, cadenas y sogas sobre una valija, a los que se suman objetos personales: un peluche, medias can-can, un toallón y diarios. En el cuadro faltan los actores, no están los cuerpos. Sólo se los evoca a través de objetos usados, no sabemos si hubo allí una pareja homo, hétero o más gente.

Es notable el valor que ha tomado esta obra en el mercado, definida por su comprador “a metáforaun de la vida” (1). En ella los objetos en referencia al goce aparecen expuestos en primer plano y en ausencia del cuerpo. Esta obra da a ver que el goce, a diferencia del amor, no enlaza al Otro, es autoerótico, y que es el objeto plus de goce la brújula que comanda la vida de las personas.

En esa vía “pasarla bien”, sea como sea y con lo que sea, funciona muchas veces como un imperativo que niega el derecho a deprimirnos o angustiarnos ante la pérdida de un amor, un trabajo o un ser querido.

 

Los jóvenes se prestan en los boliches a beber “sin culpa”, consumiendo alcohol desenfrenadamente y sin pagar un peso por la ingesta hasta el justo momento en que la primera chica se dirige al baño porque ya no puede controlar sus esfínteres. Este goce adictivo del tomar y tomar un trago más, es un nuevo plus a la práctica de la ingesta de alcohol en lo que se denomina “la previa de la entrada al boliche, una excusa para estimularse al ir al encuentro del otro sexo. El lazo a los otros no es sin la botella y el porro, pues la identificación con los pares no es a través de ideales sino mediante prácticas de goce.

En esa línea, a los chicos no les interesa tanto enamorarse como pasarla bien.

Los objetos plus de goce que nos ofrece el mercado como el celular, el Ipod, el culto a la imagen del Yo, los tatuajes en el cuerpo, los piercings y los objetos eróticos vinieron al lugar de los amores imposibles, los corazones rotos y el goce de la privación histérica.

Percibimos que el imperativo a ser feliz, y joven para siempre se une al derecho de gozar con el cuerpo que se quiera tener. Si quiero ser hombre o mujer, la ciencia me ayuda, las leyes jurídicas también. Mi destino me pertenece, no depende ni del género, ni de la anatomía, ni de las identificaciones edípicas.

 

La vez pasada escuché por radio una entrevista a un médico cirujano sobre la sexualidad de una pareja de transexuales, ambos querían cambiarse el sexo anatómico que les había tocado en suerte. Las preguntas del locutor aludían al goce pero estaban desplazadas a la funcionalidad de los órganos: Si con el pene artificial la persona podía eyacular, o si con el pene invaginado las sensaciones pasaban a la prótesis clítoris. Dilemas éstos que bordeaban la cuestión de que sólo se puede imaginarizar al goce fálico localizándolo en una parte del cuerpo, pero en relación al goce femenino mutis, faltan las palabras. No existe la proporción sexual.

Miller en el Congreso de la AMP 2004 en Comandatuba nos decía: “Si mi fantasía conduce a alguna parte, está por verse, si esta fantasía es verdad, el discurso de la civilización no es más el envés del psicoanálisis, es el éxito del psicoanálisis. ¡Bravo! ¡Muy bien hecho! Pero, de golpe, esto pone en cuestión a la vez el medio del psicoanálisis, es decir la interpretación y esto pone en cuestión su fin, e incluso su comienzo. Podríamos decir – si partimos del hecho que la relación entre civilización y psicoanálisis no es más una relación de envés y derecho – que es más bien del orden de la convergencia, es decir que cada uno de sus cuatro términos, en la civilización, permanece en disyunción con los otros; que de un lado, el plus de gozar comanda, el sujeto trabaja, las identificaciones caen reemplazadas por la evaluación homogénea de las capacidades, mientras que el saber se activa en mentir y en progresar también, sin duda. Podríamos decir que en la civilización estos diferentes elementos están separados y que no es sino en el psicoanálisis, en el psicoanálisis puro, donde estos elementos se ordenan en un discurso.” (2)

En esa perspectiva testimonia M-H Blancard, AE, que ella ha podido verificar que “un análisis es una aventura inaudita que permite reinventarse”. (3)

 

(1)ABC.es, cultura. La obra “My Bed” es una instalación creada por la inglesa en 1998 después de una ruptura amorosa. El empresario y coleccionista alemán Christian Duerckheim-Ketehodt adquirió “My Bed” (Mi Cama) el pasado año en una subasta ejecutada en la casa Christie’s por 4,2 millones de euros.

Compré ‘My Bed’ porque es una metáfora de la vida, donde comienzan los problemas y la lógica muere”, señaló hoy en una nota Duerckheim-Ketehodt, quien ostenta el título nobiliario de conde.

(2) Jacques-Alain Miller, “Una fantasía”, conferencia Congreso AMP 2004, Comandatuba.

(3)Marie-Hélene Blancard, “Tomar el goce a la letra”, pág. 65, Lacaniana Nº 15, edit. EOL

 

 

*Graciela Giraldi (Miembro de la EOL Sección Rosario . AMP). Presentado en las XVI Jornadas Anuales Sección Rosario: Nuevos cuerpos. Nuevas satisfacciones. Respuestas del psicoanálisis  el 4 de Octubre de 2014, en la ciudad de Rosario.