El imperativo superyoico de gozar: los cuerpos sexuados de la hipermodernidad

Por Rolando G. Gianzone*

Los seres hablantes tienen un cuerpo. Se trata de un cuerpo vivo. El concepto analítico de la vida es definida por Lacan por el goce. El goce es entonces condición de un cuerpo vivo. Para Lacan el cuerpo en tanto uno es del orden de lo imaginario. Pero su tesis es de que al uno del cuerpo se lo atrapa a partir del significante y no de la naturaleza.

Freud demostró que en la sexualidad humana la anatomía no es el destino. El lenguaje opone un obstáculo a la relación sexual, al confrontar a los seres humanos con el goce como un real específico.

Con Lacan hablamos de sexuación, teoría que se construye a partir de tres momentos lógicos articulados alrededor de la función fálica.

Cada sexo se ubica en relación a un solo significante, el falo, como principio sexual en el inconsciente. La elección del sexo se da no sólo por la biología y el medio ambiente simbólico y social, sino fundamentalmente por una decisión del sujeto que Lacan define como forzada.

El sexo se aborda en el inconsciente por medio del lenguaje, y no de la unión de los gametos sexuales. Los modos de goce se asientan en la decisión de ser hombre o mujer. La experiencia clínica demuestra que esta teoría es más rigurosa y coherente que la oposición de lo innato y lo adquirido. Los casos de sujetos a quienes su entorno declaró de un sexo y más tarde de otro se ajustan y ponen a prueba esta teoría.

El discurso de la ciencia encuentra un límite ante un real que le es heterogéneo, el espacio del goce de los cuerpos, desvinculado de los propósitos de la reproducción en el ser hablante.

El acto sexual no les permite a los sujetos hombre o mujer la subjetivación del sexo. Pensarse hombre o mujer a través del acoplamiento es puramente imaginario, no determina su ser sexuado.

Los sujetos transexuales, el travestismo o las identificaciones normativas pueden encontrar en el psicoanálisis alternativas diferentes que una cirugía mutiladora u otro modo de pasaje al acto.

El psicoanálisis se enfrenta en este siglo XXI a nuevos desafíos clínicos que determinan una conmoción cultural inédita que llamaremos «hipermodernidad», término que Gilles Lipovetsky acuña para definir la época.

Un nuevo proceso de personalización de las costumbres: consumo masificado, flexibilidad en la información, estimulación de las necesidades, del sexo y una exaltación del culto a lo natural, la cordialidad y el sentido del humor.

El nombre del padre ha dejado de ser el significante que anuda el orden simbólico del siglo XXI. El significante de la época se traduce por el imperativo superyoico ¡Goza!, discurso que no pasa por la palabra, sino por las fórmulas científicas y la cifra de la evaluación.

Esta sociedad quiere vivir aquí y ahora. Predomina el individualismo. No tiene ídolos ni tabúes, está regida por el vacío. La nueva era de consumo termina produciendo el consumo de la propia existencia.

Estos temas y su correlación clínica, serán abordados en un curso anual que se dictará en la Sección Rosario de la EOL. Comenzará el lunes 11 de abril y continuará los primeros lunes de cada mes.

Publicado por: Rosario/12