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Cinco
variaciones sobre el tema de
"La elaboración provocada"
Jacques- Alain Miller
La
expresión "la elaboración provocada",
forjada por Pierre Théves a partir de un texto de Lacan
indicando lo que corresponde al "más uno"
del cartel, da en el blanco y de buen grado he aceptado su
invitación de ejercitarme esta tarde en variaciones
sobre esta fórmula. Propondré cinco. No expondré
el concepto del cartel pero diré el uso que hago de
él. Así de golpe: el cartel no me ha interesado
nunca más que con propósitos de saber. Admito
de buena gana otros usos, pero éste es el mío.
Variación
I - Una fórmula contrastada
La fórmula de la elaboración provocada es contrastada
e incluso armoniosa. Tiene consonancia y habla latín.
Hay la labor y a voz y también dos prefijos, ex (fuera
de, a partir de) y pro (hacia delante, delante de), siempre
es así como se elabora: a partir de... siendo llamado,
suscitado por...
El trabajo es suscitado siempre por una llamada, una llamada
de provocadores que va a buscar lo que es latente y que llamando
revela, véase crea. La llamada al trabajo es el toque
de diana para despertar, llama. La estructura más simple
de la elaboración provocada nos es dada por la primera
línea del primero de los cuatro discursos:

O
aún, si despegamos los significantes para no dejar
más que los lugares:

Doy esto por la estructura mínima, el matema de la
elaboración provocada.
Variación
II - Una elaboración es siempre provocada
Si hay provocación al trabajo, a la elaboración
es que no hay ninguna vocación para el trabajo, habría
más bien, vocación para la pereza. Es un tema
para economistas: cómo provocar para el trabajo a los
trabajadores cuya inclinación, desde la instalación
del discurso capitalista, sería la de no hacer nada.
¿ Con qué estimulantes ideológicos? De
hecho la estimulación es siempre significante.
Vean el grupo analítico: el pase es ciertamente una
elaboración provocada. Se trata, por la llamada que
conlleva la oferta del pase, de provocar una elaboración
del análisis ante los pasadores. Luego, tras el proceso,
el A. E., como "nombrado a", es provocado a elaborar
para el público. Un análisis como tal no depende
menos del registro de la elaboración provocada. Es
lo que dice, a su manera el término Durcharbeitung,
que han, justamente, tratado de traducir variando la palabra
"laboración" perlaboración, translaboración,
nos podríamos contentar con el término: "elaboración".
El análisis es una elaboración provocada por
el significante de la transferencia. A este propósito
no olvidemos el significado de la transferencia, lo que llamaba
en mi seminario su "efecto semántico". Hago
notar que el Sujeto supuesto Saber, que es una significación,
es evidentemente distinto del sujeto que sabe, colocado en
posición de agente. El sujeto supuesto saber no es
en absoluto un saber agente, que tiene, más bien, un
efecto bloqueante sobre la elaboración; su modo de
provocar la elaboración, es más bien revocarla,
o al menos dejarla parra más tarde, lo que trae consigo,
después de todo, la educación, la noción
misma de la educación.
Variación
III - La elaboración de discurso
Los cuatro discursos son, por decirlo así, cuatro tipos
de dominio, pero también podemos tratar a cada uno
como modos de provocación, véase, nombrar cada
uno de los lugares del discurso con un término nuevo:
en el lugar del agente pongo la provocación; en el
lugar del otro: trabajo, la elaboración; abajo a la
derecha, la producción, como se suele decir; y, porque
no, el lugar de la verdad:la evocación que responde
al estatuto alusivo de la verdad.
En
el discurso del amo, la provocación toma la forma,
que antes evocaba, de la llamada al trabajo, cuya función
es recordada por Lacan en "La ética del Psicoanálisis"
El discurso de la universidad, lo calificaba, hace un rato,
de elaboración revocada, he dicho también diferida.
¿Qué es lo que aquí se produce, sino
un provocador? No debemos extrañarnos de la recurrencia,
ahí donde el discurso universitario funciona, de lo
que parece que consideramos contingente y que es su necesaria
producción: el discurso universitario produce, siempre
ha producido provocadores - término que empleo en su
mejor acepción.
Este término conviene admirablemente al discurso histérico
que pone en evidencia al sujeto provocador.
El discurso analítico desplaza a ese sujeto, haciendo
de él un provocador provocado.
Variación
IV- El agente provocador
Tal como lo entiendo, el más uno debe ser un agente
provocador. Tiene, desde luego a cargo una dirección,
y creo que no debería causar ninguna dificultar situarlo
en el lugar de agente, este cargo ¿cómo ejercerlo?
Hay
una inclinación a hacerlo como amo, e incluso como
"amo-al- trabajo, si puedo decirlo así, a menudo
se solicita al más uno en ese papel. El problema es
que, en tanto que amo, no puede nunca poner a trabajar más
que el saber que ya está ahí y no puede producir
más que lo que está fuera de lo simbólico,
más que, digamos por el momento, el objeto a.
Si solicitamos al más-uno en tanto que sabe o que sabría,
produciremos $, sepámoslo de antemano y sepamos lo
que producirá la llamada hecha al más uno en
tanto que analista, incluso escogido por esta razón,
vamos a ver lo que resulta.
Diré inmediatamente que la estructura que responde
mejor a mi experiencia del cartel es la del discurso histérico.
En efecto, cuando un cartel se termina con, por todo resultado,
"algo que no se puede decir"...Creo saber que muchos
carteles terminan con un "no podemos testimoniar de lo
que hemos hecho"...eso me parece el signo de que ha habido
un amo al principio, del que no se han desembarazado. No veo
en absoluto, en el hecho de esta impotencia, la prueba de
que tendríamos ahí un cartel excelente.
Si el cartel ha creído cooptar un analista, y que éste
se atiene a eso, lo que en un cartel quiere decir, hacerse
el tarugo, el resultado es conocido: los participantes hacen
el tonto. Es la estructura del discurso analítico pero
traspuesta al cartel, teniendo como único resultado
la denuncia de algunos significantes amos, lo cual me parece
muy escaso. Si se parte, en el cartel, de un saber constituido
que se trataría de adquirir con el más - uno,
ocurren entonces las famosas "crisis del cartel",
marcadas $. Son en general el testimonio de que se ha puesto
en el puesto de mando un saber ya hecho, un saber-en-suma.
No se obtiene un resultado de saber más que con la
condición de poner en posición de más
uno a $. Es entonces proponer para el cartel la estructura
del discurso histérico, del que no hay que olvidar
que Lacan decía que era casi la del discurso de la
ciencia. Por esto, si debiera escoger un modelo de más-uno
escogería a Sócrates, Sócrates que ha
quedado en las memorias por las elaboraciones que provocaba
en sus interlocutores: lo que se ha llamado los diálogos
de Platón son otras tantas elaboraciones provocadas.
El más-uno debe venir con puntos de interrogación
y, como me lo decía un sujeto histérico, que
se jactaba de ello como de su función eminente en este
mundo, hacer agujeros en las cabezas. Esto supone que rechace:
ser un maestro que pone a trabajar, ser uno que sabe, ser
analista en el cartel; todo ello para ser este agente provocador
desde donde hay enseñanza.
Ultima
variación - El arte de ser más-uno.
El cartel, la referencia que he tomado de Sócrates
lo implica, es una especie de Banquete. El Banquete lleva
consigo, en efecto, lo que he evocado hasta ahora:
Pero
a ello se añade que al agente se le imputa ocultar,
en su vacío mismo, la causa del deseo, bajo las brillantes
apariencias del agalma:

¿Qué
pasa en el cartel respecto a esto? Podemos, ciertamente, sospechar
que, en la elección por cuatro de uno-de-más,
entra siempre un elemento de atracción y los más-uno
pueden jactarse de ello, pero ¿Qué hacer del
agalma en el cartel? ¿Está bien ahí en
su lugar?
Hago notar que si es verdad que el más-uno, en tanto
que sujeto, hace trabajar y a este respecto podríamos
hablar de su acto-tiene que trabajar él mismo: hay
también una tarea del más uno y no le aconsejaría
hacerse el tarugo, pues es también uno de los miembros
del cartel. Puesto que trabaja, es que a, lejos de estar situado
bajo la barra, viene en posición de hacer trabajar
al sujeto. Lo que me conduce a manipular así esta etructura.

Evacuo
así el a de su lugar estatutario. Esa sería
la ascesis del más-uno. El más-uno no debe agotarse
encarnando la función del más uno. El más-uno
no es el sujeto del cartel; le corresponde insertar el efecto
de sujeto en el cartel, tomar a su cargo la división
subjetiva. Esto me lleva a aclarar el término de más-uno
con el de menos-uno: el más uno o se añade al
cartel más que descompletándolo, "debe
contarse ahí y no hacer más función que
la de la falta" (#)

Este
menos-uno está muy bien escrito, $ mientras que leo
en este S1 enjambre, como Lacan lo ha escrito a veces.
Un enjambre, es hasta el punto que yo considero el seminario
que animo todas las semanas en esta sala como un gran cartel.
Desde luego no es un cartel en sentido estricto pero no es
incompatible con esta escritura que haya unas cuantas abejas
más. Ved sobre eso Televisión: Lacan evoca allí
la cuasi identidad de estructura entre la histeria y la ciencia
y también las abejas al trabajo y von Fritisch. Mi
seminario es para mí un gran enjambre donde yo mismo
soy abeja ¡y no Reina!
He evocado antes la elección del más-uno, evocaré
ahora la composición del enjambre, la que a mí
me parece buena. Considero que este enjambre está bien
formado cuando cada cual tiene razones para estar ahí.
Quiero decir que cada cual esté en el cartel en calidad
de; esta lógica implica que los miembros trabajen a
partir de sus insignias y no de su falta en ser. Corresponde
al más uno, no solamente obtener la emergencia del
efecto subjetivo en el cartel sin que, correlativamente, obtener
que los miembros de ese cartel tengan estatuto de S1, así
como él mismo en tanto que miembro del cartel. Son
amos, significantes-amos que están al trabajo- no sujeto-supuestos-saber,
no sabios. La función del que se presta al más-uno
(para resumir: el más uno) es hacer de tal modo que
cada miembro del cartel tenga su propio rasgo; esto es lo
que hace un equipo. Evocaba "El Banquete, pero es más
bien un ramillete lo que hay que reunir. Hay entonces que
identificar a los miembros del enjambre. También esto,
a mi parecer, implica una práctica de seminario inspirada
en el cartel: hacer de tal manera que cada uno entre con un
rasgo propio, puesto en valor como tal. Es la condición
para tener un trabajo que produzca saber.
Apenas si me atrevo a evocar ahora la delicada cuestión
de la transferencia en el cartel. Conocemos la estructura
de la transferencia socrática pero ¿ Qué
pasaría con la transferencia en el cartel? De a $ hay
trabajo de transferencia, pero así prolongado en el
cartel, se vuelve trabajo de transferencia de trabajo.

Lo
que verificaría la fórmula, es la misma posición
en donde Lacan se ha sostenido en su enseñanza: incitando
a saber, pero en posición de analizante y no hablando
más que a partir de Freud. Dar entonces su justo lugar
al objeto en el cartel exige que el más-uno no se apropie
el efecto de atracción sino que lo refiera a otra parte-entre
nosotros a Freud y a Lacan.
Respuestas
de Jacques-Alain Miller en la discusión
La
lógica indica que no hay producción de saber
más que si el trabajador no está estorbado por
el efecto subjetivo; si no, no producirá más
que denuncia, la denuncia de los significantes-amos. El efecto
subjetivo debe estar acantonado en su lugar. El más-uno
lo toma sobre sí, para que los demás se desembaracen
de él. La experiencia tiende a mostrar, en efecto,
que es muy pernicioso, en lo que se refiere a la producción
de saber, que cada uno esté en el cartel para entregarse
a la asociación libre o para hacer el tonto. Esto no
puede ser lo que ocurra en los carteles del pase que tienen
un trabajo que hacer, la obligación de producir un
saber y cuyo funcionamiento debe orientarse en relación
con el discurso histérico, en tanto que es casi el
de la ciencia. El cartel del pase funciona ciertamente a cuesta
arriba del discurso analítico puesto que concede o
rehúsa una nominación mientras que el discurso
analítico culmina en la denuncia de los significantes-amos
en el efecto llamado de destitución subjetiva. El procedimiento
del pase es una nueva institución en el sentido mismo
de la institución analítica. No es, sin embargo,
el discurso del amo, puesto del que es "nombrado a"
, se espera también un trabajo de producción
de saber. Esta manera de abordar las cosas tiene la ventaja
de indicar como plantear la cuestión de la elaboración
colectiva.
Esta cuestión se plantea en cualquier parte de la ciencia
bajo la forma de la prioridad: cuando dos o tres personas
hablan juntas, vayan a saber quién hizo emerger la
cosa. Está el que la dijo, pero también el que
se la hizo decir y el que se dio cuenta de que era importante.
Finalmente, se reparten el premio Nobel. Es la idea Bourbaki,
la que presidió la creación de Silicet. Pues
si hay una estructura en donde el colectivo tenga un sentido,
es bien en el discurso histérico. Las epidemias histéricas
son fenómenos de elaboración colectiva y en
todos los fenómenos donde hay espontaneísmo
como en las actuales manifestaciones de estudiantes hay elaboración
colectiva, pequeños textos, pequeños slogans.
Quizás haya un pequeño comité que los
cincele, como en los gabinetes de las Preciosas, al milímetro,
pero es, de todos modos, elaboración colectiva. En
resumen: cuanto más se cultiva la histeria de cartel
más elaboración se colectiviza.
Los
significantes - amos producidos en la experiencia analítica
lo son en estatuto de ruina. He privilegiado el aspecto: "denunciar
las identificaciones", ¿Qué es lo que escande
un análisis; Identificaciones que "caen".
No desaparecen todas sin embargo pero el sujeto hace al menos
la experiencia de lo que, de su ser, no está representado
por los significantes-amos.
La única instancia a trabajar para producir un saber
son elementos estrictamente identificados. Vemos eso en los
scouts: cada uno se intenta un nombre. Desde luego no vamos
a comparar al cartel con una banda de scouts, pero ¡en
fin! Tienen en común la noción de equipo.
Traducción: Vicente Mira
(#)
esto es desplazar al cartel de la lógica del todo y
de la excepción en la que nació (el nombre de
más uno lo indica bastante) a la del no-todo (respuesta
a un comentario de B. Lemerer).
Intervención
en l´Ecole de la Cause Freudienne (Reunión de
los Carteles), 11 de diciembre de l986.
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