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5. DEL MAS-UNO Y LOS NO MAS-UNO
Jorge Yunis

Voy a tomar el ya clásico trabajo de Jacques Alain Miller "Cinco variaciones sobre el tema de "La elaboración provocada " para exponerles algunas reflexiones que he extraído a partir del mismo.
Tal intervención de Miller (en una reunión de carteles en L'Ecole) tiene como eje el tratamiento que J. Lacan da a los discursos -tanto el Seminario XVII como en otros aportes- y por tanto habrá que remitirse necesariamente a ellos.
Obviamente el cartel surge con propósitos de saber. Y esto no va de suyo. El entusiasmo por el saber -el amor al saber- encubre un nada quiero saber. Es necesario un franqueamiento, cierto empuje, para que la pasión de la ignorancia mute en ignorancia productiva y advenga cierta elaboración de saber.-
Para generar este movimiento -dada la inercia que tiende a la pereza- es necesario que en el cartel, como dispositivo de saber, la función del mas uno implique la posición de agente provocador.
Me referiré entonces sólo a algunos puntos que se imponen como esenciales -a partir de dicho artículo- para despejar la estructura del cartel y la tarea del mas uno.

Tomando los cuatro discursos, Jacques A. Miller introduce términos nuevos; ellos son:

Provocación
Evocación
Elaboración
Producción

Si a esta configuración le conferimos la cualidad de responder al discurso histérico -y ya veremos el por qué-, podemos, rotando un cuarto de giro, obtener así la de los otros discursos:

Elaboración
Provocación

Producción
Evocación
Producción
Elaboración
Evocación
Provocación
Evocación
Producción
Provocación
Elaboración
Discurso del Amo Discurso Universitario Discurso Psicoanalítico

Si identificamos la función del mas uno con la del agente, trataremos de despejar qué sucede en cada una de las variaciones.
La pregunta que se hace J.A.Miller es la siguiente: "Tiene, desde luego (el mas uno) a su cargo una dirección, y creo que no debería causar ninguna dificultad situarlo en el lugar del agente; este cargo, ¿cómo ejercerlo?" .
Veremos qué implica -y sus consecuencias- si situamos al mas uno como Amo, Universitario o Analista.

-a- Situado como Amo, observamos que el amo manda al otro a que produzca. Pero, ¿que produzca qué?
El amo nada quiere saber de aquello que lo provoca (es decir, lo que queda rechazado bajo la barra). Su labor está dirigida a que otros trabajen produciendo una pura evocación del saber que ya está en juego. Es decir, impotencia de acceder a un plus de saber y, en consecuencia, mera repetición de lo ya sabido.
Tenemos entonces, como síntesis, que se acalla toda provocación de la elaboración y sólo se busca reiterar lo que ya se sabe, es decir, evocar.
El amo nada quiere saber de lo que no se sabe. La ética del discurso del amo -en este ámbito del saber- no difiere de la más conocida referida al gobernar: "...la posición del poder, cualquiera sea, en toda circunstancia, en toda incidencia, histórica o no, siempre fue la misma".
¿Qué proclama Alejandro llegando a Persépolis al igual que Hitler llegando a París?. Poco importa el preámbulo -'He venido a liberarlos de esto o de aquello'-. Lo esencial es lo siguiente -'Continúen trabajando. Que el trabajo no se detenga'-. Lo que quiere decir -'Que quede bien claro que en caso alguno es una ocasión para manifestar el más mínimo deseo'-" (Jacques Lacan - Seminario La ética del psicoanálisis).

-b- Situado como Universitario, puede observarse que el agente se identifica al saber constituído (S2), enmascarando la verdad del Amo (S1); es decir, a nivel de su verdad le es imposible no obedecer a este mandato: 'renuncia a toda elaboración'.
Toda pregunta por la verdad es acallada o diferida. Pone al otro a trabajar como mero objeto de evocación -de repetición o memorización- y ¿qué se produce?: provocadores impotentes de cualquier elaboración.
Produce la división subjetiva eludiendo toda posibilidad de elaboración: ninguno sabrá qué hacer con su ignorancia...salvo provocar la crisis del cartel.

-c- Situado como Analista, el agente se instala en el lugar de la evocación. Se identifica al objeto y la única elaboración posible es cierta destitución subjetiva de los demás integrantes. "Es la estructura del discurso analítico pero traspuesta al cartel, teniendo como único resultado la denuncia de algunos significantes amos, lo cual me parece muy escaso". (J.A.Miller " Cinco variaciones...")
Como se precia en el esquema, habrá elaboración de ciertos S1 pero lo que estará impedido en esta estructura -lo que queda bajo la barra del agente- es la producción de algún saber (S2).

-d- Pasamos ahora al Discurso Histérico, aquel del que partimos.
Según J.A. Miller "...la estructura que responde mejor a mi experiencia del cartel es la del discurso histérico". ("Cinco variaciones...")
Es decir, es condición necesaria para acceder a la producción de saber el que el agente -el mas uno- esté allí como Sujeto dividido.
Aquí Miller plantea que el mas uno tiene una tarea, es decir, también trabaja. Y si trabaja es porque el a, aquello que lo causa, ya no está encubierto o excluido bajo la barra.
Evacúa por tanto al a de su lugar debajo de la barra y lo sitúa en posición de aquello que convoca al mas uno a su función de provocador. Lo llama 'el atractivo', que no es sino ese polo de atracción (en nuestro caso los saberes de Freud, Lacan, etc.) que lleva al sujeto provocador a intentar desplegar y acrecentar dicho saber.
Por tanto el mas uno, si bien actúa a la manera del discurso histérico, no debe actuar encubriendo -apegándose al lustre de ser elegido para tal función- la causa que lo convoca a trabajar.
El mas uno encarna así la división entre el saber y el no saber, no saber que lleva a la pregunta, a la investigación y a la posibilidad de elaborar alguna producción novedosa en relación a lo sabido. "Esto me lleva a aclarar el término de mas uno con el de menos uno: el mas uno no se añade al cartel más que descompletándolo". ("Cinco variaciones...")
Es decir, como está implícito en la creación del dispositivo del cartel por parte de Jacques Lacan, el mas uno tiene a su cargo actuar para disolver la tendencia a la completud y al pegoteo.
Por otro lado, al caracterizar la composición de los integrantes del cartel como el enjambre, se explicita que allí cada uno debe estar a partir de sus insignias, de su singularidad, de sus propios rasgos, es decir, de aquello que lo diferencia. Esta es la condición para que pueda realizarse un trabajo en equipo.
En síntesis, la estructura del discurso histérico es la que mejor se aviene para que la elaboración sea provocada y se acceda a una producción; mientras la evocación -ya no encubierta bajo la barra del agente- actuará a modo de empuje a la provocación.

En base a lo expuesto, podemos orientarnos respecto al tema -muchas veces problemático- de la elección del mas uno en el cartel. Tal enfoque permite obviar la paralizante disputa de si el mas uno se designa inmediatamente (para no descubrirlo, dicen algunos) o adviene tal (para no elegirlo, dicen otros). Ni la decisión prematura ni la postergación infructuosa.
Las fórmulas que han sido desplegadas no sólo permiten vislumbrar a qué resultados puede arribarse de acuerdo al mas uno elegido, sino que además, a posteriori, dadas determinadas consecuencias podemos deducir -o por lo menos investigar- qué mas uno se ha dado el cartel, y esto implica también: qué más uno se ha permitido.
Si, como plantea Lacan, de nuestra posición de sujetos somos siempre responsables, es importante entonces no rehuir la responsabilidad que cada uno de los integrantes ha tenido en el cartel.
Hay aquí una alternativa dialéctica entre la provocación y la elaboración que de ella se realice; es decir: de la elaboración provocada a la provocación elaborada.
Elección es un término que Jacques Lacan utiliza con alcance ético. Qué pueda hacer el enjambre con la provocación no escapa a ello. No debemos pasar por alto que el tiempo para comprender -propuesto en el escrito "El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada"- está en función de la relación lógica de reciprocidad: "...si bien en esta carrera tras la verdad no se está sino sólo, si bien no se es todos cuando se toca lo verdadero, ninguno sin embargo lo toca sino por los otros".-
Como dice J.A.Miller en El banquete de los analistas: "El cartel es una micro-sociedad. Formar -o invitar a que se formen- carteles es afirmar que, desde que existe la función de más uno, no nos corresponde negarla en nombre de nuestra buena voluntad, nuestros desiderata. Luego, trivialicémosla, hagamos montones de microsociedades, cada una con su más uno, el cual a partir de entonces no será tanto una persona como un lugar de estructura. Se puede, pues, prescindir del Nombre del padre con la condición de valerse de él: he aquí lo que muestra el cartel. Servirse del lugar estructural del Nombre del Padre, del al menos uno, es justamente lo que permite prescindir de él." (pg.142)

Bibliografía tomada de referencia
Miller, Jacques A. - "Cinco variaciones sobre el tema de 'la elaboración provocada' " - Cuadernos del Campo Freudiano nº 2 -Madrid, junio 1988