|
FORMACIÓN DEL ANALISTA DE ORIENTACIÓN LACANIANA
Actividades sostenidas por el Directorio
Año 2007
Los objetos “a” en la construcción del caso clínico.
Retrabajo seminario dictado por Beatriz Udenio.
El objeto “a” en la construcción del caso
Por Silvia Crosetto
Beatriz vino a contarnos como trabaja desde hace 11 años en el marco del ICBA en un dispositivo al que denominan Casuística y al que subtitulan Elucidación de la práctica. Se trata de un espacio de presentación y discusión de casos, que implica una forma de trabajo colectivo diferente, es sólo para enseñar psicoanálisis dice.
Se trataría de una vertiente de enseñanza pero desde la óptica del vez por vez, es decir del caso por caso para llegar a elucidar lo singular de la experiencia analítica.
Lo nombra como una red que se sostiene en una trama que va hilando tiempos lógicos. Para eso nos recuerda el texto de Lacan “El acerto de la certidumbre anticipada”, donde se presenta una temporalidad lógica no cronológica que ella toma para regular este dispositivo.
Brevemente los cito: hay un primer tiempo, instante de ver en el cual los colaboradores docentes se conectan con el participante que quiere presentar y lo orientan sobre la manera de construir el caso, un segundo tiempo en donde el que presenta el caso lo lee, siendo el momento que llama de exponer a cielo abierto generándose un debate sobre lo escuchado y un tercer momento o momento de concluir que sería un espacio reservado hasta ahora para que los docentes y los colaboradores elaboren algún tipo de saldo de saber, que por supuesto varía en función de la heterogeneidad, sobre los puntos cruciales que el caso presentó.
Voy a referirme a dos puntos fundamentales que Beatriz situó sobre este dispositivo y que fueron los que más me cuestionaron, aunque estos puntos que voy a referirles trascienden el lugar de lo que se llama Casuística y pueden pensarse desde una generalidad mayor en otros espacios también.
1) Dificultad en la transmisión del psicoanálisis
Si bien este dispositivo lo presentó como un lugar de enseñanza del psicoanálisis remarca que lo enseñable a partir de un caso, lo transmisible no es sencillo. Ya que si bien se trata de presentar algo que ocurre como por ejemplo una pregunta, algo oscuro, algo que se quiera elucidar existe un dilema clínico en el corazón de nuestra práctica que es el real propio del psicoanálisis, el no hay relación sexual, una falta de saber que está en el corazón de lo transmisible. No se puede transmitir la relación de los sexos aunque remarca que esta imposibilidad de transmisión del no hay no debería desalentarnos sino impulsarnos.
Se trataría de ver cómo la presentación misma del caso toma algo de lo real cuya solución no se encontró todavía ni por parte nuestra ni por parte del paciente. El no hay ni habrá jamás es irreductible.
Ella propone preservar ese no hay, ese no saber. Recordé un texto de Eric Laurent “El caso del malestar a la mentira” que está en la revista Lacaniana Nº4 en donde nos dice que en el Seminario 11 Lacan interroga el saber del analista: “lo poco que sabemos en materia de lo real” y define a Freud como “aquel que no sabía lo que hacía”. La teoría es una cosa y el saber del analista otra. Son disjuntos Por eso se pregunta: ¿Cómo un analista definido de esa manera puede dar cuenta de un caso?
Beatriz comenta que en este espacio del cual vino a hablarnos, se trata de pasar del saber supuesto al saber expuesto, volviendo riguroso lo clínico con un cierto estatuto de ciencia. No hay más remedio que utilizar palabras para armar el caso así que se pregunta ¿porqué desde el campo del psicoanálisis no se puede enseñar? ¿Por qué es propio del discurso universitario?
Aclara que no hay que asustarse tanto por el discurso universitario. Puede llegar a haber un pequeño saldo de saber, se podría llegar a escribir sobre ello, se podría implementar ciertas normas y no aceptar cualquier cosa total el psicoanálisis lo admitiría.
A la vez se pregunta cuántos casilleros harían falta para estandarizar los casos en psicoanálisis, por ejemplo 20 casos responden a una determinada lógica a seguir en la cura. Si bien cada caso puede ser paradigmático por algo, no debe perderse aquello que lo hace único.
Recordé el cuento de Borges “La biblioteca de Babel” en la cual relata la posible existencia de una biblioteca laberíntica en la cual estarían todos los libros que podían llegar a escribirse en todos los idiomas con la salvedad de que si a cada uno de ellos se le cambia de lugar una sola letra, sólo una, este solo hecho haría que se constituya un nuevo libro diferente al anterior, único, que engrosaría la imaginaria biblioteca y así esta sería infinita dada la cantidad de combinaciones posibles.
2) El que presenta
El punto que más me interrogó y que no es solamente desde ahora sino desde que comenzó este seminario, es ¿Quién presenta?
Cuando digo quien presenta me refiero al analista que decide presentar su caso, Beatriz diría que lo cede gentilmente para que todos trabajemos.
Esto más allá de las particularidades de cada uno, es decir qué es lo que toma cada analista que presenta de lo que lo interroga de ese caso en particular, en qué quiso ahondar, que saldo de saber extrajo de ello de acuerdo al momento en que cada uno está con el psicoanálisis, etc, me parece que puede verse desde otro punto de vista.
Beatriz se pregunta ¿por qué alguien estaría atrapado en el deseo de presentar un caso? ¿qué es lo que impulsa a querer presentarlo? Es decir pasar de un saber supuesto a un saber expuesto, desuponer un caso, si en realidad todo el acto analítico es tan íntimo que pareciera que nadie debería dar cuenta de nada.
El que presenta el caso debe apostar a varias cosas, una de ellas es la apuesta a lo real que sabemos que es imposible, tiene que tener un deseo de provocar eso. Es decir dejarse despertar por el caso, dejarse sorprender por los detalles y al mismo tiempo presentarlo en modo de chiste, es decir que se necesita que se despliegue bajo la forma del chiste para que el interlocutor se sorprenda con eso no sabido, es un modo de invención que uno quiere pasarle al otro.
Entonces surge la pregunta sobre si el que presenta el chiste puede o no llegar al otro a modo de sorprenderlo, de despertarlo, no de fascinarlo ya que ello quedaría en lo imaginario del que escucha y sólo tendría que ver con el ideal, sino de verdaderamente lograr lo que llamamos transferencia de trabajo y que es la base de la Escuela, para ello es una escuela en donde se forman analistas, en donde se les enseña pero modo diferente a los de la universidad, es decir bajo la forma de la transferencia de trabajo.
No es un trabajo solitario, estamos inmersos en una lógica colectiva, somos de la misma parroquia por eso nos entendemos los chistes, bordeamos lo real pero lo hacemos transmisible de algún modo. Para que alguien pueda lograr transmitir no sólo un saldo de saber del psicoanálisis sino el deseo por el psicoanálisis, debe haber entusiasmo. Eso es lo que me transmitió Beatriz el entusiasmo por la construcción del caso en forma de apuesta a la transmisión del psicoanálisis.
Para concluir voy a leer brevemente lo que Miller dice en Matemas en el capítulo titulado: “A propósito de los afectos en la experiencia analítica”
“El entusiasmo es también un afecto distinguido por Lacan… Si les hablo de entrada del entusiasmo es porque para Lacan, el entusiasmo es el afecto adecuado para un buen acceso al saber – al menos en psicoanálisis -, hasta el punto de que se lo considera el toque del psicoanalista indiscutible. Además, podría hacerlo tanto mejor cuanto que él mismo daba continuamente, en lo referente al saber, el ejemplo de entusiasmo que contrastaba con la somnoliencia de que daban pruebas sus colegas” Pág. 148. “La enseñanza de Lacan no enseña dogmas… pero sí encierra orientaciones y la orientación en la materia es saber si uno se deja guiar, en cuanto al afecto freudiano, por la emoción, por la pasión”. Pág. 152.
|
|