¿Qué relación se establece con la “droga” cuando no hay relación sexual? ¿Cuál es la droga en la
época del axioma lacaniano de la no relación sexual y de las adicciones generalizadas?
El goce enloquecido de la contemporaneidad, junto con la proliferación de nuevos productos del
mercado, configura un partenaire ideal que se impone de manera masiva, incluso en los intersticios
más íntimos de la vida cotidiana. En este punto, la lógica del mercado y la del goce convergen,
ofreciendo objetos y prácticas que prometen una satisfacción inmediata, sin mediación simbólica,
orientada al Uno del goce.
Christiane Alberti, en los argumentos del XV Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, No
hay relación sexual, propone un recorrido que abarca más de un siglo de historia del psicoanálisis: de
Freud a Lacan, y de la moral victoriana a nuestra época. La sexualidad nunca estuvo confinada ni
oculta en el ámbito privado de las alcobas; por el contrario, se manifiesta desde el chupeteo del infans
hasta en las escenas más ordinarias de la vida cotidiana. Como lo señala Lacan en Mi enseñanza, la
sexualidad está en todas partes, en tanto efecto del lenguaje sobre el cuerpo del parlêtre.
Desde esta perspectiva, Alberti sitúa la contemporaneidad como una época en la que la sexualidad se
despliega como una oferta a escala global, amplificada por las redes y las pantallas, organizando —no
sin un carácter intrusivo— la escena digital de niñas, niños y adultos. La sexualidad ha conquistado el
dominio de la oferta del mercado en un nivel comparable, e incluso superior, al de las drogas: ya sea
por su omnipresencia en las pantallas o por el acceso irrestricto y gratuito en la web. De este modo, “la
sexualidad se suma al régimen de las adicciones como formas de colmar el vacío” (Alberti, 2024).
Estas formulaciones encuentran una resonancia anticipada en la Carta 79 de Freud, donde se lee:
“Se me ha abierto la intelección de que la masturbación es el único gran hábito que cabe
designar ‘adicción primordial’, y las otras adicciones solo cobran vida como sustitutos y
relevos de aquella (el alcoholismo, morfinismo, tabaquismo, etc.)” (Freud, 1897/1991, p.
314).
En las reuniones preparatorias para el 5.o Coloquio Internacional de la Red TyA, se ha ubicado que el
significante “droga” ya no remite exclusivamente a las sustancias químicas, sino que extiende su valor
a todo objeto o acción a los que el sujeto se engancha de manera adictiva. Este enganche puede operar
como un rasgo identificatorio, fijando una nominación —drogadicto, timbero, pajero— que se
desplaza metonímicamente según el objeto de elección. Sin embargo, dicha cristalización
identificatoria no esclarece la función que ese objeto o esa acción cumplen en la economía libidinal de
un parlêtre.
Es precisamente esta función la que se interroga, y la que ha alcanzado estatuto conceptual en el
marco de la Red TyA al escribir, junto con Ernesto Sinatra, AdiXto, con “X”. La “X” introduce un
punto de opacidad y de interrogación que remite a la singularidad de cada sujeto, allí donde algo del
goce se fija y orienta sus elecciones más allá de cualquier tipificación generalizante.
A partir de las precisiones de Lacan en torno al “no hay relación sexual”, intentaremos dar cuenta de
que no existe proporción ni complementariedad entre los sexos: hay el Uno, hay hiancia, y hay un
agujero estructural cuya completud resulta imposible. Como lo formula Lacan en …o peor:
«Cuando el Uno se articula, de ello resulta exactamente esto: dos no hay. Les dije, es un
decir. Ustedes pueden incluso encontrar aquí, al alcance de la mano, la confirmación de
lo que digo cuando digo que la verdad solo puede semidecirse. No tienen más que
romper la fórmula. Para decirlo, solo cabe decir, o bien hay, como yo lo digo, Haiuno, o
bien dos no, lo que en nuestro caso se interpreta de inmediato: no hay relación sexual»
(Lacan, 1971-1972/2012, p. 181).
En la iteración del Uno del goce —presente en las adicciones con droga o sin ella— se intenta hacer
existir aquello que no hay: la relación sexual. Se trata de una búsqueda reiterada de una satisfacción
que el sujeto supone haber experimentado alguna vez, en una lógica que desconoce tanto la diacronía
de la experiencia como la imposibilidad estructural que introduce el lenguaje.
¿Cuál es, entonces, la relación que los sujetos establecen en una adicción con el cuerpo, con lalengua,
con el Otro, con la cultura, con el sexo, con la pantalla, con el objeto o con la acción elegida? ¿Cuál es
la relación con el falo, si se considera la conocida afirmación de Lacan según la cual la droga —más
allá de la sustancia— es aquello que permite romper la relación marital con el pequeño “hace-pipi”
(Lacan, 1975/1976)?
Estas preguntas orientan la clínica contemporánea de las adicciones, no en términos de normalización
ni de supresión del objeto, sino en la elucidación de la función singular que cada montaje adictivo
cumple en el R.S.I. de un parlêtre.
Bibliografía
● Alberti, C. (2024, 25 de febrero). No hay relación sexual. Blog del XV Congreso de la
Asociación Mundial de Psicoanálisis. https://congresamp.com/blog/no-hay-relacion-sexual/
● Freud, S. (1991). Carta 79 (22 de diciembre de 1897). En Obras completas: Publicaciones
prepsicoanalíticas y manuscritos inéditos en vida de Freud (1886-1899) (J. L. Etcheverry,
Trad., Vol. 1, p. 314). Amorrortu.
● Lacan, J. (2012). El seminario. Libro 19: …o peor (1971-1972). Paidós.
● Lacan, J., “Cierre de las Jornadas de estudio de Carteles de la Escuela Freudiana” (1976),
Pharmakon n. 2, 2016, pharmakondigital.com

