Elegir ser mujer en el Siglo XXI

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Por Marcela Errecondo

¿Qué podemos decir de las mujeres del siglo XXI que no se haya dicho de las mujeres en otras épocas? Sin duda hay una gran participación en todos aspectos de la vida civil, laboral, política, cultural de la sociedad occidental. Pero lo que me parece que se podría señalar es que en este siglo se puede elegir el sexo, se puede elegir ser mujer, en tanto se puede elegir el sexo.

Aquellos que no teniendo órganos femeninos y se sientan mujer pueden dirigirse a la ciencia ya que las nuevas legislaciones amparan la reasignación sexual disponiendo de lugares públicos para llevar adelante los tratamientos necesarios. Esto no estaba presente en el siglo pasado.

Hace un poco mas de dos años se difundió el caso de Gabriela, la mamá de un niño de 6 años que se siente niña. Dio a luz dos mellizos varones, pero uno de ellos – Manuel- al año y medio comenzó a hablar y dijo “Yo, nena”, “yo, princesa”. La madre escuchó esto al pie de la letra y a partir de aquí se desencadenó todo. Empezó a peregrinar por pediatras, neurólogos, psicólogos, buscando una respuesta. Su primer encuentro fue con un equipo conductista que le dijo que faltaba presencia paterna y que le tenía que decir que era un nene, además que le sacara la ropa de mujer. ”Fue un desastre. Mi hija vivía destrozada. Se escondía debajo de la cama, se ponía el cubrecestos del baño que tenía puntillas como pollera y pasaba horas encerrada en el baño. Cuando le sacaba la ropa femenina, yo sentía que le arrancaba la piel. Podía llorar horas.” El papá no lo podía tolerar y lo escondía cuando venían sus amigos. Finalmente abandona la familia.

Se dirige al hospital público en donde el equipo del hospital le explicó que “era una nena trans y que tenía que dejarla ser”.

A partir de ahí, “luego de llorar veinte días me dije: si quiere ser princesa, yo la voy a ayudar” y se decide a hacer todo y más también.

La madre sostenida y acompañada ha escrito a la Presidenta de la Nación para que interceda ante la negativa que tuvo en primera instancia. “Mi hija tiene derecho de ir a un lugar público y que le digan Lulú”, dice su mamá. “Haré, como madre, todo lo que esté a mi alcance y más para lograr que mi hija sea una persona insertada plenamente en la sociedad”, destacó. Dado que el 9 de mayo de 2012 entró en vigencia en Argentina la ley que garantiza el acceso pleno al derecho a la identidad para la población trans, ha logrado sus demandas convirtiéndose en el primer caso en el mundo en donde alguien tan pequeño ha obtenido un nuevo documento de identidad y la modificación de la partida de nacimiento sin ningún proceso judicial previo. Tendrá garantizado el tratamiento hormonal que le permita mas adelante someterse a una operación.

Lacan nos dice en el Seminario 19…O peor, que hombre y mujer son valores comunes en todo lenguaje porque son oposiciones de tipo lingüístico -se trata de una cuestión significante- por lo que todas las cosas se dicen de uno u otro género. Es seguro que hay una diferencia entre el hombre y la mujer, pero el psicoanálisis no sabe lo que son el hombre y la mujer como totalidad. Si bien hay una diferencia en cuanto a los rasgos y a las maneras de comportarse, ésta no está subjetivada de antemano. En este sentido, contradiciendo a Freud, la anatomía no es el destino. Pero fundamentalmente dice Lacan, la diferencia la hacen los otros que aplican los valores sexuales a cada uno, por ejemplo para el nene se le puede decir que es peleador y travieso y para la nena que es tímida pero coqueta. Lacan muestra como la pequeña diferencia no es el pene, sino la diferencia articulada al lenguaje. El órgano peniano  para poder ser un instrumento debe pasar por el desfiladero de los significantes. Al abordar la cuestión por el lado del significante, señala que el transexual quiere librarse del error común que es pensar que se es significado como chico o chica a partir del órgano, es decir tomar el pene por el significante y entonces cambiar el órgano. Sin embargo es a partir del falo que se significa el cuerpo y sus partes, la presencia o no de esa parte del cuerpo. Y Lacan señalaba que es a partir de la madre y como ella simbolice su deseo en el falo que el niño podrá servirse o no del falo para articular el goce del cuerpo. El transexual rechaza el significante y no el órgano pero cae en el error común de tomar el pene por el significante. La forclusión recae sobre el significante fálico tomándolo como algo real. En este sentido a falta del significante que le permita localizar el goce, el transexual quiere rechazar la zona erógena, sacar lo que lo angustia, la presencia del pene, eliminar la fuente de angustia y para eso se quiere operar para eliminar la fuente de goce. Trata de apuntar al órgano en vez de apuntar al significante, siendo el significante la causa del goce.

La madre relata a los medios:” Cuando aún era Manuel me decía que quería tener el pelo como las nenas, con hebillitas. Me decía que quería tener vagina, que no quería tener pito…  La psicóloga que la atendía en ese momento le imponía una terapia correctiva de reafirmación del género masculino. Yo tenía miedo de que se quisiera lastimar el pene. Se lo hundía hasta hacerlo desaparecer. Yo no sabía cómo explicarle que era una nena transexual. Un día me dijo: ‘Yo no soy un nene. Soy una nena y me llamo Lulú’. Tenía cuatro años recién cumplidos y pidió que la llamáramos Lulú, nos dijo que si no le decíamos así no nos iba a contestar”. “Yo pensé que era un juego, pero no, estaba determinada… Fue la segunda topadora que me pasó por encima. Ella solita se había elegido el nombre. ¿Sabe lo que es eso?”

Es interesante notar como en este caso se ve que este sujeto se ubica sin Otro, decide solo cómo debe ser llamada y dice que su cuerpo está equivocado. Se trata de una afirmación de entrada sin vacilaciones.

 

La madre relata que “cuando empezó a vestirse como nena y la llamamos Lulú, dejó de hacerse pis, cuando se ponía su traje de princesa se transformaba, era como si reviviera, como si su vida empezara a tener sentido. Cuando fue al jardín pensé que iba a tener vergüenza, pero entró como si se llevara el mundo por delante: fue muy fuerte y muy doloroso para mí. Hay que tener un corazón enorme, el pecho de acero… Las sirenas son su personaje favorito. Como se entristecía cuando veía que las muñecas que le regalaban no tenían pene como ella, yo le incorporé uno a cada una de sus barbies. Son barbies trans.”

 

*Marcela Errecondo miembro de la EOL Sección Rosario y AMP