Los fundamentos de la práctica – ¿Cómo se presenta un caso?

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Rolando G. Gianzone

Presentar un caso a la comunidad analítica, constituye un medio electivo y crucial de poder transmitir, dar testimonio de una práctica.

En la actualidad no existen, según Eric Laurent, cánones para la redacción de casos y esta permisividad produce por consiguiente cierto desasosiego. Se opone frecuentemente lo cuantitativo a lo cualitativo, viñeta contra caso desplegado o monografía exhaustiva, o gran serie de conceptos contra aislar rasgos pertinentes en un caso.

Defendemos el prestigio del caso único, contra el prestigio de la ciencia y su fundamento estadístico, cuyo objetivo máximo exige medir la eficacia, olvidando la inconsistencia de aquello que se mide.

Primero es necesaria la construcción del caso, que Freud definía como una de las tareas del psicoanalista: que demuestre que esa práctica no es la demostración de una teoría. Se trata, más bien, de un trabajo a partir del encuentro en la dirección de una cura, de puntos que no se dejan reducir a la misma.

También se puede pensar como lo hace Philippe De Georges que la construcción del caso está a cargo del analizante, en la medida en que es el construye su fantasma.

El discurso analítico, al apuntar a circunscribir en la enunciación de cada uno aquello que hace a cada sujeto sin igual, lo subvierte. Lo que hace sin igual a un sujeto es el síntoma. El sentido de cada síntoma es peculiar y distinto para cada uno. El efecto sujeto es aquello que lo aparta al individuo de la especie, a lo particular de lo universal, al caso de la regla. Es necesario apartarse de una clasificación segregativa para poder dar lugar a las verdaderas distinciones del uno por uno, eso que surge en la experiencia analítica misma.

El primer paso para la construcción del caso, es la delimitación de su síntoma analítico. Entendemos como síntoma analítico aquella queja o sufrimiento compuesta por su envoltura formal y el goce. Para que se convierta en un caso lacaniano es indispensable que la reducción a su envoltura formal, incluya en él el objeto a.

La apuesta es la de intentar hacer surgir la estructura del caso, lo que lo ordena, la diferencia absoluta, su singularidad radical, aquello que lo hace sin igual. En el caso tenemos que acercarnos al núcleo de lo real, tratando de imitar a Freud en su manera de nombrar los casos con el nombre de goce de cada sujeto.

Su demostración y posterior presentación a la comunidad analítica, debe producir en quienes lo escuchan el mismo efecto que tiene la interpretación de un analista en su analizante: el efecto de “relámpago de comprensión”. Esto sucede cuando la ganancia libidinal ha sido alcanzada, cuando el caso toca al Otro al cual se dirige, provoca en él el efecto “¡Ah, Ah!”

Los psicoanalistas debemos ser sorprendentes y también sorprendernos. ¿De qué? De lo real. Eso es lo que se espera de la interpretación. Para ello la interpretación debe dar lugar al intento de responder al acto analítico. Para ello es necesario que el caso haya podido dividir previamente al analista, que haya podido perturbar su goce, y de esa manera dividir también a los otros y, por esa vía, producir un saber que se pueda transmitir.

Para Eric Laurent, el lugar del relato del caso como demostración de la clínica psicoanalítica, debe responder a una “epistemología del modelo”, que supone que lo real y lo simbólico no tienen puntos de intersección y es necesario que se elabore una representación, que haya algo acerca de lo real en lo simbólico

En la construcción y presentación del caso debe estar incluido el analista. Debe exponerse como lo hace en el control, lo que no significa reducir la presentación a una supervisión del caso. Cada analista se agregará al caso a su manera y con su estilo, pero tendrá que estar capturado por su relación con la pulsión, en tanto la pone en juego en su posición de analista. Es fundamental que el analista esté incluido en el caso porque forma parte del concepto de inconsciente. Es el deseo del analista, es ese deseo que opera en lo que se elabora del inconsciente en la cura.

Para que el caso responda a la condición de “caso lacaniano” debe tener un principio y un final. Su construcción comienza con la delimitación del síntoma analítico, pasa por la construcción y atravesamiento del fantasma y concluye con la invención del sinthome.

Para Miller el caso, si se pretende freudiano, y por consiguiente lacaniano, debe incluir el decir en la lógica de los dichos. Un decir singular, inducido por la lógica de los decires inconscientes y que solo se transmite en la medida que es solo el discurso analítico el que hace lazo entre los miembros de una comunidad de analistas.

 

 

Marcela Errecondo

El caso clínico entusiasma! Hay un cierto apasionamiento por la clínica, queremos escuchar casos clínicos! Queremos clínica! Encontramos que es lo más vivo de nuestra formación.

Si partimos de la pregunta ¿Cómo se presenta un caso?  y lo incluimos en “Los fundamentos de la práctica” como actividad de la RED, es porque consideramos a la presentación de casos como parte de la práctica del analista.

El campo freudiano y la AMP son grupos analíticos en donde se mantiene un fuerte interés por la clínica y eso tiene que ver con el hecho de que Lacan ha puesto al pase en el centro de su Escuela.

De esta forma la función de la Escuela es incidir para que el caso pueda testimoniar de una envoltura formal, de una enunciación particular y una perspectiva común. No de una homogeneización canónica. Tratamos de mejorar los procedimientos para estar a la altura de lo que se espera de una Escuela.

El caso es política en el sentido en que J-A Miller lo indica en “Política lacaniana”, apoyándose en Lacan que sitúa la táctica, la estrategia y la política. La política como los razonamientos, la argumentación que concierne a la finalidad de la cura analítica, esforzándonos en cernir  cada vez mejor lo real en juego en el anudamiento de la clínica y la política.

La presentación de casos y la presentación de enfermos (no es lo mismo) vienen de la práctica médica, incluyendo la psiquiátrica. Freud lo retomó para transmitir el psicoanálisis. Con la escritura de sus cinco casos (que no era un registro exacto de lo sucedido en todas las sesiones) quiso demostrar la lógica del inconsciente funcionando para que el psicoanálisis fuese aceptado y para que los psicoanalistas aprendieran. Su estilo era muy  literario, al punto que E Laurent plantea que los casos clínicos presentados por Freud tuvieron influencia en la literatura.

Lacan tomó esta práctica y la continuó apoyándose más en la lógica. Cada caso es una herramienta para una elaboración y hacer avanzar el psicoanálisis. Consideró que el hecho de ser analista implicaba siempre la elaboración del caso, pero esto indicaba una posición diferente del analista en la sesión. De ahí que dijera: el analista es al menos dos, uno en la sesión, otro cuando presenta el caso. Lacan intentó que la presentación, la escritura del caso, fuera ella misma analítica.

¿Qué es un caso?

Es sin duda un recorte, una elección de algo de lo que llamamos “material”. Por ejemplo en el caso Dora, puede ser una comunicación organizada por los sueños. O se puede tomar el síntoma, o un momento del análisis: la entrada, un momento de inflexión, una intervención del analista y sus efectos, una interrupción. Los recortes son múltiples y podríamos decir que de una cura podríamos hacer varios casos. Además hay que señalar las diferentes situaciones en donde se presentan casos clínicos y eso también introduce diferencias: si es un control, si es un ateneo, si es una Jornada con un público amplio.

¿Cómo presentar un caso?

Tendría que decir que esta pregunta no tiene respuesta, en el sentido que no tiene una respuesta, hay tantas formas de presentar un caso como las diferentes formas de recortes y lecturas de cada analista. Si con Lacan sostenemos que no sabemos lo que es un analista, tampoco tendremos un protocolo para la presentación de un caso. No es un registro, como si fuera una grabación de lo que se dijo, o la búsqueda de evidencias objetivas como lo quiere la medicina o la ciencia en general. El Psicoanálisis no es una ciencia aunque quiere ser riguroso.

Dice Eric Laurent en “Del malestar a la mentira” “…Para saber cómo se analiza procedemos por el método del caso clínico, es lo tradicional, pero esto es criticado por la ciencia exacta. Si fuese una ciencia exacta no tendríamos nada que aprender de Freud, todo habría sido íntegramente transmitido.”

Entonces, ¿qué decir de nuestra práctica del caso clínico?

– Siempre hay un medio decir. En primer plano está la verdad. Pero ella tiene estructura de ficción: no hay exactitud y tampoco constatación de la observación, por eso hay una dificultad en decir lo que es un caso. En tanto en el caso se quiere cernir lo real, siempre habrá una cierta mentira (lo real está apegado a la mentira)

– Si tenemos esto presente, podemos alejarnos del falso problema de saber si el caso que estamos escuchando o leyendo es un tratamiento exitoso o no.

– Por otro lado, la Clínica psicoanalítica no es un concepto univoco: es lo que se dice de esa particular experiencia, lo imposible de soportar en esa singularidad.

– Y por otro lado está la Clínica clasificatoria de las estructuras que es universal. En esa tensión tratamos de ir del caso clínico al caso único.

J-A Miller dice que la tensión entre el concepto y el caso es interna a la clínica. Dos vías se abren entonces: o bien meter el caso dentro de un concepto, a título de caso particular; o bien elevar el caso al paradigma, como singularidad. Esas dos vías no se excluyen pero la segunda es más interesante, más lacaniana.

– Así vemos que la construcción del caso transmite la particularidad de cada experiencia de transferencia desde el deseo de quien la expone, es decir el deseo del analista. El analista está entonces en un primer plano y la construcción que hace testimonia de su posición. De cualquier forma el analista estará siempre presente, en tanto elige el recorte, la secuencia, lo que quiere presentar, lo que lo interroga. El caso lo divide porque no puede poner todo o no encuentra la forma de hacer el recorte, la pregunta indica un punto de opacidad.

En cada momento de su enseñanza Lacan presentó casos que le servían a la resolución de un problema del psicoanálisis. Su lectura de los casos de Freud los eleva a la categoría de paradigma, es decir un ejemplo que ilustra, a veces extendiéndose a lo largo de un Seminario o siendo minimalista con sus propios casos.

Por ejemplo el caso de Dirección de la cura,(pg  261 Ed. Siglo XXI), el hombre que recupera sus habilidades masculinas después de la interpretación del sueño de la amante, tiene comprimida la historia y hay economía de detalles. Se observa una desproporción entre los datos del paciente y la extensión que toma el incidente revelador. El acento está puesto en el momento de la ocasión. “Nuestra ciencia  no se transmite  sino articulando en la ocasión lo particular”  dice Lacan.

En Juanito muestra los algoritmos de los trayectos significantes en varios capítulos del Seminario 4. En  Dora y la Joven homosexual utiliza el esquema Z, en Schreber el esquema R y el esquema I, en Hamlet trabaja con el grafo, en Joyce con los nudos.

En cada uno se ve cómo Lacan hace un recorte que destruye el relato que podría ser fiel a lo que sucedió. Lacan toma lo que cae del caso, lo que queda y muestra un punto de inflexión, un punto de articulación que da cuenta de una estructura o de un anudamiento. Sobre todo con Joyce muestra de qué manera un sujeto construye un artificio que le permite sostenerse en la existencia, es el artificio del síntoma. Esta modalidad puede ser tomada tanto para la neurosis como para la psicosis.

Hasta Lacan, la idea que había era que los efectos terapéuticos se experimentaban del lado del analizante y el saber del lado del analista y era al analista a quien le correspondía presentar los casos.

Esa es la tradición. La gran innovación de Lacan fue poner esto en cuestión para decir que el saber se deposita del lado del analizante y eso transforma completamente toda la idea que nosotros tenemos de la construcción de un caso. Desde que inventa el PASE, se trata de que sea el analizante que hable de su caso para enseñar a los analistas y la comunidad.

Orientados por lo real del síntoma

 

J-A Miller, se pregunta,  ¿a quién está destinado el caso? no al paciente, sino a una comunidad de experiencia, de saberes y de trabajo. El caso pone en juego el misterio para el analista de lo que él fue agente.

  1. Laurent nos dice que “El momento en que el analista hace de la historia un caso se atrapa siempre a partir de una ocasión, de un acontecimiento propio de la cura y solamente a partir de ahí se ordena el relato de las determinaciones que tejen al sujeto.(…) Entones el relato no se ordena alrededor de un saber, se ordena alrededor de un encuentro: “El analista no sabe, por la buena razón de que está en posición de objeto ’a’, como agente, a título de objeto causa de deseo […].”

Entonces, ¿lo real? Lo real no está en el caso, lo real se construye. Lo real es lo que del caso no pasa. Lo real es el punto imposible del caso y que por más que se acumulen datos, lo real no va a estar ahí, no está, ni en la paliza que le dio la madre, ni en el hecho de que lo dejaron plantado alguna vez. Los datos en sí mismo no dicen nada, nos lo recuerda Graciela Brodsky, pero lo real organiza el caso. Entonces, la presentación de caso nos hace hablar y será interesante si logra hacer pasar la opacidad de real que presenta la experiencia.

Referencias

  • J-A Miller , El desencanto del PSA, clase V , VI
  • Eric Laurent, El caso del malestar a la mentira, revista Lacaniana nº 4
  • Eric Laurent, La poética del caso. Incidencias memorables
  • Freud, Construcciones en psicoanálisis – El caso Dora
  • Virtualia 26, El concepto en la clínica