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"Enseñanza y Cartel del Pase"
Eric Laureant

He escogido como título "Enseñanza y cartel del pase", puesto que quería dar testimonio de lo que hemos aprendido como cartel, en todo caso de lo que yo he aprendido en tanto que miembro de ese cartel durante los dos años en los que hemos podido oír a cuatro pasantes por intermedio de sus pasadores(1)

Distinguiré dos vertientes de la experiencia, la del testimonio y la de la pérdida que, desde luego, se anudan, la del testimonio en que acentúa la reconquista, por el pasante, del campo de eclipse del pase, la de la pérdida en que es falla de la palabra, presentación del ser-el-pase. Constato inicialmente que la enseñanza de nuestro cartel se ha distribuido según esos ejes. Alfredo Zenón y Francois Leguil han desarrollado más bien la experiencia del testimonio. Agustín Menard y yo mismo hemos partido del lugar del afecto, más bien maníaco depresivo, que concierne al sujeto en el pase. Jean Buy Godin, designando la oposición del término y del final, ha hecho valer estas dos orientaciones. Intentaré reagrupar mis comentarios en torno a dos cosas:

1.- La unificación de la demanda, operada por Lacan, entre la demanda llamada terapéutica y la demanda didáctica, esta unificación central para el punto de partida de la experiencia se encuentra al final como imposibilidad de aislar lo que sería puramente didáctico la ganga terapéutica. Reencontramos al final diferentes modos de fusión-de/fusión.
2.-Si al comienzo está el deseo decidido, reencontramos al final de la experiencia la cuestión de la decisión, de la decisión y no de la autorización. Más particularmente es la manera en que el sujeto se las arregla con lo que puso en juego al comienzo, en su "¡todo pero esto no!" En lo que quería reservar protegido del psicoanálisis-todo el análisis- y que se reencuentra puesto en juego en la decisión final de manera crucial.
Reagruparé en una primera parte, dos sujetos situándose en la relación al síntoma. En el primer caso, el sujeto, de manera sorprendente, confía a sus pasadores que no había puesto el síntoma en juego en su análisis. Era una dimensión des conocida para él mismo. En el segundo, el sujeto ha sabido transmitir a sus pasadores que había analizado todo el síntoma, ¡absolutamente todo el síntoma!

En una segunda parte, examinaré la decisión de dos sujetos respecto a "¡pero esto no! Que se sitúa en el límite de su psicoanálisis. Un primer sujeto que dramatiza la pérdida, dramatiza su función de encontrarse "despojo" y una precipitación: no a reconocerse hombre antes de que le rechacen, sino una precipitación a reencontrarse despojo antes de que le disuadan.
Un segundo sujeto que al final del análisis hace un acting-out maravillosamente conformado, intenta persuadir a sus pasadores que no es tal, puesto que le apacigua. ¡Frente al drama de uno, la paz del otro!

El síntoma
Para empezar, una primera parte en la que se va a tratar del síntoma. Un sujeto que nos ha sorprendido mucho. Alguien empezaba diciendo que había desde luego atravesado su fantasma, pero que, nunca se había tratado de lo más íntimo en su análisis.
El sujeto se autoriza analista y experimenta él mismo una gran sorpresa, durante una sesión con un paciente, al encontrarse perforado por un dolor que es precisamente el síntoma que la madre había sufrido siempre. El sujeto encuentra ahí el síntoma en una dimensión de extrañeza que le deja al exterior del síntoma mismo. No puede ni siquiera quejarse de ello, no lo problematiza. Es un síntoma que se encuentra en el límite del psicoanálisis. He aquí algo que he aprendido en estos testimonios, la precisión de este reencuentro con un síntoma que ha cambiado completamente de estatuto y que precisamente le deja en una cierta dificultad respecto a su situación.
El segundo sujeto ha sabido transmitir a sus pasadores su agilidad respecto al inconsciente lo que hace que haya sabido analizar el síntoma con una precisión impecable. Abrumado en un momento dado por diversos dolores, este sujeto sabe aplicar la declinación de los síntomas a la declinación de sus nombres con un algo absolutamente convincente. Algo que no se encuentra en los libros, de una gran belleza clínica. Lo que queda al final es que esta declinación de nombres deja al sujeto a la espera de un nombre que lo sea verdaderamente; de un nombre, precisamente un nombre de un padre que venga a nombrar verdaderamente, no al síntoma sino, condición de su existencia, a nombrar verdaderamente al niño. Se queda en una posición de espera respecto al surgimiento del nombre.
Estos dos sujetos testimonian de un punto central en la estructura: la inclusión necesaria del síntoma en la demanda de saber- la demanda llamada didáctica- no permite separar cronológicamente análisis terapéutico y didáctico.
Así, necesariamente, el sujeto debe decidir su actitud respecto a su síntoma, son sujetos que han hecho incontestablemente un análisis, pero, aunque hayan hecho un análisis, no por ello estaban en el pase.
Era la opinión del cartel. Sin embargo presentaban un cristal luminoso de esta articulación. En un caso el "no síntoma" destina al sujeto a reencontrar el dolor materno y en otro el "todo el síntoma" deja al sujeto suspendido a la espera de un nombre del padre que lo sea verdaderamente.

La pérdida
Los dos otros sujetos presentan de manera ejemplar la actitud del sujeto respecto a la pérdida que surge en el análisis.
Alguien se precipita, con ocasión del duelo de una relación que había sido central para él en el curso de su análisis, en la mayor división. Esta división donde el sujeto se precipita le conduce al límite del silencio. Testimonia tanto de su posición de rechazo de la cadena significante que se queda boquiabierto. Sólo podía testimoniar por una cierta agitación, por quejas que dirigía a este objeto que le dejaba plantado. Estas quejas le conducían a estar todo él esclavizado a esta pérdida y a esforzarse para recuperar esta pérdida en una experiencia de testimonio.
En un segundo caso no se trataba de "precipitarse en la pérdida, se trata de un recuerdo -recuerdo encubridor- en el que se oían tras la puerta, los jadeos de su madre. El sujeto duda en saber si se trataba de una experiencia de placer o una experiencia de dolor. "Auscultando en el espacio nocturno los sollozos modulados de la buhardilla" auscultaba los jadeos de su madre. Es llevado en su análisis a precipitarse en una experiencia que le lleva, en suma, a acostarse con una pareja, de lo que sale evidentemente angustiado, pero con la idea de que ese punto de horror alcanzado, no podía más que pedir la paz y el olvido. No estaba separado del testimonio por este ser mismo de la división, estaba separado del testimonio pues, habiendo alcanzado ese punto, no podía mas que pedir la paz y el olvido. Es más bien del A.E.: del que esperaríamos que nos desplegara la paz y el olvido.
Estos diferentes sujetos, en el curso de a discusión del cartel, se han ordenado, lo cual nos ha sorprendido. Esto hace que hayamos intentado modular el "sonido" para modalizarlo, afirmarlo, adaptarlo al caso. Esta variedad estaba tanto más presente que, a menudo, las discordancias entre los testimonios de los pasadores eran flagrantes, dejándonos a veces preguntarnos si se trataba de la misma persona.
Era un primer movimiento, el segundo era darnos cuenta de que se trataba de la misma posición subjetiva profunda. En una nominación, ¿no tendríamos que nombrar una cierta relación a la renombrable posibilidad de hacer saber con el objeto causa? El A.E. no es nombrado a un puesto de profesor del objeto a. Se trata de verificar en el dispositivo que un sujeto ha estado suficientemente amarrado al duro banco del objeto causa para que pueda hacer transmisión de ello.

(1) Hemos aceptado la traducción habitual de los términos "passant" y "passeur" aunque no nos parece que restituya acertadamente que el pasante es quien se presenta al pase y el pasador quien testimonia de la posición del pasante.

Artículo publicado en "La Lettre mensuelle" n° 72. Ecole de la Cause Freudienne. Septiembre / Octubre 1988 - Traducción: Vicente Mira