Cuerpos y miradas deseantes: el psicoanálisis en la diferencia entre pornografía y erotismo

Por Virginia Marta Thedy *

Hay erotismo allí donde el amor permite al goce condescender al deseo. El amor tiene una función de velo, en tanto envuelve, viste al cuerpo como objeto. Por eso, el psicoanálisis propone responder al imperio del goce, con el imperio de los semblantes, con los que se bordea esa nada, que tanto horroriza y que tiene un nombre: la muerte y el cuerpo.

En la actualidad, la mostración del cuerpo es moneda corriente. Partes del cuerpo de mujeres como de hombres son exaltados en el mundo mediático. Cuerpos esbeltos, musculosos, colas de mujeres, senos; sin imperfecciones, ideales. Es la eroticidad del cuerpo lo que se exhibe? O hay un uso de la mostración del cuerpo de manera obscena? Cabe distinguir que no es lo mismo la erótica que la pornografía.

Un film pornográfico está centrado en escenas sexuales. No hay una trama que cuente historias. Es una repetición de escenas donde se muestra el coito, desde diferentes tomas, posiciones. No hay un lazo entre los protagonistas, cada uno actúa y finge cómo goza de su cuerpo y del cuerpo del otro.

Diferente de un film que podemos calificar de erótico, en el cual se tejen historias de amor, diálogos, malentendidos. Las escenas sexuales remiten a historias de amor, donde son imprescindibles las palabras amorosas. Lacan nos decía que no hay que confundir el acto sexual con hacer el amor, aludiendo a la poesía en tanto se hace el amor con palabras.

Tomemos el piropo, que tanto gusta a las mujeres. El piropo resalta el brillo, la belleza de manera lateral, viste el cuerpo de modo metafórico, diferente de la grosería que desnuda el cuerpo y apunta a lo obsceno.

Hay erotismo allí donde el amor permite al goce condescender al deseo. El amor tiene una función de velo, en tanto envuelve, viste al cuerpo como objeto.

La publicidad, el cine porno, algunos programas televisivos sensacionalistas, hacen uso del cuerpo desprovisto de la envoltura de los semblantes, haciendo creer que eso es tener un cuerpo.

El psicoanálisis diferencia «tener un cuerpo» de «ser un cuerpo», tenemos un cuerpo en tanto somos seres hablantes. En la época actual la publicidad y el mercado promueven de manera tiránica la inflación de la imagen.

No es oponerse a los avances que en el siglo XXI ha producido la ciencia aliada con la biotecnología y sus consecuencias en la cosmética. Sobre este tema, Jorge Castillo habla del buen uso de una suerte de ortopedia que permitiría reconocernos en la mirada del otro. La cosmética ayuda a la identificación. Agrega: la cosmética puede también servir para hacerse pasar por lo que uno no es o para escabullirse sin ser visto. Para engañar al otro, para causar su deseo, su ira o su temor. Se trata de una satisfacción ligada a la imagen del cuerpo que la cosmética puede ayudar a dialectizar, a entrar en el juego significante, haciendo signo de las marcas en ese cuerpo. La estética está presente en el arte en sus diferentes expresiones: pintura, grabados, escultura, cine, fotografía.

En un texto de 1915 Freud escribe sobre la guerra y la muerte, cerrando su escrito con estas palabras: «Si quieres soportar la vida, prepárate para la muerte». El empuje al goce en el siglo XXI determina esa particular relación de los sujetos con su cuerpo, inflado en un delirio de inmortalidad, que no prepara para la muerte, sino que la rechaza. Asistimos a la escucha de muchos sujetos afectados en sus cuerpos, que arrastran su vida cargándola con el peso de un cuerpo separado del deseo y el amor.

Lacan, en uno de sus seminarios, recomienda la lectura de El imperio de los signos, de Roland Barthes, dedicado al estudio de la cultura japonesa, su escritura y el teatro de marionetas llamado bunraku. Lacan comenta: «Es sin duda lo que le ha dado a Roland Barthes ese sentimiento exaltado de que con todas sus maneras el sujeto japonés no hace envoltura de nada». El Imperio de los signos, titula él su ensayo, queriendo decir: imperio de los semblantes.

Entonces, lo que propongo desde nuestro lugar de psicoanalistas es responder al imperio del goce con el imperio de los semblantes. Es con los semblantes que se bordea esa nada, que tanto horroriza y que tiene un nombre: la muerte y el cuerpo.

* Psicoanalista. Miembro Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Fragmento. Publicado en Aperiódico Psicoanalítico N 11.

Publicado por: Rosario/12