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"El
Cartel: un nuevo lazo"
Vilma Coccoz
En
"Del psicoanálisis y sus relaciones con la realidad"
leemos: "Los psicoanalistas son los eruditos de un saber
del que no pueden conversar". Esta frase, reuniéndola
con la anterior: "A eso se debe su asociación
con quienes sólo comparten ese saber al no poder intercambiarlo",
permite entender que el saber del que se ocupa el psicoanálisis
no es comunicable de sujeto a sujeto- no hay intersubjetividad
.
Hay otras vías que toman en cuenta esta imposibilidad
de comunicar los unos a los otros aquello de que se trata.
La primera de esas vías es la del propio análisis,
en el sentido en que todo análisis es didáctico.
No obstante, el saber del que la experiencia del análisis
instruye es limitado: saber de la determinación del
inconciente sobre el ser hablante, saber de un goce particular
que se obtenía como síntoma. Pero un sujeto
nada puede saber del sentido de los síntomas de otro,
es decir, de la satisfacción que esos síntomas
producen.
Para poder permitir a otro el acceso a ese saber no basta
con haberlo conquistado uno mismo, sino que hace falta haber
pasado a la posición de analista . Esta es la diferencia
fundamental entre la IPA y la Escuela ya que ese pase no es
automático, también de éste se trata
de producir un saber.
Entonces, aunque eruditos en un saber de la estructura, los
psicoanalistas no se reúnen como sabios para conversar
de su saber y ampliar el campo de la erudición sino
que se asocian justamente por lo contrario, por una imposibilidad
de conversar. El cartel encuentra en este punto la especificidad
de su función: ser la bisagra, la articulación
ente el psicoanalista solo, en la soledad de su acto, y la
Escuela, donde los psicoanalistas trabajan para la transmisión
del psicoanálisis aportando su experiencia como analizantes
y como analistas. Esto constituye la segunda vía, la
del matema.
Parecería entonces que es ese imposible el que hace
posible el grupo. Sin embargo no es tan simple. En "Letourdit",
Lacan dice: "Lo mío parece una empresa desesperada
(...) porque es imposible que los psicoanalistas formen grupo.
No obstante, el discurso psicoanalítico (...) puede
fundar un vínculo social limpio de toda necesidad de
gurpo." No propone eliminar el grupo sino fundar un lazo
sin la necesidad del mismo. ¿Qué da origen a
esta necesidad?.
En ese mismo texto, Lacan define el grupo a partir de la diferencia
entre efectos de grupo y efectos de discurso: "Lo imposible
del grupo psicoanalítico es a la vez lo que en él
funda, como siempre, lo real. Lo real es esa obscenidad misma:
así entonces de ella "vive" como grupo. Esta
vida de grupo es la que preserva la institución llamada
internacional..."
Pero, como Lacan mismo nos dice, "esto no es lo importante,
ni tampoco lo es el que sea difícil para quien se instala
dentro de un mismo discurso vivir de otra manera que no sea
en grupo, lo importante es lo que aquí se convoca,
a saber: el baluarte del grupo, la posición del analista
tal como queda definida por su discurso mismo. El objeto "a"
en cuanto a la aversión que lo enfrenta al semblante
donde lo sitúa el análisis ¿podría
sustentarse con otro consuelo que no sea el del grupo?"
Por lo tanto, lo que causa la necesidad de grupo revela una
comunidad de estructura con su imposibilidad: el objeto "a".
Si el psicoanálisis muestra la separación del
Ideal y el objeto "a" y la naturaleza de semblante
de este último, dando así la clave de su operatividad,
la posición del analista respecto al objeto está
determinada por los efectos del grupo que lo produce como
analista.
¿Cómo funciona el objeto "a" en el
grupo?. Siempre en "L´Etourdit", si la muerte
en Freud es el amor, la "vida" del grupo sólo
nombra el odio. Al fundarse en un amor a Freud y al psicanálisis,
la IPA refuerza los lazos de identificación. Como consecuencia,
no se opera la separación entre el I y el "a",
cuya distancia permite revelar su estatuto de semblante, y
el jefe encarna su conjunción.
En los miembros del grupo se produce un efecto hipnótico:
calla la críticas del Ideal debido a la erotización
del lazo con el líder, quedando entonces los miembros
del grupo reducidos a ser eco del líder. Ëste
, por su parte, no por ello obtiene el ser sino sólo
la consistencia imaginaria del "a", "un semblante
más de la cuenta, una ostentación de semblante
(cf. "La Tercera" ).
De esta manera, el amor y el odio están asegurados,
en la aversión a reconocer que el objeto no es más
que semblante. ¿Qué puede esperarse de la posición
de un analista producido por un real cuyo único tratamiento
es la pasión?.
El desconocimiento de lo real en juego, aunque promueva algún
saber, será seguramente escaso, como se demuestra en
la producción de la IPA: punto cero de saber.
Fundar un lazo, limpio de la necesidad de grupo, en el que
se opere la distancia necesaria entre el I y el "a",
operación a cargo del más-uno en el cartel,
equivale a demostrar que del ser sólo hay semblante,
que el agente del discurso analítico es del orden del
semblante, y que en un correcto anudamiento de una imposibilidad
de saber y una imposibilidad de grupo, lo que sí se
obtiene es la existencia del discurso analítico.
Publicado
en Uno por Uno Nº 10. Mayo de 1990
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