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"Desescolage"
Seminario del 11 de marzo de 1980
Jacques Lacan

Aquí me tienen, el hombre cubierto de cartas. Mi camarada Drieu era, o se lo creía, el hombre cubierto de mujeres, hasta el punto de titular así una de sus novelas.
Título con el que me denominaron mis camaradas de sala de guardia- cuando de hecho sólo tenía dos (mujeres) como todo el mundo, que se ocuparan de mí, y discretamente, les ruego que lo crean.
He tomado estas cartas en serio. Quiero decir: las he tomado una por una, como se hace con las mujeres, y he hecho mi lista.
He terminado con este montón. Hay personas que se quejan de que me he olvidado de ellas. Es muy posible. Que se dirijan a Gloria.

Di en el clavo, acerté con el mil (j´ai tapé le mille), y hasta con más. Pero es preciso que ponga una diferencia entre estos mil. Ya que los uno tienen que hacer el duelo por una Escuela con la que los otros no tienen nada que hacer.
El duelo es un trabajo, es lo que se lee en Freud. Es el que pido a aquellos que, de la Escuela, quieran quedarse conmigo para la Causa freudiana.
A esos les escribí una carta ayer mismo por la noche. Van a recibirla.
He aquí lo que les digo:
Delenda est. He dado el paso de decirlo, desde ese momento irreversible. Como lo demuestra el hecho de que al volver sobre ello, uno no hace más que pegotearse- donde hice menos Escuela (École)..... que cola (colle).
Disuelta, lo está, por el hecho de mi dicho. Sólo queda que también lo esté por el vuestro.
A falta de lo cual la sigla que tienen de mí- EFP- cae en manos de falsarios probados.
Corresponde desbaratar la maniobra a aquellos de la Escuela a los que reúno este sábado.
Créanme: no admitiré a nadie para refocilarse-pegarse (s´ebattre) en la Causa freudiana, si no está seriamente desescolado (d´ écolé).

Firmé esto ayer, 10 de marzo.
Además es culpa de Freud haber dejado a los analistas sin recursos y, encima, sin otra necesidad que la de sindicarse.
Yo, por mi parte, intenté inspirarles otras ganas, las de ex - sistir. Eso sí lo conseguí. Se ve por las precauciones con las que se contorsiona el retorno al camino trillado.
Cosa que no e verdadera para todos, ya que hay los suficientes para seguir mi brecha, susbsistiendo por un vínculo social inédito hasta el presente.
¿Qué otra cosa da pruebas de mi formación sino es acompañarme en el trabajo, porque lo es, de la disolución?
Ahora tienen que contarse.

Paso a los otros que, este trabajo, no tienen que hacerlo por no haber sino de mi Escuela- sin que pueda decirse que no hayan sido intoxicados por ella.
Con ellos, sin más demora, pongo en marcha la Causa freudiana- y restauro en su favor el órgano de base retomado de la fundación de la Escuela, es decir el cartel del que, una vez hecha la experiencia, afino la formalización.
Primero- Cuatro se escogen, para proseguir un trabajo que debe tener su producto. Preciso: producto propio de cada uno, y no colectivo.
Segundo- La conjunción de los cuatro se hace entorno a un Más-Uno que, si bien es cualquiera, debe ser alguien. Está a su cargo velar por los efectos internos de la empresa y de provocar su elaboración.
Tercero: - Para prevenir el efecto de cola, debe hacerse permutación., en el término fijado de un año, dos como máximo.
Cuarto: - No hay que esperar ningún progreso, a no ser el de poner a cielo abierto periódicamente tanto los resultados como las crisis del trabajo.
Quinto.- El sorteo asegurará la renovación regular de los puntos de referencia creados con el fin de vectorizar el conjunto.
La Causa freudiana no es Escuela sino Campo- en el que cada uno tendrá rienda suelta para demostrar qué hace del saber que la experiencia deposita.
Campo al que los de la EFP se unirán cuando se hayan librado del lastre que ahora les estorba más que a mí.

Abrevio aquí la puesta a punto necesaria para la puesta en marcha. Porque es preciso que termine con el malentendido, el de las mujeres que he dicho en mi último seminario que no están privadas del goce fálico.
Se me imputa pensar que son hombres. Por favor.....
El goce fálico no las aproxima a los hombres, más bien las aleja, ya que ese goce hace de obstáculo a lo que las aparea con el sexuado de la otra especie.
Prevengo esta vez el malentendido, subrayando que esto no quiere decir que no puedan tener, con uno solo, escogido por ellas, la satisfacción verdadera- fálica. Satisfacción que se sitúa por su vientre. Pero como respuesta a la palabra del hombre.
Es preciso para ello que esa respuesta caiga bien. Que caiga bien al hombre que le habla según su fantasma fundamental, a ella. A veces, ella extrae de ahí efecto de amor, de deseo siempre. No ocurre con tanta frecuencia. Y cuando ocurre, no hace correlación, escrita, es decir ratificada en lo real.
De esto que he llamado la no-correlación, Freud tenía una idea, a pesar de su reducción de lo genital al hecho de la reproducción.
¿No es esto, en efecto, lo que se articula sobre la diferencia entre la pulsión que denomina fálica y la que pretende que subsiste de lo genital?
¿Se habría percatado del dualismo sin la experiencia, en la que estaba, del psicoanálisis?
El goce fálico es aquél precisamente que el analizante consume.
Eso es todo. Los dejo. Me gustaría que me planteen preguntas. Que me las planteen por escrito. Que me las envíen. Las contestaré la próxima semana, si valen la pena.
La próxima semana, también, les diré cómo trabajar eso, la disolución.

Nota: El título del texto en francés es D´ Ecolage (décolage: despegue, desencolaje) y fue publicado en el "Annuaire et textes statutaires 1982" de la Ëcole de la Cause freudienne.
Traducción: Miquel Bassols.