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Clínica de la civilización.
Apuestas al lazo
“No hay clínica del sujeto sin clínica de la civilización”
Jacques-Alain Miller
Conferencia de apertura del ciclo (1)
“El cuerpo de la hipermodernidad”
María de los Angeles (Chiqui) Gonzalez (2)
“¿Dónde está la soberanía?” (3)
Graciela Musachi
Héctor Tarditti (4)
Comenzamos en la E.O.L. Sección Rosario las actividades del presente año. La actividad se llama “Clínica de la civilización. Apuestas al lazo”.
Este comienzo supone puntuar muy brevemente algunas cuestiones, y digo muy brevemente porque nuestras dos invitadas de hoy merecen ocupar todo el tiempo posible.
Las actividades de este año van a estar todas subsumidas bajo el título anunciado “Clínica de la civilización. Apuestas al lazo”, esto es, el trabajo de carteles, las noches clínicas y otras presentaciones, todas trabajando sobre ese eje.
Este eje tiene que ver, no exclusivamente, con el curso de Jacques-Alain Miller en conjunto con Eric Laurent, “El Otro que no existe y sus comités de ética”. Justamente hay un documento de trabajo, con una puntuación para orientarse ítem por ítem, por temática, y los lugares y las páginas donde van a encontrar cada temática en el Curso “El Otro que no existe y sus comités de ética”.
¿De qué se trata? Se trata justamente de la época, y precisamente por eso elegimos armar así la mesa: “Clínica de la civilización”. Se trata de ¿qué clínica para el psicoanálisis en esta época?, definir esto. Lo vamos a hacer durante el año, lo van a hacer también nuestras invitadas, pero se trata, por decir algo muy compacto y breve, ¿qué exigencias le podemos pedir a los psicoanalistas para estar a la altura de la época? De esto se tratan nuestras presentaciones de hoy, obviamente y de paso presento a nuestras invitadas, por una cuestión de cortesía a quien no pertenece a la E.O.L.: el nombre... María de los Ángeles González, ... Chiqui González, la flamante Secretaria de Cultura de la Municipalidad, la conocen es abogada, guionista de teatro, armadora del tríptico Ciudad de los Niños, Isla de los Inventos, etc..., a quien agradecemos la presencia. Ella nos va a hablar de El cuerpo en la hipermodernidad.
Desde la Escuela, también flamante Presidente del Consejo Estatutario de la E.O.L., es de Buenos Aires, pero nuestra Escuela es Una, Graciela Musachi que es A.M.E. de la E.O.L. y miembro de la A.M.P., Asociación Mundial de Psicoanálisis Tendría que decir su trayectoria, sus libros, en fin ... pero por la brevedad del tema están hechas las presentaciones.
Antes de pasarles la palabra, quiero decir que cuando me planteaba cómo articular un hecho práctico con esta presentación pude, creo yo, por ahora solucionar un problema que yo tenía a un obstáculo. Me planteaba cómo decir en esta época “Prohibido fumar” y “Apaguen los celulares”. Cómo decir esto en la época que no es la época del reino del padre, no es la época freudiana, no es la época donde lo prohibido regula, estamos en otra época, y se me ocurría este hecho práctico y pensaba ¿qué podemos decir los psicoanalistas de esto? La primera aproximación que se me ocurrió esta mañana, hay que perfeccionarla, la plantearía por el lado de, si en el goce de esos objetos técnicos, cada uno, digamos, se autoriza a hacerlo, bueno, los psicoanalistas tratamos de trabajar en la dirección de que puedan responsabilizarse de los efectos de los mismos. Debo confesar que todo esto todavía no me entra en un cartelito, es mucho más fácil el decir del amo que dice “prohibido fumar” y “apaguen los celulares”, pero se me ocurría como un ejemplo de cuestiones de la época. Bien, vamos a pasar la palabra a Chiqui González y luego a Graciela Musachi.
Chiqui González
Buenos días de sábado a la mañana gris. Tengo unos papeles aquí.
Primero quiero agradecerles mucho esta invitación, pero especialmente porque el tema convoca al debate y a la presencia que también es tan importante. Es un tema que nos atraviesa a todos, y a mí me atrapa particularmente y quiero más que saber qué decir, escuchar, más tal vez que opinar; pero dado que me han dado esta responsabilidad me gustaría primero repasar cosas que para muchos son obvias, pero las necesito un poco organizar para llegar al punto de este “Otro que no existe”, de este cuerpo baldón.
Hay un poema de Benedetti que dice: “tú no lindas con nadie, estás afuera, pobre de ti baldón, que no peligras”, repito: “tú no lindas con nadie, estás afuera”, de vos mismo ¿no?, “pobre de ti baldón, que no peligras”. Yo diría que si yo tuviera que ponerle un nombre a esta charla es “baldón”. Pero, aunque esto suene a retórica, a mí me interesa ubicarlo teóricamente, cuando hablamos de época... En ese debate no voy a entrar porque no tiene ningún sentido entrar, pero ustedes, para algunos más jóvenes, que tienen derecho, cada uno tiene derecho a sus propios recorridos y a sus propios estudios, van a encontrar mucha bibliografía hablando de los tiempos modernos.
Hoy, para hablar del Otro pulverizado, la gran primera polémica es teórica, si esto lo vemos con posiciones marxistas o post-marxistas de alguna manera estaríamos en un nuevo momento del capitalismo. Hay otras posiciones como la de Jameson, que son las llamadas posiciones pesadas o duras, que dicen que esta época que atravesamos de excesivo individualismo, del triunfo del mercado, del extremado poder financiero en algunas manos y de extremada exclusión, es una época de la post-modernidad. Podría ser la lógica del capitalismo tardío o avanzado, avanzado no en el sentido de su perfeccionamiento, sino en su perfeccionamiento en sus propios fines especulativos.
Entonces, para algunos, es una etapa de la modernidad porque las relaciones de producción han cambiado, pero no han cambiado como para decir que haya cambiado la lógica del capitalismo. Sin embargo la cuestión social de explotadores y explotados que fue el centro de la modernidad en el tema del trabajo, hoy bien podríamos decir que estamos entre excluidos e incluidos o en una gran situación de desigualdad que después veríamos, si cambia la cuestión social también cambiaron las relaciones de trabajo.
Para otros, entre los que yo me cuento por afinidad personal, no creo que sea por el problema ideológico, es discutirlo en cada uno de los campos, yo creo que estamos ante un gran y profundo movimiento cultural.
Kiewlowsky el gran director de cine, yo siempre lo digo, el director de la “La doble vida de Verónica”, el polaco de “Bleu”, “Rouge” y “Blanc”, murió a los 54 años y su ayudante le hizo un documental antes de morir. En el último momento del documental, su ayudante, su asistente de toda la vida le pregunta: ¿vos creés que este es el Apocalipsis?, y él dice: “No, no, esto no es el Apocalipsis, ni es el fin de la historia real de los hombres, pero sí creo que los hombres van a encontrar en este momento del mundo una nueva visión de sí mismos, del tiempo y del espacio”. Creo profundamente en esa frase, y como siempre he trabajado en los campos culturales y creo que la cultura es esa red de representaciones, de simbolizaciones que nos mediatiza y nos hace construir una idea de mundo, creo que en esos términos, en términos de movimiento mundial cultural. Estamos en una época o momento distinto. Entonces, para sintetizar, o modernos tardíos, lógica de los modernos tardíos, o movimiento cultural que pone en crisis el cuerpo, el tiempo, el espacio y la energía. Se sabe que cuerpo, tiempo, espacio y energía, de alguna manera son las grandes claves para pensar qué es un hombre o una sociedad.
Dicho sea esto rápidamente, creo que aunque parezca tapa de revista para mí no lo es, si uno entra a profundizar en cada uno de los campos, yo no sé si hay finales pero sí sé que hay crisis. Soy abogada, digo esto para decir porqué me interesa tanto esa parte ¿no? No la abogacía, lo creo realmente ya que hace 30 días que soy Secretaria de Cultura. Lo creo cada día de mi vida más, que está en una profunda crisis el Estado-Nación, esto quiere decir, para los que no están imbuidos de qué significa esto, que el pacto social de Rousseau está para mí hecho pelota, está destruido, esto los gobernantes no lo dicen y no me autorizarían a decirlo.
Las teorías pactistas dijeron que la soberanía del hombre sobre su propio cuerpo y sobre su destino estaba delegada en ciertas autoridades. Por más que haya votaciones, que haya reparaciones, que se hable de un Estado, nuevo Estado, transparente, de una democracia no representativa sino participativa, estamos en una especie de insatisfacción asamblearia general donde no podemos negar que no se sabe donde está la soberanía.
Por otra parte, las simbolizaciones de la soberanía han cambiado y ese Estado protector, o el Estado benefactor, que acá en la Argentina lo pudieron ver con Irigoyen y Perón, ese Estado de la asistencia social también ha desaparecido. Ese Estado de alguna manera te daba, como dice Bauman, un documento de identidad, te decía esta es tu patria, tu territorio, te daba una bandera y si tenías suerte, una posibilidad de votar.
Aunque hay un avivamiento profundo del patriotismo y tiene sus razones de ser, esta crisis del Estado-Nación ha generado una verdadera crisis de lo colectivo. Ustedes lo saben, no sólo de lo colectivo Pueblo-Nación, sino de lo colectivo del “entre-nosotros”. Creo profundamente, si ustedes hablan del lazo y yo del baldón, que el problema es el “entre”.
Diego Velásquez cuando pintaba Las Meninas, y esto no es una anécdota de revista hay una investigación profunda sobre Velásquez, pintaba, se pintaba, pintaba el cuadro, adentro del cuadro y la ventana, adentro de la ventana del cuadro de la habitación cuadrada donde alguien... él, miraba como lo miraban, como la Infanta miraba a su perro y su perro miraba a quien lo miraba. Le preguntaron a Velásquez ¿porqué la Infanta, porqué la enana, porqué algo tan siniestro para hablar de la corte? Supongo que él habrá tenido otras razones, pero él contestó: “Yo nunca pinto lo que ustedes dicen que pinto, yo lo único que quise pintar es el aire que hay entre ellos”. Esto a mí me ha servido mucho para explicar el “entre”, desde un lugar cultural no psicoanalítico, que me apasiona, que leo pero no lo conozco, no tengo solvencia sobre eso.
Creo que está en crisis, no solamente lo colectivo, como cuando uno dice lo colectivo y van masas humanas a cortar las rutas. También hay reavivamiento de ciertas violencias o de ciertos actos colectivos muy fuertes y hay que reconocerlo a esto, pero lo que está profundamente en crisis y se ve menos es la existencia del Otro. Sobre todo el “entre Yo y el Otro”, pero no solamente el “entre Yo y el Otro” sino el “entre Yo y mi cuerpo”, “Yo y la valija que llevo de mi mismo, y la imagen que tengo de mí mismo”. Esto en la antropología del cuerpo, André Le Breton, cosa que comparto completamente, dice que nosotros somos un cuerpo o portamos un cuerpo y hay que decidirse en esta historia del racionalismo del cuerpo y mente. En esta historia que es fundante de occidente, algo impensable para nosotros si no cambiamos fuertemente nuestro pensamiento.
Hay materias para el cuerpo, hay materias para la mente, después con respecto a la noción del sujeto que ustedes la darán muchísimo mejor que yo, pero de alguna manera vengo sosteniendo hace mucho tiempo y hay muchos autores que también lo sostienen, que el cuerpo como entidad, como categoría teórica, es un resto epistemológico.
Si uno fue maestra sabe que uno no puede decir: “el niño es cuerpo”, tiene que diferenciarlo de lo biológico. Tiene que empezar a explicar: Mirá, cuando decimos cuerpo, es cuerpo, sus representaciones, imágenes, procedimientos, es el lenguaje incorporado al cuerpo, porque la palabra, la voz y la categoría también es cuerpo y el cerebro lo que lo posibilita”. El cuerpo no es lo biológico para nosotros, el cuerpo es lo social, el cuerpo es la representación simbólica incorporada o no incorporada, el cuerpo tiene variantes genéticas donde hasta se incorporan representaciones que no fueron de nuestra etapa de vida.
El problema difícil, y sé que teóricamente habría que discutirlo, creo que el cuerpo no nombra al hombre, que somos portadores de un cuerpo. Pero hay un punto donde nos podemos poner de acuerdo, vos tenés que poner una planificación yo quiero un chico bio-psico-social-lingüístico-cultural, si vos tenés que poner eso tenés un hombre pulverizado hace muchos años. Primero pulverizado como concepto, y nosotros no somos lo que somos, somos lo que somos y la mediación del mundo que tenemos.
Hannah Arendt, de los años 50 ya decía que lo más terrible de la sociedad de masas no es el anonimato, ni la desocupación, ni la falta de trabajo, lo más terrible es que el mundo construido, el mundo no es la naturaleza sino el conjunto de sistemas de representación-justificación-creencias éticas y morales. Ese conjunto de miradas que nos intermedia para abrazar o no al mundo y yo diría al Otro y a nuestro propio cuerpo, ese mundo, dice Hannah Arendt, ha dejado de tener sentido y ha dejado de encontrar algunos dispositivos para unirnos, para relacionarnos, para darnos sentido.
Por eso digo que la crisis del Estado-Nación da lugar a una identidad y que esta identidad está en crisis. Hay identidades silvestres como dice Bauman, los que se van a las afueras para encerrarse entre algunos, y esto es irónico pero de alguna manera cada uno se va o se salva como puede. Tampoco tengo una justificación igualitaria de todo, hay identidades supuestamente excluidas como únicas, hay toda una sociedad que privilegia la exclusión creyéndose incluido y en realidad está excluyendo y excluyéndose y a la vez está excluido de muchas cosas. Es como una cadena, nadie puede excluir sin tener una cadena tremenda de exclusiones.
Hay una identidad de baldón, de estar sacado de uno mismo. Hay un cuerpo que de alguna manera se separó en algún momento, que no era idílico tampoco por sus relaciones de trabajo, pero se desató del cosmos, y hay mucha gente tratando de hacer todo tipo de dispositivos para poder volver a unir su cuerpo y el de sus hijos al cosmos, pero fue separado de una visión holística. Luego fue separado del Otro, la propia revolución industrial no estoy hablando de ahora, de una especie de competencia individualista donde la existencia del mercado es por sí mismo la separación de un cuerpo del otro cuerpo por más que nosotros tengamos el amor y otras cosas que creamos que nos unen. Pero esto no es de ahora, esto es siglo XVII y XVIII, estamos enfrentados a ver algo que nos parece metafórico y siempre lo metafórico tiene mucha razón. Es metafórico pero también es casi literal, estamos enfrentados a las pulverizaciones del “nosotros mismos”.
Barthes dice que la pregunta que moviliza todo el lenguaje es la pregunta ¿quién soy? Soy una mujer, soy una madre. Están las identidades laborales quebradas, lo cual muchas veces hace que antes un hombre de un barrio, era el “mecánico de barrio”, aunque tuviera muchas otras identidades, si tuviera un amante y una mujer, si fuera padre y jugara al fútbol y fuera apasionado en tal cosa, era el “mecánico de barrio”, se lo re-conocía.
La falta de identidad trae un problema terrible de re-conocimiento, que todo el mundo por todas partes en todas las oficinas, en tu casa, con los hijos, nadie se siente re-conocido porque es natural que así sea, perdón la palabra natural, si no es conocido el Otro ¿cómo va a ser re-conocido? El problema es “quiero que me re-conozcan, en lo laboral, en lo que hago”.
El Otro no es parte de tu mirada. Ayer a Estela de Carlotto le preguntaban en televisión” ¿Por qué fue usted la portadora, la portavoz de todo este movimiento?”. Ella muy humilde hablaba de su situación, de las otras madres, compartía con lo colectivo todo pero dijo algo que a mí me conmocionó, a la una de la mañana, a la hora que veo televisión, ella dijo: “Porque yo en cada lugar que voy miro a los ojos al otro y me adapto y voy entrando en una relación con el que me está mirando y no pierdo la lentitud para contestarle y para oír, hasta que él termine yo no contesto”. Esto que la población dirá “una cosa más dulce de Estela de Carlotto”, es verdaderamente una genialidad. Estuve muchas veces con ella y daba impresión que ella no era por cortesía que te miraba a los ojos y te preguntaba cosas, cosas que parecían interesarle, no era para que vos lanzaras tu ego y se pasara la tarde y chau. Pero ese juego ¿por qué tiene ese color?’.
Entonces hablaba de la crisis del Estado-Nación con su conllevada crisis de identidades, tremenda crisis de identidades. La crisis de identidades trae por consecuencia muchas salidas diferentes. Las identidades de verdaderos organismos que son para mi entender, perdonen la palabra, narcisísticos, que son como un uno múltiple, “las mujeres que amaron demasiado”, que son instituciones espejo donde todos pasaron por el mismo mal. Son instituciones donde yo soy capaz de llevar la lucha de las lesbianas, pero también sostengo las luchas de los judíos, y de los negros y de los pobres chicos que no tienen donde ir, de los derechos humanos. Es una cosa en donde yo tengo que ver mi tragedia en tu tragedia. No quiero hablar con frivolidad de esto porque en algunos casos la tragedia de un par que pudo pasar por lo mismo creo que debe servir muchísimo, pero yo estoy hablando de esta proliferación de entidades especulares donde todos somos el mismo en el espejo. Es otra duplicación, en definitiva lo que dice Kiewlowsky “la doble vida de Verónica”, el doble es el otro que sufrió como vos, el doble es tu cuerpo que lo llevás como peso, como peso literal y metafórico.
Tuve una hija con un episodio anoréxico y yo había trabajado desde la cultura con grupos anoréxicos y con psicoanalistas verdaderamente buenos, hasta que vi en mi casa de qué se trataba. Yo había hecho mucho eje en los modelos culturales, en las relaciones vinculares con la madre, todo lo que me enseñaron lo aprendí, lo del peso, lo de la imagen que se miran en el espejo y creen que son otros, en realidad monstruosos, gordísimos, pero nunca había visto la incapacidad absoluta, el perfeccionismo platónico digamos, el profundo desprecio por el mundo sensible. Un perfeccionismo de idea perfecta que Platón hablaba en el mundo de las ideas. Mundo que no tenía peso ni cuerpo, porque el mundo sensible era un cuerpo a descartar donde anidaban las pasiones y los vicios y los deseos que no te permitían pensar irracionalmente. Lo digo simple, llegar al mundo perfecto de las ideas, en realidad nunca llegamos al mundo de las ideas, somos sombras del mundo de las ideas.
Yo, ahí, aunque quiera mezclar a mi hija con Platón vi lo que era querer el perfeccionismo del mundo de las ideas despreciando todo lo sensible, todo lo que tuviera que ver con comida, tocar, amar, hacer caca, pis. Todo lo sensible estaba negado, con lo cual no había mundo, no había manera de sostener a nadie al lado. Esto lo digo como ejemplo, no como testimonio para que lloremos todos, sino como ejemplo de cómo están ligadas las concepciones de mundo en las personas y como ciertas cuestiones que consideramos teóricas están en el corazón de nuestros nervios, en nuestra vida, nuestra panza, nuestro sexo, nuestra manera de mirar, no es una cuestión de los teóricos.
La crisis del cuerpo significaría también un cuerpo extremadamente marcado por la época sin que lo sepa, y esto Foucault, algunos no les gustará yo lo amo profundamente, no somos un cuerpo fabricado y modelado por el mercado como dice él, no, somos un cuerpo donde hay dispositivos del tiempo, del espacio, de la postura, de la forma en que yo parada o sentada hablo, leyendo o no leyendo, de la forma en que están puestas las sillas, digamos, la regulación del tiempo, del espacio, de la energía y la vigilancia y control del cuerpo es un verdadero diseño. Pero no es el diseño de que algunos se juntaron para diseñarnos un cuerpo, no hay un complot internacional para ganar más plata con los vaqueros, aunque ganan mucha plata con los vaqueros, pero yo ya no veo más la vida así. Creo que es más sutil que cuando vos perdés la noción del tiempo.
Voy rápido ahora.
La segunda gran crisis o gran final de estas postales posmodernas, que se las cito solamente porque sino voy a terminar las cinco o las seis, una es la crisis del Estado-Nación, con su conllevada multiplicidad asamblearia, pérdida de identidad, identidades fanáticas y fundamentalistas, un fundamentalismo enorme queriendo meterse dentro de un vacío, una asamblea que no siempre es justa.
En Cuba, a quien yo amo como pueblo y como proceso, vi una representación extraordinaria de “Un enemigo del pueblo”, de Henri Miller. En un momento dado, y es bien racionalista Henri Miller, no se podrá decir que estamos en una posición posmoderna, en un momento que a él le tiran piedras por tener contaminado un balneario y él es el médico del balneario y su hermano el intendente, y todo el pueblo como pierde el turismo lo apedrea y lo quiere echar o matar del pueblo, él dice: “Sí, soy un enemigo del pueblo, y no creo en las mayorías, las mayorías tienen razón solo cuando obran con razón”. Nunca me olvidaré esa frase, “las mayorías tienen razón cuando obran con razón”. Si no obran con razón, no tienen razón. Me animo a decir esto en una sociedad política, que a ustedes se lo puedo decir, otros dirían “qué estás diciendo, no digas eso en otro lado”.
La crisis de esta idea que fue el nacimiento de la historia, la historia nació, lo sabrán los historiadores, nació en contacto con una teoría. Muchas veces la teoría es el modelo o el procedimiento con que vivimos y parece ser nuestra vida, esa teoría estuvo muy cerca de la historia y fue la teoría del progreso indefinido. De alguna manera la historia humana, no de una manera progresiva sino dialéctica, con superposiciones, con vuelta atrás, pasaba por etapas casi spencereanamente, evolucionistamente, de lo medieval a la revolución industrial moderna, a la conciencia de clase y de allí vamos al socialismo y del socialismo al comunismo. Pero la teoría del progreso indefinido de alguna manera yo también creo que está pulverizada. Es otro de los finales, pero esto está realmente combinado, esta teoría con muchas otras cuestiones, con una verdadera incertidumbre.
Amo la incertidumbre, una de las cosas que el paradigma racionalista está dejando hacer agua, esa sensación de que todo es discernible, verificable y comprobable, esa sensación de que todo debe ser simplificado no simple, esa sensación de que todo debe ser reducido a la teoría que la puede entender, y lo peor de todo, esa sensación del racionalismo de un criterio de normalidad, “esto es lo normal y lo que quedó afuera, descentrado es loco, desequilibrado”.
Los artistas si no descentran, desequilibran, y si una persona cualquiera de ustedes no desequilibra algo en su vida no hay cambio alguno, o sea que, hasta las palabras te están diciendo que desequilibrado, descentrado, y otras más que no quiero manifestar en este momento, son usos que están vinculados a creer en un criterio de normalidad, de centralidad o de hegemonía, que deja afuera cualquier otra cuestión. Pero esas cuestiones son las que te permiten cambiar y no estar unidos al estereotipo.
Por lo tanto, crisis del Estado-Nación, crisis de futuro, enfrenté una crisis de la construcción hasta la palabra porvenir, yo digo que no se usa más, y esto perdonen pero no es de tapa de libro de algún filósofo moderno o posmoderno, esto realmente lo vivo en los jóvenes con los que trabajo.
Mañana no existe, el tango ya lo dijo “después qué importará el después”, y el después que importa. O la otra visión, la visión de algún joven que me dijo: “yo planifico hasta el domingo” y yo le pregunté: ¿por qué planificas tu vida tanto hasta el domingo?, es una obsesión”, “No” –dijo- “porque yo estoy vivo hasta el domingo, si la planifico hasta el domingo creo que llego hasta el domingo”. Eso no es para tomarlo en broma, es muy lúcido, algunas cosas son muy lúcidas, una especie de planificar su vida de martes a domingo le hace pensar que eso le da vida.
Entonces, estoy hablando que la crisis de futuro, como ocupación, la crisis de la cultura del trabajo que deja afuera cualquier sistema juvenil, de alguna manera... y la crisis de los lenguajes, de la multiplicidad de los lenguajes. Bueno, hay otras crisis como el famoso fin de la historia que no lo voy a tratar ahora y la pulverización del sujeto de la que estamos hablando, en todos los anteriores yo he estado adelantando este que es el baldón. Este baldón da, y con esto voy a terminar, da una sensación de que aparecen dudas tremendas, también en la ciencia. Yo hablaba, leía, repensar la ciencia, las prácticas, el arte, las tecnologías, ante la nueva configuración del mundo, es una de las cosas que nos pasa a todos. Tengo hambre de escuchar cosas frente a esto.
Somos de la era de la multiplicidad que es una palabra muy generosa para llamar a una aglomeración. También Hanna en el año 50 decía: lo múltiple, lo colectivo, no es una yuxtaposición de unos, todos pegados, que ni siquiera son “unos”, son una articulación de “entres”, es el arte de vivir juntos, una articulación de “entres”, del aire que hay entre nosotros y de la distancia necesaria diría yo, para que no estemos pegoteados y podamos vivir. Y de la diferencia necesaria, porque si nosotros hubiéramos sido, eso le digo siempre a los jóvenes, si nosotros hubiéramos sido hijos de nuestros padres solamente y la copia de lo que mi madre quería que yo fuera, estaría muerta. Si hubiera sido la mejor alumna de algún profesor, que a mi me pasó, que la bibliografía de él, lo que él decía era lo mejor, ese era el diez y uno se la creía, sería una triste muchacha, una triste señora grande y gorda. Lo único que nos da la oportunidad de ser libres es ser diferentes y tener espacios públicos donde uno aparece y no parece, aparece ante los ojos de los otros. Público no en el sentido de público de político, sino público en el sentido de la relación con otros caminos e instituciones, otros entres, otros lazos.
Nosotros en el teatro decimos siempre “nunca hacemos un casting -en cine- de un actor solo” Cuando hay vínculos en las películas hacemos un casting entre dos muy buenos actores, pero juntos, porque sin ese “entre” no hay película. Pueden ser dos muy grandes actores pero si no hay entre ellos un “entre”, aunque se hayan conocido una hora antes en el casting no hay manera de sostener verdaderamente una película que tiemble, que te haga temblar, y que te haga decir: aparte de lo que cuentan hay algo más que está vibrando allí, que no es la historia que cuentan, si no es el color, la textura y eso que pasa entre ellos.
En esa pulverización del Otro, del Otro que cargamos, el Otro que lo sentimos como separación, yo lo digo en forma personal, yo he tenido dos o tres experiencias donde he estado hablando en un gran exceso corporal de esfuerzo, donde perfectamente sentí que yo tenía la voz y el pensamiento tres metros adelante y el cuerpo había quedado atrás. De verdad lo sentí, también sentí pánicos, ataques y ahogos de todo tipo, yo sé que el aire no es una estupidez, para el que se ahoga, el que cree que se infarta, el aire no es una estupidez, muchachos. Ni el fuego, ni el agua, donde estuvimos adentro, es una estupidez. Si alguno se enferma por el agua o contra el agua, o nos quedamos sin aire, creemos que estamos infartados, o no podemos salir a la calle de casas que también son inseguras porque el que tiene miedo está aterrorizado por todos lados; y si no tenemos fuego, no sólo para cocinar sino para creer que llegamos al domingo, la vida se hace muy difícil y vuelvo otra vez al baldón, al único territorio seguro que nos queda. No nos podemos desprender de él, es el cuerpo, y ese cuerpo marcado, sufriente, desaparecido, no quiero ser demagógica, también gozante, también fiestero, también creativo, también enloquecido y enloquecedor, también descentrado y desequilibrado, ese pobrecito cuerpo que dice Benedetti que al final no le importa que le expliquen las razones y su tristeza y le diga alguien por qué hicieron esa operación, quién, dónde y porqué nos dejó afuera de nuestro propio cuerpo.
Gracias.
(Aplausos)
Héctor Tarditti
Muchas gracias Chiqui, vamos a seguir con Graciela Musachi
Graciela Musachi
Yo también quiero agradecerle a Chiqui, porque cuando llegué, Héctor me preguntó cómo iba a llamar a esta charla. La verdad es que no lo había pensado, pero Chiqui me dio el título que es: “¿Dónde está la soberanía?”.
Dónde está la soberanía para el psicoanálisis por supuesto, no puedo decir dónde está la soberanía en el campo social. Dónde está la soberanía para el psicoanálisis sería el título. Quisiera retomar también el modo en que comenzó Héctor, ese ejemplo me pareció precioso: el cartel de ‘prohibido fumar’, por qué hoy no podríamos poner el cartel de ‘prohibido fumar’.
Ustedes seguramente habrán leído en los diarios que hace unas semanas se discutía si lo que estaba pasando en Francia, que los jóvenes estaban invadiendo las calles otra vez y que todo eso hacía acordar a mayo del 68. Si eso era igual o no era igual a mayo del 68. Supongo que ustedes saben lo que es mayo del 68, todos, era parte de un movimiento en ese momento en occidente, de efectivamente rebelión contra el statu quo, efectivamente contra las prohibiciones, hasta tal punto que uno de los slogans de mayo del 68 era ‘Prohibido prohibir’. Es decir, la palabra prohibir tenía significación en mayo del 68. Para los estudiantes se trataba de prohibir todo lo que prohibiera, pero se trataba de prohibir, es decir que esa palabra tenía una significación todavía. Hoy no se podría ni siquiera decir ‘Prohibido prohibir’ porque prohibir ya no significa nada y ese es el problema que para el campo del psicoanálisis se plantea cuando decimos el Otro que no existe, las palabras no adquieren una significación que pese para el sujeto, es decir, no hay una cultura que le dé peso al significado de las palabras. Las palabras, como se dice, la palabra ya no vale nada. Entonces ese es uno de los modos en que podemos entender el Otro no existe, no hay quien diga ‘esto significa tal cosa’ y ahí es donde uno puede deslizarse indefinidamente con las palabras sin que nada las detenga. Ahora, por qué a este modo de funcionamiento, podríamos decir, de nuestra cultura se lo llama feminización, es la feminización del mundo, lo van a leer ustedes en el curso de Miller, es la feminización del mundo.
Bueno, para abordar un poquito ese tema les voy a comentar, ya que veo que te gusta el cine, voy a comentar una película que he visto hace poco que se llama ‘Vida en pareja’ de François Ozon. La película está organizada en cinco escenas, empieza de atrás para adelante, empieza por el final. Comienza cuando ellos se separan. La escena de la separación, la escena donde se ve que ellos ya no se llevan bien en una cena, la escena del parto, la escena del casamiento, y la escena donde se conocen.
Es muy interesante ver ahí el lugar que ocupa la mujer de la pareja entre otras cosas muy interesantes que tiene la película. Pero uno ve que cuando en la escena final ellos se han ido a divorciar y luego como suele pasar después que se divorcian se van a la cama (tienen relaciones sexuales, se entiende), y tienen un diálogo, entonces, él que está destruido le dice a ella ‘Vos sos más fuerte, porque’, nos vamos a enterar porqué ella es más fuerte. Pero si vamos a la primer escena que en realidad es la última en la película, es la situación totalmente inversa, por ejemplo en la escena en que ellos se conocen está él con una novia anterior y aparece ella en el mar y la novia anterior le dice ‘¿quién es esa?’ y el le dice ‘una empleada de mi empresa’. Hace acordar mucho a la obra de Oscar Wilde ‘Una mujer sin importancia’, donde pasa exactamente lo mismo, hay una fiesta en una casa de gente bien y entra una señora que se nota que no es de esa clase y alguien pregunta ‘¿quién es esa señora?’, ‘es una mujer sin importancia’ dice el dueño de casa y al final de la obra alguien le pregunta a la señora sobre ese señor de la primera escena y dice ‘¿quién es él?’, ‘un hombre sin importancia’. Aquí se ve exactamente lo mismo, en la escena final él le dice a ella ‘vos sos más fuerte’ y nos enteramos en toda la películaqué pasó, él fue perdiendo todo, él se casó con ella, fue padre y empezó a perder todo, perdió su trabajo, su virilidad, su seguridad, todo, mientras que ella, al revés, de ser una empleaducha en una empresa había ido adquiriendo cosas, lo adquirió a él, adquirió un hijo, adquirió una situación jerárquica en su empresa y aparentemente, eso que socialmente ocurre, lo que nos está mostrando es el ascenso de la mujer en la sociedad y eso produce al parecer una especie de empowerment como dicen los yanquis, es decir, el tipo queda sin saber como responder. En un sentido social, podríamos decir hay una feminización del mundo efectivamente en el hecho del empowerment femenino, en el hecho de que las mujeres van avanzando y se hacen mapas, en los diarios salen en todos los lugares en lo cuales las mujeres tienen puestos jerárquicos y acá nosotras dos estamos dando el ejemplo efectivamente (risas)
Pero el asunto es un poquito más complicado que el leve o fuerte ascenso de las mujeres a los lugares públicos, ¿no es cierto? Lo que muestra la película también es, de una manera muy delicada hay que decirlo, a lo largo de las cinco escenas las diferencias entre las relaciones entre la pareja protagónica y la pareja de los padres de ella que aparecen siempre en un segundo plano. Evidentemente se muestra todo el tiempo que se llevan muy mal los padres de ella, pero en la escena final ella le dice a su ex-marido ‘ellos nunca se separarán’, y uno ve efectivamente, a través de todas las escenas, siempre como digo están en un segundo plano, hay una autoridad que se sostiene en esa relación de los padres de ella, el padre por ejemplo le dice a su mujer en un momento en que la mujer estaba un poquito desbordada, le dice ‘basta’ y ella lo acepta, es decir, ese basta parece todavía funcionar para mantenerlos unidos. En la escena en que ellos se casan la protagonista del film ve que sus padres están bailando se están haciendo arrumacos, es decir, eso todavía parece funcionar. En vez en una de las escenas, en la escena de la separación la que dice basta es ella, la protagonista, ante la insistencia del marido le dice basta, se va y le cierra la puerta, y eso significa que ella no necesita de la autoridad del Otro, sino que ella es su propia autoridad, y eso, parece ser la tesis de Ozon. Eso afloja los lazos amorosos, el hecho de que la mujer tenga autoridad sobre sí misma y no sea la del Otro, es decir, de algún modo ella hace inexistir al Otro. Ozon parece captar que en la época en que el Otro, es decir en la cultura, funcionaba esto que decíamos antes, las prohibiciones, que prohibir tenía significaciones, que inhibir tenía una significación, que las convenciones tenían una significación, cuando parecía que esto se sostenía en el campo de la cultura.
Este campo que podemos llamar el campo del Otro, es decir lo que las cosas quieren decir y como deben funcionar las cosas, cuando eso se sostenía se tenía la ilusión de que esos eran los obstáculos para que las cosas funcionaran bien entre un hombre y una mujer, de alguna manera es una de las razones del surgimiento del psicoanálisis.
El psicoanálisis como ustedes saben, lo dice Lacan claramente, la reina Victoria fue una de las razones que hizo surgir el psicoanálisis, la reina Victoria encarnaba una moral rígida, es más, un rechazo del deseo, eso encarnaba la reina Victoria. No sé si han visto la película de la reina Victoria con Judi Dench. Cuando muere el marido, Victoria se pone de luto hasta el fin de sus días, se encierra.
...Entonces, todas esas reglas que existían para que un hombre y una mujer pudieran finalmente encontrarse, parecían ser los obstáculos para que se encontraran, y el psicoanálisis de alguna manera surgió en ese contexto, como dice Lacan, un ‘contexto ibnesiano’. Ya no estamos más en un contexto ibnesiano efectivamente, en fin, no vamos a explicar el término, les recomiendo mi libro “Mujeres en movimiento” donde ahí cuento un poco porqué Lacan dice contexto ibnesiano al contexto del surgimiento del psicoanálisis. Entonces, cuando todas estas reglas, estas prohibiciones, estas inhibiciones, lo dice Lacan en el seminario Aún, dice: ‘la relación sexual no existe’, efectivamente, pero existen las prohibiciones, etc, que hacen que los cuerpos se encuentren, justamente se encuentran por esas prohibiciones y esas inhibiciones, porque uno lucha contra el obstáculo y trata de llegar, entonces, de producir el encuentro.
Ahora todo eso no se sostiene más, eso es lo que nos muestra Ozon en su película, entonces esa época en que en el Otro... se sostenían frenos, inhibiciones, prohibiciones, convenciones, se tenía la ilusión que esos eran los obstáculos para la armonía ente los sexos. Algo parecía unirlos para siempre más allá de las leyes de los hombres, Dios si se le quisiera dar un nombre, la fórmula era esa ¿recuerdan? ‘lo que Dios ha unido el hombre no lo puede separar’. Ahora queda claro que el lazo que los une es frágil y que cada uno está solo, la ley se reduce, se lo ve, la película empieza así en el momento de la separación para los que la vieron, están en el juzgado de paz y el tipo que los separa es verdaderamente ridículo, es decir la ley se vuelve ridícula, nadie le tiene respeto. Entonces, la ley se reduce a un ridículo señor de provincia o a un pomposo recitador de decisiones judiciales vacías e improbables.
Ese es uno de los sentidos de decir ‘la feminización del mundo’. Por un lado esto que decíamos antes, el avance de las mujeres, por otro lado el hecho de que las mujeres hacen inexistir al Otro y de que se autorizan, como decimos nosotros, por sí mismas. Sin embargo esa sería, podríamos decir, las cara amable de esta época, la cara que podría satisfacer a las mujeres, sin embargo las mujeres que se conocen, no todas, pero algunas se conocen bastante bien, saben a donde pueden llevarse a sí mismas, es decir, saben de alguna manera que pueden ir muy lejos, por ejemplo hasta su perdición.
Hay un detalle en el cual quizás podemos estar de acuerdo, ya que la palabra perdición, es verdad, evoca muchas cosas, pero uno de los puntos en los cuales las mujeres saben bien que no pueden parar es cuando hablan, ese es un detalle que podría indicarles a ustedes esa dimensión de que hay algo en ellas que hace que no puedan parar. Haciendo una especie de chiste, Miller suele decir esto: “ellas estarán al mando, competirán entre ellas y aturdirán a todo el mundo”. Es decir, hay algo de esta dimensión, entonces, que algunas encarnan, no todas, pero que es por su particular posición respecto de lo que como experiencia del cuerpo les sobreviene, es esta dimensión de lo que no se puede detener.
Entonces, ese es uno de los modos de concebir la feminización, algo que no se puede detener, porque, efectivamente, en última instancia si hablamos de soberanía, vamos a ir al lugar donde eso se encarna -es efectivamente como decía Chiqui- el cuerpo. Y al psicoanálisis ¿qué es lo que le interesa? Le interesa el modo en que el cuerpo es experimentado por el sujeto, a eso lo llamamos goce. Toda esa lista que vos hiciste, a eso nosotros lo llamamos goce. El sufrimiento, el placer, el dolor, el forzar los límites para que el cuerpo vibre, es decir, toda esa serie que va desde el sufrimiento máximo a el placer máximo, todo ese circuito es lo que Freud llamaría “la pulsión”, el modo en que se hace vibrar al cuerpo, y se ve que cada vez eso es más difícil. Ustedes ven las experiencias a las que pueden someterse los sujetos actualmente para poder hacer que ese cuerpo vibre. Los deportes de alto riesgo por ejemplo no existían en las épocas en que el Otro existía, existe ahora en que no hay ninguna barrera que traspasar. ¿Cómo poder hacer marcar a ese cuerpo solamente por su vibración? Es insuficiente, entonces aparecen las marcas en el cuerpo. Entonces, evidentemente no solo nuestra época no es ya la de mayo del 68, fíjense solamente han pasado cuarenta años, es muy poco en la historia de la humanidad, y en cuarenta años las palabras han perdido su significación, ni hablar entonces de la época de Freud. Uno podría... es un trabajo que les presento, una investigación, comparar “El malestar en la cultura” con “El Otro que no existe”, el curso de Miller.
A tal punto el tiempo pasa vertiginosamente que Miller que dicta su curso en el año 96-97 compara este curso como si ya fuera de la antigüedad, no porque estuvieran perimidas las cosas que dice, pero él ya tiene una distancia respecto de ese curso. Hace comentarios sobre este curso el año pasado en su curso “Las piezas separadas”, dice “bueno, nosotros empezamos a hablar de ese tema porque en esa década, en la década del 90, llegaba de alguna manera a su culminación la pérdida absoluta de las tradiciones que encarnaba Clinton”. En ese momento él dice “nuestro contexto es clintoneano” ¿en qué sentido? en que habían accedido al poder los llamado baby-boomers, los hijos de la posguerra, de la segunda guerra mundial que habían nacido en los 45, 47, etc. Clinton mismo. Y llegaban tempranamente al poder gente ilustrada, joven, que ya se había desprendido de las tradiciones, y entonces Miller dice: “nuestro contexto es clintoneano”, lo dice al hablar de su seminario ‘El Otro que no existe’, nuestro momento era clintoneano porque era el momento de concluir con las tradiciones.
Un movimiento que, siendo serios tenemos que decir, había comenzado ya mucho tiempo antes, incluso, había comenzado en el época de Freud. Freud tuvo la fineza de captar que algo estaba pasando ahí, ¿y qué era lo que estaba pasando? Por ejemplo, lo que estaba pasando era un movimiento... Viena era el centro absoluto de todos los desarrollos de la ciencia, del arte, de la arquitectura, de todo lo que ustedes se pudieran imaginar, ahí estaban los más grandes matemáticos, los más grandes físicos, los mejores pintores, músicos. Está Freud claro, del cual les recuerdo este año se cumplen 150 años de su nacimiento, estamos en el año del acontecimiento Freud. En Viena se produjo lo que se llama en la historia de la filosofía, el giro lingüístico ¿qué fue ese movimiento? Muy simple, los filósofos dijeron: “hemos pasado siglos discutiendo qué es el Ser, qué es la Nada, qué es el mundo sensible y el mundo de las ideas, qué es el cuerpo extenso y el cuerpo pensante, pues bien señores, todo eso son palabras, no hay ningún Ser, hay palabras y las palabras tienen significados”, es decir que empezaron a discutir acerca del lenguaje, “no discutamos más del Ser y la Nada, ni el Tiempo ni nada de todo eso, discutamos acerca de lo que es el lenguaje, de lo que significa significar”.
Ahí es donde comienza esta... bueno, es de esa misma época alguien que nosotros estudiamos mucho que es Ferdinand de Saussure, que justamente produce esa operación de separar significante y significado. Es decir, el significado se empieza a separar de las palabras, algo que hasta ese momento... por ejemplo tomemos la palabra ‘padre’, ¿ustedes creen que alguien en la época de Freud podía pensar que ‘padre’ era una palabra? En la época de Freud el padre era el padre, luego se empezó a separar esa figura de la palabra padre y posteriormente se empezó a separar de la palabra padre su significado.
Ahí empieza ese drenaje, podríamos decir, sí, ya definitivo del lazo que unía a las palabras con su significado y entonces ya no quedan... se pierde lo que en la lingüística se llama el referente y queda simplemente un significante sin significación.
Es por eso que Lacan puede decir ‘la verdad tiene estructura de ficción’, es decir, la verdad no agarra nada de lo real, simplemente son ficciones que el hombre se da para vivir en sociedad. La cultura es eso. Doy la definición que da Miller aquí ‘la cultura es el modo en que el hombre de alguna manera se ha ingeniado para distribuir ese goce a través de un sistema de palabras’, es decir, la cultura es lo que de alguna manera distribuye goce a través de la preeminencia de ciertas palabras. Por ejemplo, poner en circulación esto, deportes de riesgo, es una manera de organizar el goce de algunos y de producir el rechazo de otros y así la gente se va ubicando respecto de eso.
Entonces, este punto en el cual hoy estamos, que uno después de escucharla a Chiqui queda sino angustiado, agobiado, porque verdaderamente produce ya no un malestar en la civilización como dice Miller, sino una crisis, un impasse, no sabemos como orientarnos.
Evidentemente uno como psicoanalista dice ‘bien, estamos en el lugar que corresponde’, estamos exactamente en el punto donde debemos estar, el punto de la angustia, de cada uno frente a esta pérdida de sentidos como decía también Chiqui citando a Hanna Arendt.
El mundo dejó de tener sentido por todo esto que acabamos de explicar y eso... Miller usa una frase muy divertida en el curso, dice ‘estamos, la cultura, o el capitalismo, digamos, que es el modo económico que impera en la cultura en este momento, es un sistema metódico de angustia del asalariado, de angustiar al asalariado’.
Entonces, bueno, en un sentido deberíamos decir ‘aquí estamos nosotros, nosotros podemos orientar al angustiado’, ahora, ¿cómo lo podemos orientar?
Lo podemos orientar respecto de su propio deseo, respecto del modo en que goza, respecto del síntoma que padece, y eso le permitirá -estoy respondiendo de alguna manera tardía a una pregunta que me había formulado Chiqui en una conversación anterior- lo podemos orientar respecto de su deseo, de su angustia, de su síntoma, para que él luego tome sus decisiones como ciudadano de una manera más orientada respecto de su deseo. Porque aquel que está ciego respecto de su deseo termina en su propia perdición, mientras que aquel que está orientado, bien, tomará unas decisiones que tienen que ver con él mismo. No cualquier alienación, a cualquier demanda, digamos, loca que ande circulando por el mercado.
¿Eso beneficia a la sociedad? me podría preguntar Chiqui. No lo sé, pero, en la época en que el Otro existía había una orientación para cada uno que era ese Otro que lo orientaba, la moral burguesa eso orientaba a cada uno, se suponía que eso iba a conducir a la sociedad al progreso indefinido, no fue así, es decir, no hay Otro que garantice hacia donde va a ir la sociedad.
Por eso Freud jamás fue progresista en este sentido de creer en el progreso indefinido, no era progresista pero tampoco era pesimista. He escrito hace muchos años un artículo cuestionando el supuesto pesimismo freudiano y ahora me entero, acaba de salir una entrevista inédita que se le hace en el año 26. Freud le dice a su entrevistador ‘por favor no diga que soy pesimista, lo único que yo pienso es que se puede hacer la vida más sencilla con el psicoanálisis si uno conoce sus propios monstruos, hay que aceptar que hay monstruos dentro de uno mismo y eso no es ser pesimista, todo lo contrario, eso es ser... ni todo lo contrario. Tampoco es ser optimista, eso es ser realista’.
Entonces volvamos un poquito a la comparación esta entre la época de Freud y la época que podríamos decir del Otro que no existe y la voy a llamar como la llama Miller ‘la época de Lacan’. Dado que Lacan ya no está entre nosotros, no podemos llamar la época de Miller, sería una falta de respeto a Miller ponerle un nombre a una época.
Entonces, lo que en la época de Freud era malestar, hemos dicho que en la nuestra es un impasse, el malestar puede ser tratado, el impasse plantea algo que es imposible, plantea algo que implica una decisión. Cómo se puede salir de un impasse, solamente con una decisión, pero una decisión de cada uno, evidentemente, ¿eso puede hacerse colectivamente? Bueno, ya no es nuestra responsabilidad. En la época de Freud, éste podía escribir un texto como ‘Moisés y la religión monoteísta’, a pesar de que Nietszche había escrito su famoso ‘Dios ha muerto’. Freud podía escribir sobre la religión y plantearse el psicoanálisis como una salida de la religión. Digo Dios por decir la reina Victoria por decir el Padre, instancias que trascienden a cada uno, alguien que exige sacrificio. El padre decía ‘vos vas a hacer la carrera militar y me importa poco lo que quieras’, tenía que sacrificar algo el hijo para obedecer a su padre ¿quién puede exigir sacrificios hoy? Cuando se trata más bien de la satisfacción decía Chiqui. Ahora se quiere satisfacer al consumidor, al revés exactamente, no se trata de una política del sacrificio y de la producción de una falta por lo tanto de una pérdida, sino de una política del exceso, del ‘tomen, tomen, tomen’. Esa consumición final, podríamos decir, es ilimitada, nada le pone límites, podríamos decir, el avance, no en el sentido de progreso sino el movimiento de la cultura hacia su feminización. Ese ‘sin límites’ es de algún modo afín a la estructura misma del capitalismo que tiene como fin esa meta: la producción sin fin.
Así como Freud en ‘Moisés y la religión monoteísta’ mostraba un dios de dos caras, podemos decir que de ese dios de dos caras ha quedado solo una, la cara femenina de dios. En la época de Freud lo que imperaba era uno, mientras que en nuestra época justamente no se encuentra uno que diga no. Por lo tanto como no hay uno que diga no, eso sigue. Sigue, porque como decía Lacan muy bien, aunque nunca se entiende bien esta frase pero es maravillosa: ‘más allá de cualquier límite no hay límites’. Una vez traspasado el último límite no hay límites, eso también quiere decir la feminización del mundo, no hay límites, no existe uno que diga no a lo que sea, o en todo caso el uno ese existe bajo la forma de su inexistencia, es decir, existe como puro agujero. Por todo lo que hemos dicho, evidentemente en la época de Freud había una orientación puesto que había uno que decía que no y entonces todos se orientaban alrededor de eso, algunos decían ‘sí papá’ y otros decían ‘no papá’. De alguna manera podemos agradecerle a Miller que en el campo del psicoanálisis él cumple esta función de uno, porque todos actualmente en el campo del psicoanálisis en la Argentina, por lo menos se orientan con él. Están los que dicen, los que decimos ‘sí Miller’ y están los que dicen ‘no Miller’, pero leen su seminario para decir que no, es fantástico. Miller es alguien que ha logrado hacerse leer por cualquiera y divide las aguas. Es una orientación que debemos agradecerle en una época en que no hay orientación, donde hay más bien errancia. Donde cada uno cree ser el vivo de los vivos, ‘yo no me engaño’, como suelen venir estos chicos, estos adolescentes, ‘no creo en nada’. El problema es para el que lo escucha, evidentemente, porque de alguna manera nosotros sabemos cual es la estructura de la negación, sabemos que el que dice no creo, por lo menos afirma y niega a la vez. Entonces tampoco hay que dejarse seducir por ese vacío, hay que, en todo caso, tener paciencia.
Le contaba a Chiqui el caso de una jovencita que llegó a esa conclusión que ahora les comenté después de haber pasado por lo peor, para lograr de alguna manera decir una palabra verdadera que le cuesta decir y fue la siguiente: ‘ganas de nada, eso es lo que tengo, ganas de nada’. Yo le dije ‘ah, pero eso es diáfano’, porque cuando uno dice no tengo ganas de nada se enreda de tantas negaciones, pero al decir ‘ganas de nada’, le digo ‘es diáfano’ y ella dice ‘es verdad’. Es como decir que uno tiene ganas de nada, ‘y nada ¿qué es?’ pregunté yo. Eso llevó a una serie de deslizamientos hasta que finalmente lo dijo, ‘ganas de tener tetas’.
Si uno se dejaba seducir por esa figura que verdaderamente es casi traslúcida, por esa puesta en escena de no hay límites, por ese vacío que encarna hasta su expresión, porque es como que se despojan de toda... bien, uno como analista está tan perdido como él, simplemente es al lenguaje que hay que estar atento, a los modos en que eso se modula.
Entonces, en la época de Freud todavía existía el Otro en este sentido que estamos diciendo, en que había un significante y había Otro que le daba sentido a eso. Había la estructura del significante en su funcionamiento más estricto, en lo que nosotros llamamos como ‘función de ley’, función de que algo haga significar a otra cosa algo. Decimos que eso junta, enlaza el significante con el significado; mientras que en la actualidad se sabe que ese Otro es una ficción, son palabras que no agarran ningún real.
En la época de Freud, por lo tanto, existía lo que Lacan llama ‘el nombre del padre’, que cumplía esa función de producir en la estructura del Edipo la llamada ‘metáfora paterna’. La metáfora paterna es eso, producir significación juntando dos elementos. Mientras que ahora, a medida que ustedes avancen en la enseñanza de Lacan van a ver que en la última etapa de su enseñanza, lo importante no era la función de ley que podía cumplir el padre, sino la función de nominación. Por eso en el campo del psicoanálisis de orientación lacaniana es tan importante el pase, porque ahí se pone en juego una función de nominación. Hay que detenerse a pensar porqué a Lacan se le ocurre inventar un dispositivo que produzca una nominación. Un sujeto tiene que atravesar barreras, primero tiene que contarle algo a los pasadores, luego los pasadores le tienen que contar algo al cartel, el cártel tiene que discutir entre ellos para finalmente reunirse con el éxtimo. Es decir, hay que pasar una serie de instancias para que finalmente se produzca una nominación. Decir: ‘tú eres eso’, lo dice la escuela. Es exactamente un dispositivo para la época en que el Otro no existe, porque no está el didacta que dice ‘tú eres analista’. No. Acá, ustedes ven, son un montón de instancias las que... El pase es una especie de comité de ética del psicoanálisis.
Por eso es que el curso de Miller lo podemos escribir así: ‘El Otro que no existe y su comité de ética’. Con esta letra, Otro en francés, tachada, decimos el Otro no existe, y con esta, el significante decimos comité de ética. Es decir, comité de ética es un modo de decir ‘no hay Otro’, dado que no hay Otro que nos diga como son las cosas, tenemos que sentarnos a discutir, a decir, bueno ‘a ver, pongámonos de acuerdo ¿qué consideramos ética?’.
Supónganse ustedes que alguien en la época de Kant le proponía: ‘para decir qué es la ética juntémonos a conversar, a ver en qué nos ponemos de acuerdo’, que por otra parte no se ponen de acuerdo en el comité de ética. El comité de ética jamás ha producido una ética. El comité de ética está para que en algún lugar de la ciudad o del mundo podamos localizar un espacio donde nos quedemos tranquilos: ‘hay gente que está discutiendo eso y ya nos vamos a enterar’. No nos vamos a enterar nunca porque es una especie de talk-show, nada más que no están las cámaras filmando. No llegan nunca a ninguna conclusión. Entonces, dice Miller, el significante del Otro tachado es lo que queda cuando el Otro no existe. Tenemos una palabra para nombrar que el Otro no existe pero no sabemos qué es eso. Pero de alguna manera está registrado en la estructura del discurso, tenemos palabras que nombran eso y nosotros ni siquiera nos enteramos.
Por otra parte, no sé si habrán notado que es el único curso donde aparecen dos nombres, dos nombres dando el curso. Siempre es el curso de Miller, así que podríamos decir Eric Laurent y Jacques Alain Miller son el significante del Otro que no existe. Ven que Miller, en ese sentido, no es como Lacan que ponía en acción el inconsciente en su retórica. Lacan a veces habla como si hablara el inconsciente de alguien, no es el estilo de Miller. Miller podríamos decir pone en escena la lógica, él no les dice a ustedes ‘miren, voy a hacer tal cosa’, él lo hace y queda para nosotros entenderlo. Acá tenemos que entender eso, Eric Laurent y Jacques-Alain Miller, dos, son el significante de que no existe el Otro. Mientras él da su curso, solo, nosotros podemos suponer que el Otro existe y está elaborando el psicoanálisis. Yo me quedo tranquila porque él se ocupa de eso y me va a decir qué es el psicoanálisis. Pues bien, no hay que engañarse nos dice Miller en este curso, simplemente lo que prevalece en la época del Otro que no existe, lo que prevalece en este ilimitado, en algo sin límites, es la idea de la serie. No hay un todo que es...
Los que conocen el famoso ‘Teorema de la Sexuación’ de Lacan que dice: la comunidad masculina se constituye alrededor de una excepción, por la acción de una excepción, por alguien que dice ‘no’, entonces los hombres pueden decir ‘nosotros los hombres’. Para las mujeres parece ser más difícil decir ‘nosotras las mujeres’ porque enseguida empiezan ‘no, ella no porque tal cosa’, es muy difícil hacer una hermandad femenina, porque justamente no hay uno que les diga “no”, que les funcione como límite. Entonces, del lado masculino existe un cierto Todo, que no es el universo pero son conjuntos que son posibles de armar a partir de una excepción. ‘Los de Boca’, ‘los de River’, por ejemplo, ahí se forman ‘todos’, pequeños ‘todos’. Las mujeres ahora, con esta idea del avance femenino en sus ciertos atributos del otro lado que ellas van tomando, se están formando esos pequeños conjuntos, pero lo que a ella le concierne como tal, como femenina, es esta dimensión de sin límite, donde se trata de la serie, la prevalencia de la serie. Es también ese Otro tachado, dado que no hay Otro que pueda decir lo que es un ‘todo’, hay la serie.
Luego, hay otra cosa interesante a destacar de este curso. Ustedes saben que cuando Lacan terminaba de dar sus seminarios, al poco tiempo escribía una reseña, por ejemplo ‘Subversión del sujeto’. Es lo que sedimentó de sus seminarios ‘Las formaciones del inconsciente’ y ‘El deseo y su interpretación’, es decir, la construcción del ‘Grafo’. La mayoría de sus escritos son sedimentación de sus seminarios. En Lacan tenemos estos dos movimientos: nunca escribió un libro, escribió textos que sedimentan sus seminarios, presentaciones a congresos, etc.; y los seminarios. Es decir, la enseñanza oral y lo escrito.
Miller también tiene un movimiento así, que es por un lado su Curso, como este ‘El Otro que no existe’, y al mismo tiempo que da su curso él está estableciendo el texto de un seminario de Lacan, ese es el trabajo que él hace constantemente. Lo que él estaba estableciendo mientras daba ‘El Otro que no existe’ era el Seminario 5 ‘Las formaciones del inconsciente’. Que es, ustedes saben -en ‘Las formaciones de inconsciente’- es la primera vez que Lacan presenta el Grafo. Estamos en el año 57-58 y vemos aparecer el Grafo, vemos aparecer esta escritura, el significante del Otro tachado. El problema con los matemas de Lacan, es que los llamamos matemas, como una forma de escritura propia de la matemática, pero que no tiene nada que ver con la escritura matemática. Porque la escritura matemática se transmite de un matemático a otro sin explicaciones, se aplican. Mientras que esta escritura, no podríamos nosotros decir que vale lo mismo acá que en ‘El teorema de la sexuación’. Sin embargo no podemos no advertir que en el año 57 Lacan escribe por primera vez este matema y es en este momento, cuando Miller está estableciendo este seminario, que da el curso ‘El Otro que no existe y sus comités de ética’.
Justamente, para aclararse él mismo y quizás a nosotros, estas transformaciones que ha sufrido ese matema. Ustedes van a encontrar ahí los distintos modos en que se puede leer esta escritura. Para decirlo simple, sin explicarlo, o se lo lee como el significante del Otro, de la falta en el Otro, es decir que hay Otro pero le falta algo; o se lo puede leer como lo leemos ahora, se trata del significante de que no hay Otro. Pero cada vez que uno lea Lacan debe estar muy claro en qué sentido Lacan está aplicando esa escritura, porque no es para nada lo mismo que al Otro le falte algo a que no haya Otro. ¿Y en qué sentido decimos que no hay Otro? Porque el otro día escuché una clase donde alguien decía: “bueno, este ‘no hay Otro’, será para los franceses porque para Evo Morales sí hay Otro”. Bueno, evidentemente hay Otro que es de ficción, evidentemente, y no hay el mismo Otro para todo el mundo. No hay una inexistencia del Otro globalizada, hay algo en la estructura que se ha desnudado y dice ‘para el ser humano el Otro es simplemente –como decía Mauricio Tarrab en su testimonio el otro día: “el Otro es un agujero para el sujeto que habla”. Ahora, ese agujero se reviste de una ficción de Otro y esa ficción de Otro a veces tiene efectos reales. Es verdad, para Evo Morales, podemos decir, en sentido metafórico ‘Estados Unidos es la cara feroz del Otro’, no lo vamos a negar, no somos tontos, quiero decir para tomar el ejemplo que daba el otro día la persona que hablaba en la Escuela. Es más, a veces necesitamos creer en ese Otro feroz, también lo mostró Mauricio en su testimonio, necesitamos para sostenernos, porque cuando no hay Otro nos vamos por el agujero. Entonces, ese es el neurótico, el que no quiere desprenderse de su Otro feroz, o del Otro al que le da vida, para confrontarse con el agujero ese que es el Otro. Entonces, con este curso ‘El Otro que no existe y sus comités de ética’, podríamos decir en ese año, hace diez años, Miller comienza a leer sistemáticamente la última parte de la enseñanza de Lacan, cosa que no había hecho hasta ese momento. Es muy interesante comparar lecturas de Miller, afirmaciones de Miller, que uno nota exactamente hasta donde ha llegado Miller en su lectura de Lacan, no inocentemente por supuesto, adrede. Pero sí podemos decir que a partir de ese año él empieza a leer la última parte de la enseñanza de Lacan hasta ahora.
Entonces, se puede afirmar lo siguiente: ‘si no hay Otro, entonces hay comité de ética’, es decir, no hay salida, si no hay Otro tenemos que hablar. ¿Hablar para qué, para producir algo? No, tenemos que hablar, es eso. Decir, hablamos, encontramos una satisfacción en eso, pensamos que estamos haciendo algo y establecemos una promesa, y esa promesa es lo que nos permite orientarnos hacia algo. Es posible una ética, es posible una comunidad, es posible una autoridad.
Por otro lado, hace un rato les decía que Freud había escrito ‘Moisés y la religión monoteísta’ en la misma época en que Nietszche había dicho, ya unos cuantos años antes, ‘Dios ha muerto’. Ahora, ‘Dios ha muerto’ no hace que Dios no exista, simplemente que Dios exista como muerto, por lo tanto no es lo mismo decir ‘el Otro no existe’, a decir ‘Dios ha muerto’. Porque Dios existe en tanto muerto en esa frase.
Voy cerrando. Pero no voy a cerrar nada, justamente, para atenerme a la estructura de lo que estamos hablando. Lo que ustedes habrán podido advertir en lo que yo digo, lo que les he presentado, es que toda esta lectura implica, para entender lo que Lacan dice con ‘el Otro no existe’ implica leer muy bien el Seminario 20, el famoso ‘Teorema de la sexuación’. ¿Qué quiere decir el ‘Teorema de la sexuación’? no quiere decir que hay hombres y mujeres. Lacan NO podría afirmar una cosa como esa. Lo que dice el ‘Teorema de la sexuación’ es que el sujeto que habla, en determinado momento de su vida elige de qué manera va a gozar, y que hay una estructura significante que se acomoda muy bien a los modos del cuerpo, a los agujeros del cuerpo.
En el Seminario 11, búsquenlo, él lo dice, hay como una afinidad de la estructura significante con los agujeros del cuerpo y... me sale la palabra formas, pero hay cuerpos, por así decir, que son distintos de otros cuerpos, eso es lo que hace que el ser humano establezca diferencias por medio del lenguaje, es el lenguaje que dice ‘aquí hay y aquí no hay’. Si no hubiera lenguaje nada de todo esto estaría en juego. Dado que hay lenguaje, hay la imperiosa necesidad de establecer esas diferencias, porque el lenguaje te empuja a decir ‘ahí hay y ahí no hay’ y entonces parece ser que ahí donde no hay, hay más afinidad con esta estructura del sujeto, del significante del Otro que no existe. Por eso ustedes van a ver en el ‘Teorema de la sexuación’ el lado macho, como dice Lacan, y este es el lado de las damas.
Ahora, para entender algo de todo eso, de esa afinidad, y de qué es lo que Lacan dice con ‘el Otro que no existe’ yo creo que es necesario entender el ‘Teorema de la sexuación’ que tiene sus grandes dificultades, por suerte, porque entonces nosotros podemos orientarnos en ese decir ‘tengo que entender el Seminario 20’ y nos pasamos la vida. Yo, desde que salió en castellano en el año 77 creo, que estoy leyendo el Seminario 20. Esto no tiene fin señores.
(Aplausos)
(1) Encuentro llevado a cabo el día 29 de Abril de 2006 en la sede de la E.O.L. Sección Rosario. La trascripción de la presente Conferencia es literal.
(2)Secretaria de Cultura de la Municipalidad de Rosario, actual Ministra de Educación de la Provincia de Santa Fe.
(3)Presidente del Consejo Estatutario de la EOL; A.M.E. y Miembro de la A.M.P.
(4). Director de la EOL Sección Rosario. Coordinador de la Conferencia
Desgrabación realizada por Rolando Gianzone revisada por los autores. Agradecemos que nos hayan permitido editarla. Ver Presentación de la actividad por Marcela Errecondo
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