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12. La escuela del dispar convivium
Daniel De Greef

"El problema que se le presenta a un grupo analítico no es saber cómo se domesticará a los analistas, que serían los desechos-amos. El problema al que la Escuela ofrece una respuesta consiste en definir un grupo como un grupo no grupo, un lazo social no grupal, si es posible, sin la obscenidad imaginaria, lo que asegura la transmisión del psicoanálisis"
Jacques A. Miller "El Banquete de los Analistas", pág. 263


Se trata de dar cuenta -en la vida de la Escuela- de un pasaje singular que va de la dispersión a la disputatio, del desprecio a la dignidad de la crítica. Del dogma a la disputa por el desacuerdo, lo que nos remite a la interrogación sobre lo que es lo esencial en una Escuela.
Lo no universal del "todo para todos", sino el uno por uno, la manera que cada uno responde a lo real, y es lo que llamamos síntoma.
Eso no presupone -sin embargo- ni la autosuficiencia ni la indiferencia al grupo. Se cuenta en tanto existe inclusión en una comunidad de trabajo que pueda crear un aroma que denominamos "transferencia de trabajo". Un "Uno común" y una Comunidad de trabajo.
Si uno se autoriza no es sin los otros, esa es la lógica de la Escuela de la Orientación Lacaniana.
Se trata de la transferencia que se alimenta - en un grupo- del deseo. No un deseo cualquiera, sino el del analista, no del amigo, aunque también puede ser.
La ficción de una asociación es la de tratar a ese conjunto de personas que lo componen como a un individuo al cual se le podría interrogar y responde cuando se le cuentan los votos.
Lo cierto es que el psicoanálisis no localiza al sujeto ficticio en el mismo lugar, por eso es tan difícil hacer una asociación de psicoanálisis y reunir psicoanalistas.
Es por eso que podría pensarse en que cualquiera que se incluya en una asociación -como expresa Jacques A. Miller - podría decir: "soy miembro" o "soy corresponsal", ya que podríamos pensar que el fenómeno de la identificación no consigue captar totalmente lo que pasa en allí.
Jacques A. Miller dice que esa es la causa por la cual "es preciso introducir el factor pulsional que Freud indica como el término "eros", pero también lo que él designa con la expresión "affectio societatis", algo así como el objeto "a" de un conjunto.
Una manera práctica de decirlo sería que, más allá del discurso, lo importante es saber si nos entendemos, y que los aplausos signifiquen que la audiencia participa y da testimonio de cierto placer, hasta de cierto gozo...
Este objeto "a" tal podamos localizarlo en el vínculo mismo entre lo asociados, en una relación en el nivel de entender al modo de poder expresar que compartimos una cierta significación, un cierto sentido, más allá de un sentido del que nadie quede excluido.
"He aquí la estructura de la Escuela: $ que es igual a la del discurso analítico. es aquí la causa analítica, sin la cual la Escuela es impensable" (Jacques A. Miller "El Banquete de los analistas"- pág. 266)
El objeto "a" en una agrupación de psicoanalistas, por lo tanto, está presente en este "se entienden entre sí", bien diferente a la lógica religiosa que introduce el "se aman entre sí"
De tal manera esto, que deberíamos poder afirmar que podemos entendemos por "alusiones", lo que puede dar la sensación -hacia fuera- de una secta.
Es que siempre que exista ese lazo que Jacques A. Miller ha denominado como "affectio societatis", queda en evidencia ese objeto "a" entre sus integrantes y se produce ese efecto que se puede combatir, pero que nace del acuerdo mismo de los significantes, más allá de los sujetos, aunque es necesario aclarar, no sin el malentendido.
No advertirlo genera -justamente- dentro mismo de la agrupación el efecto secta, cuando el objeto "a" se hace extraño, no al nivel del significante sino en el de sus efectos entre sus miembros.
Es en este punto cuando el "affectio societatits" puede hacer un giro hacia una forma familiar,. Cuando son personas que se ven frecuentemente, que se escuchan unos a otros, el vínculo se carga de afectos y sentimientos positivos y ("senti-miente") negativos.
Sabemos que toda asociación porta algo de la lógica del "para todos", que funda categorías ("todos los que hacen esto", "todos los que se dedican a lo otro...")
Precisamente el "affectio societatis" introduce allí un elemento suplementario que indica la falta que yace en el universal.
Es por eso que debemos estar atentos a la palabra "eros" empleada por Freud: quiere decir que él mismo pensaba que aquello que pasa en un grupo debe ser entendido a nivel de la pulsión y no solamente a nivel del discurso, dando cuenta -de esta manera- de la identificación.
Cuando alguien se hace excepción confunde la lógica que motoriza el vínculo con el otro y cae en el menosprecio y hasta el desprecio, porque no entiende la dignidad de lo que hace en conjunto, es decir, no ha podido entender que se trata de juntarnos para darnos en psicoanálisis los instrumentos de trabajo, para "convocar-nos", para discutir con el otro, en tanto ello implique esa crítica que pone en crisis los significantes que siempre aluden al malentendido, y no al objeto "a" que nos reúne precisamente a su alrededor.
Se trata de no olvidar el vínculo social que constituye una relación analítica, ni desconocer en psicoanálisis el valor de estar juntos.
Para eso es preciso soportar al otro, al semejante, al rival, a aquel que siempre está dispuesto -por su actitud o su rasgo- a robar lugares y hacer semblante.
Se trata de hacer de la rivalidad, ese rasgo propio e inevitable de una Escuela, un efecto que provoque, que genere una crisis, que deberá ser tramitada no por la crítica que destituye, sino por la que hace crisis en uno y en otros, hasta el punto de tomar esa posición inherente al neurótico, el cual se descuenta. Esta posición de excluirse también tiene su dignidad, por ser materia a partir de la cual se hace un analista. J. Lacan habla de la "pasión de la ignorancia", una pasión estructural, en tanto es el efecto de que el habla no sabe o que dice.
Se trata de ocupar el SsS, un semblante, ya que quien dentro de la Escuela cree saber lo que dice no sabe lo que dice, ocupando -ahí mismo- el lugar de la impostura.
Ciertamente el psicoanálisis no desconoce la dignidad de lo que se hace en conjunto, aunque sabe que el psicoanálisis se hace en soledad, y todos los analistas siempre nos cuidamos de la colectivización tanto en el dispositivo analítico como en la enseñanza, donde rige la lógica del "por cuenta y a riesgo propio".
Tal vez por eso los que tenemos una relación con el psicoanálisis albergamos ciertas dudas y prevenciones sobre la "affectio societatis", porque sabemos de la pulsión de muerte y del estadio del espejo y que la "affectio societatis" puede ser una mera ficción del derecho legal, sin incidencias en la práctica cotidiana.
Es decir, un imaginario sin consecuencias que no sean las nefastas, ya que sabemos -por Lacan- que en el nivel imaginario el uno no es compatible con el otro, y a este nivel la relación típica entre los seres humanos no es precisamente el contrato sino el asesinato: o tú o yo, o "yo o los demás"...
Sin embargo Lacan, al hablar de la Escuela, invita a los analistas a ser buenos compañeros (texto de la época de la creación de la Escuela publicado en "Ornicar?"), ya que tener estatutos no es suficiente para una institución. La misma expresión "affectio societatis" indica que hay algo (un "afecto", un "entre") paralelamente a lo imaginario y a lo simbólico.
Lacan retorna a las pasiones del sujeto humano en su vejez. En 1973 reclama "reconsiderar el afecto" ("El Curso de las pasiones" - Germán García)
Tal como lo expresa Aníbal Lesserre en "El estatuto del Otro en la conversación" (Publicado en el "Más Uno"(Agosto/2001) "la conversación circunscribe una herramienta para entendernos y desarrollar políticas del psicoanálisis, es decir, políticas que tengan que ver con el deseo del analista. Pero a su vez, no nos justifiquemos con el malentendido cuando se trata de responsabilidades consecuentes con el deseo del analista, es decir, con el horizontes del psicoanálisis".
La queja no suele responder por sus decisiones, y si no se accede al estatuto de la conversación solo queda al nivel de una crítica imaginaria, que no hace sino llenar de sentido lo que tiene como misión vaciar a una Escuela de sentido para producir, y producir con otros.
Jacques A. Miller - a su vez- tiene una expresión que tal vez podamos definirla como muy criolla: "los analistas deberían sentarse -por ejemplo- uno al lado del otro sin tratar de robarse la billetera; comportarse como buenos vecinos que, en las asambleas, en lugar de decir "Ud. está diciendo estupideces"... digan: "yo disiento en parte con Ud...."
Una crítica se hace digna -pues- cuando lo que se relativiza tiene una causa que no es precisamente la imaginaria, sino que se inscribe en el deseo de cada uno de sostener ese "objeto a" como causa del deseo de todos, soportando ahí mismo el malentendido que introduce invariablemente el universo de los significantes.
En "El aparato de psicoanalizar" (Revista "Quarto N° 64, traducción al español en "Estudios de Psicoanálisis" N° 4) Jacques A. Miller expresa: "Para entendernos hay que compartir una práctica y una forma de vida. De aquí el acento que pudo poner Lacan sobre la Escuela y la comunidad de los analistas, que es una solución pragmática a la disyunción entre el sentido y lo real, entre el significante y el significado. Es en la acción y en la práctica donde será susceptible de resolverse"
Se trata de ir de la dispersión al desacuerdo y no al revés, según las palabras de J.A. Miller: "Me preocupa la dispersión, el desacuerdo entre analistas está. ("El Banquete de los Analistas" pág 148) como tampoco hacer una serie al estilo del ajuste de cuentas, aunque de allí se suponga la extracción de un saber o la consistencia de un esclarecimiento, ya que "la única cuenta de ajustar es la que uno tiene con el psicoanálisis mismo" (J.A. Miller: "El Banquete e los Analistas" - pág. 25)
Es saludable el dispar convivium ("El banquete desigual" - Erasmo de Rótterdam)) no los pares que se reúnen a ocupar el lugar del amo. Si es así que lo sea para acotar el goce de la Escuela, no para alimentarlo.
Las pasiones del sujeto también instituyen transferencias. Escribe Miller: "Cuando siento venir o anunciarse un período de odio, propongo en su lugar un trabajo del saber a cielo abierto"..."y bien, ¡propongo la disputa a cielo abierto, en vez del odio en sordina!" (Idem. pág 193). La disputatio, no la crispación. Agrega: "¡La paz perpetua entre los analistas! No soy tan ingenuo..." "...Se percibe que la cuestión del amor no está para charlitas ligeras en el psicoanálisis, sino que se encuentra en el corazón del asunto" (idem pág 151)
Una Escuela pone en acto los dispositivos que la oxigenan cuando hay deposición del saber sobre el analista, cuando hay deseo de un trabajo decidido que promueve la transferencia y cuando el "affecto societatis" puede anudar a sus miembros, permitiendo -inclusive- los movimientos inevitables del semblante.
Por fin, para terminar desearía referirme al trabajo denominado "La Escuela dispar" (Del Documento "Por qué respira mal la AMP"). Allí Guy Trobas recuerda la expresión lacaniana: "Si no espero nada de las personas, sí espero algo (no todo) de su funcionamiento".

Daniel De Greef


Bibliografía

1) "El Banquete e los Analistas" - Jacques A. Miller
2) "Affectio societatis" - Exposición de J. A. Miller en la sesión de Fundación de la Sección Río de Janeiro de la Escuela de Psicoanálisis de la Campo Freudiano (28/4/1994)
3) "El Curso de la pasiones" - Curso de Germán García del 7/14/21 y 28 de enero de 1990
4) "Estatuto del otro en la conversación" - Aníbal Leserre ("Más uno")
5) "El aparato de psicoanalizar" - Jacques A. Miller - Quarto N° 4 - Est. De Psicoanálisis N° 4
6) "Por qué respira mal la AMP" - Documento de la AMP.