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Introducción
Bajo el título "Uso del psicoanálisis en la presentación
de enfermos",
nuestro colega Samuel Basz publicó el jueves 20 de mayo,
un artículo en el diario Página 12 (cuya versión
completa adjuntamos). En el mismo, se funda en razones el valor
de las presentaciones de enfermos en oposición a un comentario
-aparecido algunas semanas atrás- que cuestionaba dicha práctica
considerándola obscena y filopsiquiátrica.
"El
uso del psicoanálisis en la presentación de enfermos"
Por
Samuel Basz.*
La
presentación de enfermos tiene en el campo freudiano una
larga trayectoria. Fue una práctica que inauguró Lacan,
atravesando, desde el psicoanálisis, una tradición
que lo mejor de la psiquiatría clínica había
sostenido como enseñanza y también como extensión
del método semiológico (principalmente en la discusión
colectiva del diagnóstico diferencial)
Es verdad que los psicoanalistas lacanianos valoran esa tradición
clínica, que preocupada por el detalle que ilumine la particularidad
del caso, privilegia la condición activa y no deficitaria
del paciente como ser del lenguaje en contraposición a la
tendencia a concebirlo como receptor cada vez más pasivo
de medicamentos.
En este dispositivo, un enfermo -generalmente internado y con asistencia
y cuidados psiquiátricos, más raramente ambulatorio
o asistiendo al hospital de día - es invitado a hablar con
un psicoanalista que no participa del tratamiento que le es dispensado,
y además se le explica que la escena se completa con la presencia
de un conjunto calificado de participantes que sólo escucharán
con atención, sin intervenir con preguntas ni comentarios.
La presentación de enfermos es una de las realizaciones más
elaboradas de las proposiciones éticas del psicoanálisis.
Se trata de un dispositivo de transmisión que hace de una
clínica de la escucha y la demostración el eje de
una contra-experiencia respecto de una clínica centrada en
la perspectiva objetivante y la mostración clasificatoria.
Para nadie es banal estar a la altura de esta sorprendente propuesta
discursiva, ni para el paciente - dentro del lenguaje pero fuera
de cada uno de los cuatro discursos que según Lacan hacen
lazo social (el del amo, el universitario, el de la histérica
y el analítico)-, ni para el presentador que debe hacerla
pasar a los participantes, ni para éstos que deben sensibilizarse
al carácter de ese encuentro de modo tal que puedan asimilarlo
como saber, y ponerlo al servicio del paciente desde el discurso
analítico.
Si se lo entiende así se comprenderá que, a distancia
de su origen como contra-experiencia respecto de la psiquiatría,
se trata ahora de una verdadera experiencia interna al campo psicoanalítico.
Experiencia en el sentido fuerte de su alcance como marca en la
formación de una escucha que aloje al enfermo en las coordenadas
del uso terapéutico del psicoanálisis.
En esa tríada " paciente - presentador - participantes",
todos se implican en un acontecimiento singular, irrepetible, que
crea las condiciones de un lazo de lenguaje por el que puede circular
una variedad de la verdad del sujeto que quiere hacerse escuchar
como tal.
¿Capricho exhibicionista?, ¿experiencia inefable?,
¿rebajamiento de la dignidad del paciente afectado en su
íntima privacidad?
Si se advierten las razones que sostienen lo que venimos afirmando,
se verá por el contrario que es una escena jugada completamente
para generar un contexto de intermediación socializante,
que pone al ser hablante en función del discurso analítico,
que predispone al paciente en referencia al lazo social más
elaborado y novedoso de la cultura de occidente y abre, en muchos
casos, el camino para que pueda servirse de él.
Se lo ve: cuanto más segura es su exclusión de todo
discurso, más relevancia adquiere incidir como sujeto del
lenguaje en la producción de un saber que también
es instrumental, ya que, en muchas de las instituciones que ofrecen
su espacio para este trabajo, se dan las condiciones para que el
mismo paciente se beneficie del instrumento epistémico que
hace producir.
Los jefes de servicios hospitalarios, los jefes de sala, los responsables
de hospital de día, los directores de clínicas y sanatorios
privados en los que se desarrolla esta experiencia alientan a los
terapeutas encargados de los pacientes a participar del trabajo
de la presentación de enfermos, precisamente en la medida
que beneficia al paciente, tanto en la precisión de los elementos
que se obtienen para la conducción del tratamiento, como
para asegurar los cuidados que convienen a las condiciones sociales
y familiares del enfermo.
Para que esta escena pueda funcionar adecuadamente es necesario
que se den ciertas condiciones prácticas: un cierto clima,
una actitud, por supuesto una escucha activada por una orientación
doctrinaria y regulada por una lógica que persevere en su
rigor.
Pero no hay que olvidar que hay condiciones que dependen de los
participantes, la otra columna del trípode. Se puede esperar
de ellos una cierta "disciplina ascética", la puntualidad
para no interferir con una movilidad espacial que en general es
inconveniente; la abstención de toda manifestación
afectiva durante la presentación; la renuncia a la tentación
de comentar con los colegas mientras se escucha al paciente; la
contención de la contrariedad que surge cuando no se lo oye
bien
Precisamente porque es "natural" que funcione el prejuicio
subrayando la rareza del enunciado del enfermo, es necesario asegurar
estas condiciones en forma de dispositivo, para que ese decir pueda
escucharse como lo contrario de algo excéntrico: se trata
justamente de hacerlo valer como un nuevo centro. Centro alrededor
del cual se va a retomar el trabajo, tanto en las elaboraciones
inmediatas que surgen en la discusión posterior a la presentación
como en las mediatas, es decir en aquellas elaboraciones de saber
causadas por la experiencia misma y que intervienen en la dirección
del tratamiento del enfermo que participó de esa presentación.
*Samuel Basz. Médico (UBA; 1964), Analista
Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Docente
responsable de una de las seis unidades clínicas en las que
se realizan presentaciones de enfermos en el contexto del Instituto
Clínico de Buenos Aires (ICBA)
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