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3.
La razón desvelada y el cartel
Raúl Vera Barros
La
razón de la Escuela
A la Escuela del 64 no se entraba por entrevistas de admisión,
sino formando un cartel (o presentando un proyecto). En el
texto titulado "Acto de fundación"(1) Lacan
la llama "experiencia inaugural". Comienza así:
"Fundo, tan sólo como siempre estuve en relación
a la causa analítica". Vale decir que Lacan pone
de entrada en juego la tensión entre la soledad del
acto y la necesidad del lazo, de lo colectivo.
Precisamente termina, en la Nota Adjunta, dando la razón
de la Escuela, dice: "...desvelaremos su razón.
La enseñanza del psicoanálisis no puede transmitirse
de un sujeto al otro sino por las vías de una transferencia
de trabajo".
Lo fundamental allí es que del uno por uno, de la singularidad
irreductible, es necesario no obstante pasar al lazo, a lo
colectivo. La razón de la Escuela es la transmisión,
que una transmisión de la enseñanza del psicoanálisis
sea posible.
Y sólo es posible, nos dice allí Lacan, a través
de la transferencia de trabajo,
-expresión que no volvemos a encontrar en otro lugar
de su obra.
La Escuela es inaugurada por Lacan como experiencia opuesta
a la de la Asociación creada por Freud, la IPA, al
estado de degradación de la autoridad y de la doctrina,
y los desvíos del lugar del analista. Podemos leer
la crítica de Lacan desde las fórmulas de los
discursos.
La transmisión no es posible por la vía de la
mera autoridad del "maestro" (discurso del Amo);
tampoco por la del saber acumulado (discurso universitario),
ni por la de una idealización del analista (que lo
desvía de su lugar real). En el "Acta de Fundación"
finalmente explicita que ninguna enseñanza será
fundada si no remite a esa transferencia de trabajo.
La ascésis del más uno
Miller aborda la transferencia de trabajo, respecto del cartel,
en las "5 variaciones sobre el tema de la elaboración
provocada"(2). El artículo de Osvaldo Delgado
"Transferencia de trabajo" en El Caldero Nº
88 (3) plantea la transferencia de trabajo en el control y
el pase.
Miller nos dice que el más uno en el cartel debe agujerear
cabezas.
El más uno no tiene la función del maestro que
pone a trabajar, como ocurre con el S1 en el lugar del agente,
en el discurso del amo.
El más uno no sería uno que sabe, como ocurre
con el S2 en el lugar de agente, en el discurso universitario.
El más uno tampoco sería analista en el cartel,
a en el lugar de agente en el discurso universitario.
La formulación de los 4 discursos por Lacan es así
coherente con la experiencia inaugural que había propuesto,
porque es congruente con los desvíos que hallaba en
la IPA: degradación de la autoridad en un mero ejercicio
de poder, desvitalización de la doctrina, idealización
del lugar del analista.
La posibilidad de transmitir lo que el psicoanálisis
enseña, y de que algo de esto se transmita en el cartel,
queda entonces referida al discurso histérico, del
que Lacan dice que es casi el discurso de la ciencia.
Miller dice que no se obtiene un resultado de saber, más
que con la condición de poner en posición de
más-uno al sujeto barrado, como Sócrates, que
ha quedado en la memoria por las elaboraciones que provocaba
en sus interlocutores.
Se pregunta entonces qué hacer con el agalma en el
cartel. Si es verdad que el más-uno en tanto que sujeto
hace trabajar, y ése es su acto, también tiene
que trabajar él mismo. Y puesto que trabaja, a, lejos
de estar situado bajo la barra como en la fórmula del
discurso histérico, viene en posición de hacer
trabajar. Esa evacuación del a de su lugar estatutario
es la ascésis del más-uno.
La ascésis consiste entonces que no debe agotarse encarnando
la función del más-uno, el más-uno no
es el sujeto del cartel, sino que le corresponde insertar
el efecto de sujeto en el cartel, tomar a su cargo la división
subjetiva.
Con lo cual el agalma queda situado más a la izquierda
aún que el lugar del agente, ocupado éste por
el sujeto barrado: el objeto a encarna El atractivo, y bajo
la barra se sitúa un S2, Lo que Lacan sabía.
Continúa Miller: esta lógica implica que los
miembros trabajen a partir de sus insignias y no de su falta
en ser. Corresponde al más-uno, no solamente obtener
la emergencia del efecto subjetivo en el cartel sino también
obtener correlativamente que los miembros de ese cartel tengan
estatuto de S1, incluso él mismo. Son significantes
amos que están al trabajo. La función del que
se presta al más-uno es hacer de tal modo que cada
miembro del cartel tenga su propio rasgo, hacer que cada uno
del enjambre entre con un rasgo propio, puesto en valor como
tal. Esta es la condición para un trabajo que produzca
un saber.
Una
clínica del cartel
Así como la Escuela es un sujeto que puede ser analizado
(así es que Lacan designó a los que atraviesan
la experiencia del pase: Analistas de la Escuela), el cartel
que ha logrado una producción de saber (es decir, no
mera repetición sino saber con algo de novedad) muestra
que se ha insertado allí el efecto de sujeto.
Una clínica del cartel es posible a partir de las precisiones
que da Miller.
En lugar de ese efecto sujeto insertado por el más-uno
que corresponde al discurso histérico y que posibilita
la producción, podemos por ejemplo encontrar por todo
resultado "algo que no se puede decir", como signo
de que ha habido un amo al principio.
Si los participantes "hacen el tonto", el más
uno ha sido tomado como analista.
Y las famosas "crisis de cartel" indican que se
ha partido de un saber constituído que se trataría
de adquirir con el más-uno, vale decir, en el discurso
universitario.
Vemos así ubicarse los tres desvíos respecto
al efecto que se espera en el cartel, el efecto de sujeto
y su correlato de producción.
Esta clínica del cartel interroga no sólo a
quien se preste a la función de más uno sino
también a qué es aquello que es puesto en el
lugar de agente por cada uno de los cartelizantes, y por el
cartel en su faz colectiva. Pero no se trata de idealizar
al cartel, se trata de poner a cielo abierto (como dirá
Lacan en un momento más avanzado de su enseñanza)
tanto las crisis de grupo como las producciones particulares.
Ambas, elaboraciones y crisis, enseñan. Y enseñan
en su tensión. Vale decir, el trabajo y su producción
deben ser valoradas, evaluadas en relación al lazo
mismo que se constituyó como su posibilidad. Creo que
es ésta la potencia, la faz instrumental más
valiosa del cartel, en tanto permite junto a las experiencias
singulares, el análisis del sujeto ligado colectivamente
a la Escuela.
Una clínica del cartel no significa descalificar a
los carteles que transitoriamente o permanentemente no funcionen
de acuerdo al discurso histérico, sino por el contrario,
considerar los distintos usos posibles y efectivos del cartel,
y ello con una orientación, que es la que puede verificarse
cuando hay verdadera elaboración.
La
Transferencia de Trabajo
La transferencia de trabajo, que no sólo se refiere
al cartel, es crucial en el fin de análisis. Se invierte
la proposición freudiana, el trabajo de la transferencia.
Al fin de análisis la transferencia con el analista
no se liquida sino que cae un resto.
¿Qué hacer con ese resto transferencial, residuo
de una análisis? La transferencia de trabajo es uno
de los destinos de la transferencia: de la transferencia al
analista a la transferencia con el psicoanálisis mismo.
Pase de trabajo.
Los lugares privilegiados de la transferencia de trabajo son,
nos dice Delgado, el Pase y el Control. Añadimos el
cartel, ya que retoma el artículo de Miller sobre las
cinco variaciones.
El lugar del no saber es central en la comunidad de Escuela,
en tanto que comunidad epistémica -según la
expresión de Samuel Basz(4). Los AE del pase tienen
una responsabilidad allí, y los carteles por su parte
tienen una orientación a ese mismo punto de no saber,
en tanto que la producción que se espera en el cartel
no sea mera repetición o acumulación, sino que
participe de lo novedad, de la innovación, de la invención.
Miller lo plantea de este modo: si del objeto a al sujeto
barrado hay trabajo de la transferencia en un psicoanálisis,
así prolongado en el cartel se vuelve trabajo de la
transferencia de trabajo.
El trabajo de transferencia La transferencia de trabajo
a
--------------- S ----------------- S1
Es la misma posición, nos dice, en la que Lacan se
ha mantenido en su enseñanza, incitando a saber pero
en posición de analizante, y no hablando más
que a partir de Freud.
Luego Miller se refiere a lo que sucede con los significantes-amo,
los S1, en un análisis: "Los significantes-amos
producidos en la experiencia analítica lo son en estatuto
de ruina, ... lo que escande un análisis son identificaciones
que "caen". No desaparecen todas pero el sujeto
hace al menos la experiencia de lo que, de su ser, no está
representado por los significantes amos".
Y Miller ubica en el cartel un modo de hacer con aquellos
significantes-amos caídos: "La única instancia
a trabajar para producir un saber son elementos identificados".
¿Podemos suponer que los elementos identificados con
que opera un cartel son entonces los caídos en un análisis?.
Lo dejo planteado como pregunta, ya que sostener esto nos
conduciría a la conveniencia de que los cartelizantes
sean también analizantes.
La actualidad del Cartel
El Cartel opera con las significantes-amos de las identificaciones.
¿Qué sucede cuando en nuestra época esos
significantes identificatorios muestran un gran espectro de
fallas, debilidades, inoperancia, nulidad?
En nuesta época -caracterizada como globalización,
posmodernidad, caída de los grandes relatos, capitalismo
tardío, declinación de la autoridad, goce generalizado-
el Amo tradicional ha dejado lugar a un amo más feroz,
el del discurso capitalista, con su pegamiento del sujeto
al objeto de consumo.
La histeria ha desaparecido de las categorías nosográficas
consensuadas mundialmente (DSM) y los tratamientos del cuerpo
en cortocircuito (drogas, dietas y ejercicios hasta la exhaución,
anorexia y bulimia, etc.) se imponen por la fascinación
de las figuras del goce distribuídas en los medios
masivos.
El saber de la Universidad se encuentra devaluado y empobrecido
por el liberalismo salvaje y su mercado de saberes.
La política nacional e internacional aparece casi enteramente
subordinada y corrupta al mercado, mientras éste muestra
cada vez más impunemente su voracidad feroz y segregativa,
devaluando a los sujetos al rango de desechos. Los efectos
de anomia y exlusión se extienden y multiplican.
¿Cómo hacer surgir los significantes amos con
los cuales operar?, ¿mantiene su eficacia la operación
del cartel con significantes-amos así degradados?
No serviría la nostalgia del padre ni salvar sus semblantes
a toda costa, tampoco encubrir la inconsistencia del saber
universitario, promover la infatuación de los analistas,
o reivindicar simplemente a la histeria en su goce. Entonces,
¿qué resta por hacer?
Así como Lacan ha indicado que el analista ha de estar
inexcusablemente a la altura de su época, creo que
no se trata de esperar indefinidamente a que surjan subrogados
del padre, maestros, amos, o demandas de saber formalizados
para maniobrar en la transferencia.
Se trata de atender a la subjetividad allí donde se
halla, leer en lo que se sustrae, escuchar aún el silencio,
señalar las huellas de goce.
El cartel nunca podría ocupar el lugar de un análisis,
pero sí puede remitir al atractivo de lo que Lacan
sabía, y hacer surgir por esta vía los modos
de goce en que cada quien se halla involucrado, insignias
ligadas a las modalidades de goce contemporáneas.
Lacan como analizante y como analista sabía hacer con
las figuras de goce de su auditorio. Hasta llegar a avergonzar.
Al final del Seminario 17 Lacan decía a su público
"lo que hago sobre ustedes es que les hago avergonzar"(5).
Como cuando los estudiantes lo interpelan en pleno 68', y
les responde "Ustedes en Vincennes están desempeñando
la función de los ilotas de este régimen. El
régimen los muestra y dice: 'Miradlos gozar'".
Eric Laurent, en "Lacan y los discursos"(6), nos
dice que Lacan puede hacer surgir las figuras del goce de
su asamblea.
Hacer surgir las figuras de goce con las que a la vez se encubre
y descubre el malestar actual, también posibilita incidir
en ellas, ya sea uno por uno o colectivamente.
Y es una manera de que la Escuela, y el cartel como uno de
sus dispositivos más elaborados, hagan verdaderamente
de "refugio ante el malestar en la cultura", como
Lacan lo avizoró y lo sostuvo.
Creo que de hecho la Escuela y el cartel lo vienen haciendo,
y que esto podemos verificarlo y evaluarlo.
Notas:
LACAN, Jacques. "Acto de Fundación", en Anuario
y textos estatutarios. Escuela de la Orientación Lacaniana
2001-2002, Bs. As.
2 MILLER, Jacques-Alain. "Cinco variaciones sobre el
tema de la 'elaboración provocada'", en El Cartel
en el Campo Freudiano, Eolia, Bs. As. (sin datos de fecha).
3 DELGADO, Osvaldo. "Transferencia de trabajo",
en El Caldero 88, EOL, Bs.As., Dic. 2001/Ene. 2002.
4 BASZ, Samuel. "Hacia una comunidad epistémica",
en El Caledro nº 57, EOL, Bs.As., Nov-Dic. 1977.
5 LACAN, Jacques, El Seminario 17. El reverso del psicoanálisis,
Paidós, Bs. As., 1992
6 LAURENT, Eric. "Lacan y los discursos", en Lacan
y los discursos, Manantial, Bs.As.
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