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FORMACIÓN DEL ANALISTA DE ORIENTACIÓN LACANIANA
Actividades sostenidas por el Directorio
Año 2007
Los objetos “a” en la construcción del caso clínico.
El objeto “a” en la construcción del caso
Por Daniel Peretta
Voy a tomar, para pensar en el objeto a en la construcción del caso, los testimonios de Mauricio Tarrab.
Uno de estos testimonios lo vamos a encontrar en Lacaniana 4. Otro testimonio aparece en la publicación de las XV Jornadas anuales de la eol y además es comentado por Eric Laurent en las mismas Jornadas.
Además, está el testimonio presentado en las Jornadas de la Sección Córdoba y las notas que aportó Rolando Gianzone del Encuentro Americano.
Dos puntos me llamaron especialmente la atención, y son dos puntos que facilitan la lectura y ubican, el mismo Tarrab lo hace, al objeto a en el caso; en el síntoma, en la construcción del fantasma y en el final del análisis.
Uno de estos puntos es especialmente preciso. Dice Tarrab, que destaca un deslizamiento entre el soplo y la voz.
El otro momento lo podemos ubicar cuando menciona "un contragolpe brutal de la angustia y un recrudecimiento de los síntomas… sin la cobertura que da el fantasma".
Para poder ordenarlo un poco voy a tomar solamente algunos fragmentos de estos testimonios.
En el comentario que realiza Laurent sobre el testimonio, sitúa que éste muestra como se orienta en el análisis de la significación fálica al objeto a.
Puede plantearse esta misma lectura siguiendo el recorrido de la construcción del fantasma, su atravesamiento y el sinthome.
Dice Tarrab, que su punto de llegada al recomienzo del análisis fue: la angustia ligada a morir joven, de un ataque al corazón y dejar huérfana a su hija. Y, sobre esto menciona que angustia, síntoma y fantasma se perfilaban en esa formulación.
Síntoma y fantasma
Un recrudecimiento de los síntomas evocan un recuerdo infantil: el episodio de un desmayo, ocurrido en lo que Tarrab llama "su muno edípico". Lo esencial del recuerdo es que la madre del sujeto dirá que eso fue un soplo al corazón.
El analista interpretará: "La palabra de su madre penetró!!"
Puntúa aquí el modo en que la palabra materna traumatiza al niño y toca el cuerpo.
Esta interpretación extrae el pathos del cuerpo y terminan provocando un giro decisivo respecto del síntoma, mostrando que el sujeto seguía atribuyendole al Otro un deseo mortificante.
Se produce entonces un alivio y la aparición de la pregunta por la terminación.
Se abre entonces un tiempo de espera, periodo del análisis en el cual el analista produce distintos actos de destitución del sujeto supuesto saber.
En este punto, y ante la pregunta de cómo terminar, sitúa Tarrab una salida posible, se podría decir que una salida terapéutica, pero queda retenido esperando una respuesta, un saber.
Podríamos decir que la interpretación del analista producen un desciframiento de la letra, de la palabra materna.
Podríamos decir, siguiendo el comentario de Laurent que en este punto es donde se produce la significación fálica.
La palabra materna toca el cuerpo en la medida en que es la primera significación del falo por el Otro. El desciframiento de la letra de goce provoca un alivio del síntoma, pero este desciframiento encuentra un límite: la roca de la castración, salida posible del análisis al precio de no saber.
Tarrab, en este punto de detención del análisis, plantea expresamente "¿Cómo dejar de esperar del analista la clave del síntoma en términos de saber?
Esta detención, este espera donde, según Tarrab se comprueban los límites de ese inconsciente tan prolífico y que había quedado seco, donde todo lo que tenía para decir llevaba al mismo lugar.
En este punto el analista sostiene un silencio inalterable. Silencio que sostiene un vacío dejado por el desciframiento del síntoma. Al quedar la letra liberada de la significación de la frase materna (un soplo al corazón) se levanta el peso del deseo del Otro. Ya no puede decirse mucho más sobre eso, y el analista lo facilita con su silencio.
En esta espera, que tiene la característica de llevar siempre al mismo lugar, es el lugar donde se contornea un vacío que permite la construcción del fantasma.
Al terminar una sesión, el encuentro con un libro de Francois Cheng invoca un recuerdo que precipita la construcción del fantasma: el soplo deviene signo.
Recuerda que en su infancia el padre estuvo cercano a la muerte debido a una enfermedad pulmonar y que para recuperarse debía soplar inflando la camara una pelota de fútbol.
El niño dormía la siesta junto al padre acompasando su respiración a la de él, vigilando que la de su padre no se interrumpiera.
Ser el soplo que le faltaba al padre. Esta frase identifica al sujeto y define el objeto.
Precisa Tarrab en su testimonio que este segundo soplo muestra como la lógica del Nombre del Padre retoma el primer soplo…Alentar al Otro, soplar en el agujero del Otro era la matriz fantasmática que podía entonces construirse.
Eric Laurent muestra que lo que era el soplo del padre viene en sustitución metafórica al enigma del deseo materno y que esto le permite no quedar encerrado dentro del fantasma materno.
Queda, de esta forma, en evidencia la dimensión del objeto, y en el mismo movimiento cae el ser de sentido que sostiene al fantasma arrastrando al Otro a la evidencia de su inexistencia.
Tarrab lo formaliza de la siguiente manera en el testimonio dado en las Jornadas de Córdoba: "Del lado del sujeto cae la solución neurótica construida alrededor de los dos soplos.
El primer soplo "huella escrita en el cuerpo por la palabra materna", corporización del significante que es la matriz del síntoma y el antecedente del enigma del deseo del Otro y el segundo soplo articulado al Padre, el que permitió la sustitución metafórica del DM. Un soplo por decirlo así del lado del síntoma, el otro soplo del lado del fantasma.
Soplo 1 > Soplo 2
DM <<< NP
Síntoma fantasma
S1 + a
Lo que cae entonces es la mitología edípica del sujeto, arrastrando las identificaciones fundamentales a su estatuto de semblante.
Será entonces no al nivel del Edipo, del sentido y de la significación fálica, sino al nivel del objeto a, que se redefinirán los lazos al Otro, al saber, al Otro sexo, al partenaire y al analista.
Entonces, allí, el sujeto ya no está representado y el Otro es un agujero donde se articulará el trayecto pulsional”
Vemos, entonces, y tal como lo había señalado Laurent, la orientación que va de la significación fálica al objeto a, lo que queda esquematizado en estos dos tiempos: el soplo 1, huella escrita en el cuerpo por la palabra materna, simbolización de lo irrepresentable, palabra que traumatiza al niño y soplo 2, del lado del fantasma.
Una frase ilustra especialmente lo que Tarrab llama el “deslumbramiento”. Atraviesa el “soy eso” propio de la identificación y se encuentra ante la evidencia de la inexistencia del Otro. El Otro ya no lo necesita para existir.
Es el punto donde sobreviene “un contragolpe de angustia y un recrudecimiento impactante de los síntomas, ya sin la cobertura del fantasma”
Detrás de la máscara fantasmática estará encubierto todavía el circuito pulsional.
La interpretación
Este período del análisis es llamado por Tarrab “su temporada en el infierno”.
Debía posponer el encuentro con el analista por obligaciones con la Escuela.
El Otro se derrumbaba y el sujeto buscaba de manera desesperada asegurar una identificación y un lazo.
En el encuentro con el analista el sujeto se queja, se podría decir que se compadece de sí mismo por deber responder a las demandas institucionales.
El analista interrumpe su queja bruscamente e interpreta: “Usted siempre dice: es el deseo del Otro, es el deseo del Otro; pero no reconoce aún detrás de esa máscara su propio deseo”.
Se ve hasta aquí que el fantasma se construye en relación al acto del analista.
El sujeto, a partir de lo que no sabe de su fantasma organiza, construye un saber; y es así que la interpretación está referida al fantasma que está ahí construído. El corte realizado por la interpretación origina la caída del fantasma.
Es entonces, que “la miel del fantasma se vuelve repugnante”
Se devela, de esta forma, y ligado a un recuerdo, el reverso de la matriz del fantasma.
“Ser el soplo del Otro sostenía el cuento del amor, del sacrificio por el Otro…y daba consistencia al ser del sujeto…, se hacía evidente que detrás de esa máscara el fantasma encubría el circuito pulsional que se satisfacía reteniendo al Otro, haciendo del Otro un agujero donde soplar”…”se retiene al Otro para asegurar ese ser de gocesentido que el fantasma aseguraba y en el que se satisfacía la pulsión”.
Esta interpretación, esto que se devela aquí, es podría decirse el saber sobre la verdad. Es propiamente un saber que no puede saberse, la causa.
Hay aquí un momento en que no se sabe que hacer con esta causa.
Rolando Gianzone, en sus notas sobre el Tercer Encuentro Americano aporta un comentario que lo ubica claramente: “al final, queda este soplo separado con el cual no se sabe muy bien que hacer y en el mismo momento, se produce el vaciamiento de sí mismo”.
Sabemos, por el testimonio de Tarrab que esta interpretación lo deja en principio con la sensación de no ser escuchado. Esta sensación dura un tiempo, tiempo que es el del atravesamiento del fantasma.
Tiempo también que es el de la destitución del analista. El analista deja lugar a que la causa aparezca en la propia construcción del sujeto. Descubre la causa de su deseo y deja de significar a un Otro esta causa.
Dice E. Laurent que en este momento el ser no tiene representación en el Otro. A partir de eso no se trata ya de la representación, sino de hacer uso de los objetos que se proponen en el Otro, y ahí, el primer objeto que se presenta es el analista.
El analista se transforma aquí en la caja de resonancia del objeto a en el que se hace escuchar la voz y que ya no tiene las significaciones que había antes.
Por esto, se revela aquí que la interpretación no tuvo efectos solo por lo que el analista dijo, sino también sólo por el hecho de haber dicho. De este modo el objeto entraba en juego en la transferencia.
La extracción del objeto y la separación del analista
Hacerse escuchar, y hacerse escuchar por el analista era esencial para conjurar la angustia que inevitablemente anidaba en el fantasma, ya que el aliento, el soplo, lo dejaba sin palabras.
Había que separarse de eso que lo enmudecía, y del goce de hacerse escuchar ahí.
Este momento inaugura el trayecto final del análisis, el atravesamiento del fantasma al sinthome.
Aparecen aquí un síntoma “transitorio” y algunos sueños.
El síntoma de escuchar y no entender nada. Siguiendo las notas de Gianzone, “Es el momento en el que hay una salida del sentido y se encuentra un poco desubicado, al límite de la despersonalización. Y este síntoma transitorio, muestra al mismo tiempo, la nota regresiva que ubica al niño, y la nota progresiva, que es el enfrentamiento con la mujer. Que no es sólo un tipo clínico, sino algo de la identificación sexual, lo más masculino. La identificación masculina no es la certeza machista de ser un hombre. Es tener la certeza de que uno no entiende lo que dicen las mujeres. Saber hasta que punto uno no entiende lo que dicen las mujeres, esto verifica como un hombre ha podido integrar su posición masculina.
La salida del Otro, queda con este saber que define una nueva relación…”
Se instala un nuevo régimen de goce, ya fuera del régimen del fantasma, donde se anuda de otro modo el objeto de la pulsión y el real que se aísla, así como el Otro y el partenaire.
Quisiera dejar con la lectura de un parrafo de Florencia Dassen, “El Pase y la otra satisfacción” esto se plantea como un cambio de escritura del fantasma. Dice que, como ya no hay fijeza del mismo, se ponen en movimiento los desperdicios que deja el decir, -fónicos, escritos-, se hace con ellos otra cosa: el servirse de ellos es la transformación misma de los elementos que el fantasma velaba, lo que permite una relación con lo real que ya no es de exterioridad.
Para concluir… Mauricio Tarrab tomó lo real en la dirección del acontecimiento, la tyché, "la presencia de aquello que puede ocurrir sin estar determinado por los dioses, eso que no tiene otra causa que su sí mismo."(Miller, Los usos del lapso, p.235). Así se encontró con ese momento de extranjeridad, el lenguaje ya no engendraba significado, y entró en una zona de fenómenos imprecisos, la disyunción entre sonoridad y sentido. El testimonio de esta pieza sigue así: "el hecho de que un pequeño niño muy cercano no terminaba de acceder al dominio de la lengua me orientó en el desciframiento de este síntoma." ¿No es éste un momento de encuentro con lo que lalengua crea, momento de invención de alguien que ya hecha la gran limpieza de su existencia, como dice Monribot, ya no es hijo de su historia, sino hijo de lalengua?El saber hacer en el final del análisis, más artístico que científico, acentúa especialmente que la ética del psicoanálisis implica no ceder sobre este margen tan estrecho con el que contamos, estas zonas de lalengua que no son ligüísticas sino "cósicas". El pasante artista es también el que inventa sobre qué se apoya su sí mismo para autorizarse en la decisión de pasar por el pase. Donde el capitalismo fabrica objetos de consumo, el analista artista paga el precio de su artificio, de su creación singular. Es lo que produce satisfacción en los otros, o no. No hay garantía. Gusta o no gusta, esta es la apuesta nueva en la que Miller introduce al AE.
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