POR ANA RUTH NAJLES

María Del Carmen Arias: Vamos a dar comienzo a la conferencia titulada “El imperio de las imágenes” que está a cargo de Ana Ruth Najles. Ella es miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis  y Presidente del Consejo Estatutario de la Escuela de la Orientación Lacaniana.

Hace muy poco ha estado acompañándonos durante todo el transcurso del IV Coloquio- Seminario y también tuvimos el gusto de presentar su libro “Delicias de la intimidad. De la extimidad al sinthome».

Queremos agradecerte Ana Ruth porque realmente tu presencia en Rosario es muy importante para nosotros, además estás siendo interlocutora de nuestra Sección y nos estás acompañando en esta gestión. Así que esta conferencia es una parte muy importante del programa. Le damos la palabra a Ana Ruth Najles.

Ana Ruth Najles:

Hola a todos. Me siento como Groucho Marx haciendo el chiste de hablar desde abajo del escritorio, porque soy petisa. Voy a hablar parada, o me traen un almohadoncito. Trataré de que me vean y de no desaparecer debajo del escritorio.

Es un gusto estar aquí hoy, en estas Jornadas de la Sección Rosario de la EOL. Agradezco la introducción de María Del Carmen Arias y al resto del Directorio: Marcela Errecondo y Virginia Thedy la invitación para estar aquí hoy.

Es un gusto ver tantas caras nuevas. Siempre es un gusto ver caras nuevas que van llegando, acercándose y apuntándose en la Escuela de la Orientación Lacaniana en cualquiera de sus Secciones y lugares. Así que les doy la bienvenida a todos.

He tenido un buen marco para esta conferencia en las dos presentaciones que acaban de hacer Marcela Errecondo y Silvia Baudini.

Pensando en el título para esta conferencia me resonó el de una vieja película franco-japonesa de  Nagisa Ôshima del año 1975 que se llamó “El imperio de los sentidos”, donde evidentemente el sentido más convocado era el de la vista, uno de nuestros cinco sentidos que dan cuenta de nuestra percepción del mundo: vista, olfato, tacto, gusto y audición. Esta película se apoya, como todo buen film, en la potencia de las imágenes.

Film que, por otra parte, cuenta una historia real de los años 30’ en Japón en la que podemos afirmar que se realiza lo imposible, es decir la relación sexual, con lo que esto conlleva: la muerte y la mutilación.

Del título de la película llegué al título de hoy, pero debo decir que más que una conferencia, lo único que he logrado traerle son piezas sueltas.

1-La debilidad mental, lo imaginario

Como lo afirma Lacan en su clase del 10 de Diciembre de 1974 del Seminario “RSI”, “hay algo que hace que el parlêtre se demuestre consagrado a la debilidad mental, y esto resulta de la mera noción de lo Imaginario, en tanto que su punto de partida es la referencia al cuerpo y al hecho de que su representación, todo lo que para él se representa,  no es sino el reflejo de su organismo.”

Debo decir que esta frase me quedó grabada fuertemente desde que la leí por primera vez hace mucho tiempo y volví a buscarla a partir de la lectura de la conferencia de Jaques-Alain Miller en el último Congreso en París, para presentar el tema del próximo, sobre el inconsciente y el cuerpo hablante.  Conferencia que inspiró mi trabajo de hoy.

Lacan continua su desarrollo en esa clase para introducir lo vivo del cuerpo agregando que “lo que testimonia mejor que el cuerpo está vivo es la mente» (lo dice en latín, mens),  que Lacan introdujo por la vía de la debilidad mental.

Ya que como él mismo dice, “no a todos los cuerpos, en tanto que funcionan, les está dada la posibilidad de sugerir la imbecilidad”. Y la imbecilidad es introducida por el efecto de escritura de lo simbólico en el organismo, efecto que no es otro que el sentido.

Lo cito: “Sin el lenguaje, no tendríamos la menor sospecha de esta imbecilidad que es también aquello por lo cual el cuerpo da   testimonio… de estar vivo”.

Así se puede leer en la conferencia de Jaques-Alain Miller a la que me acabo de referir, su comentario de un aspecto de este párrafo cuando él afirma que “lo imaginario pasa a primer plano bajo la forma del cuerpo, puesto que encontramos en Lacan formulada esta equivalencia: lo imaginario es el cuerpo”.

Miller agrega que esto “no es algo aislado, sino que el conjunto de su enseñanza testimonia a favor de esta equivalencia”.

En primer lugar, “el cuerpo aparece en la enseñanza de Lacan como imagen, imagen en el espejo – el estadio del espejo -, desde donde  otorga al Yo un estatuto que se diferencia singularmente del que Freud le reconocía en la segunda tópica”.

En segundo lugar, es también  mediante un juego de imágenes que Lacan ilustra la articulación que prevalece entre el Ideal del Yo y el Yo ideal, términos que toma de Freud pero para formalizarlos de una manera inédita, dice Miller.

Esta afinidad entre el cuerpo y la imagen también se ve reafirmada en su enseñanza de los nudos. La construcción borromea destaca que es a través de su imagen que el cuerpo participa, en primer término, en la economía del goce. Recuerden que cuando Lacan hace la articulación de Imaginario, Simbólico y Real, en el lugar de lo Imaginario pone i(a),  la imagen del cuerpo, como cuerpo.

Según Miller, “esto quiere decir entonces que el cuerpo condiciona todo lo que el registro Imaginario aloja como representaciones: significado, sentido, significación y la propia imagen del mundo”. Esta es una traducción de la afirmación de Lacan acerca de que el mundo para el parlêtre es un reflejo de su organismo.

“Es en el cuerpo imaginario que las palabras de lalengua hacen entrar las representaciones que nos instauran un mundo ilusorio con el modelo de la unidad del cuerpo.”

Pero, y como lo señala Lacan, el cuerpo, al ser vivificado por la palabra, lleva el nombre de “parletre”, ya que esta palabra le otorga su ser (ser hablante). Pero, paradójicamente, desde ese momento el cuerpo se separa de este ser y pasa a ser del registro del tener (tal como lo recordaba Marcela en su alocución).

Como lo afirma Lacan en el Seminario El sinthome: “el amor propio es el principio de la imaginación. El parlêtre adora su cuerpo porque cree que lo tiene. En realidad no lo tiene, pero su cuerpo es su única consistencia -consistencia mental por supuesto, ya que su cuerpo “se escapa” en todo momento. Ya es bastante milagroso que subsista durante el tiempo de su consumación que es de hecho, por el hecho de decirlo (Lacan se refiere a que todo hecho está hecho de dichos) inexorable”. Para concluir afirmando que la adoración, vale decir, la creencia en el cuerpo como gran Otro absoluto es la única relación que el ser hablante tiene con su cuerpo. Habría que agregar que la única posibilidad de cambiar esa relación es por la vía de un psicoanálisis.

En este sentido, me parece luminosa la afirmación de Miller cuando dice: “los parlêtres están condenados a la debilidad mental por lo mental mismo, precisamente por lo imaginario como imaginario de cuerpo e imaginario de sentido” -está leyendo a Lacan- “lo simbólico imprime en el cuerpo imaginario representaciones semánticas que el cuerpo hablante teje y desteje. Por eso mismo su debilidad condena al cuerpo hablante como tal al delirio”.  De esto resulta una declaración de igualdad clínica fundamental entre los parlêtres.

Es por eso que se puede decir, por Miller por supuesto y a partir de la lectura de Miller, que la última clínica de Lacan, o la ultimísima clínica, sobre todo a partir de “Encore”, es una clínica sostenida o soportada por la concepción de Lacan sobre las psicosis.  Se trata, entonces, de una clínica más ligada a la continuidad que a la discontinuidad entre neurosis y psicosis.

2-El Real del psicoanálisis

Sabemos que el psicoanálisis tiene su propio real, que no es el de la ciencia. Un real que, como tal, es sin ley, y que, con Lacan, denominamos sinthome.

Sinthome al que él define en “RSI” como “la manera en que cada uno goza del inconsciente en tanto que el inconciente lo determina”. A lo que yo le agrego: del inconsciente –real, S1 solo-, en tanto el inconsciente -real, lalengua-, lo determina. Lo digo para que no nos confundamos de inconsciente, no se trata del inconsciente transferencial, el de la cadena significante.

Pero, quizás, lo determinante para definir a este sinthome sea como “acontecimiento de cuerpo” (como veíamos hoy en ambas presentaciones), en tanto se trata de la huella que el trauma de lalengua imprime en cada ser humano “por caer éste sumergido en un caldo de lenguaje”,  tal como lo expresa Lacan en el Seminario XXIV.

La escritura sinthome es utilizada por Lacan para indicar que ya no se trata de una formación del inconsciente sino que apunta a lo real del goce del cuerpo como tal.

El sinthome, entonces, no está ligado al inconsciente como elucubración de saber, sino que está ligado a la satisfacción pulsional y, por eso, aparece siempre como una pieza suelta. Lacan llega a decir que el sinthome no tiene más función que la de trabar las funciones del individuo en tanto indiviso, en cuanto que “todo” de la imagen.

Pero, en realidad, para Lacan, el sinthome tiene una función eminente en una organización más secreta. Se trata, en cada caso, como dice él en el seminario XXIII, de saber qué función encontrarle al sinthome, al núcleo de goce que está ahí para trabar las funciones del individuo. ¿Y cómo las traba? Distorsionando la imágen, destruyéndola, descolocándola, angustiando -que es el efecto de siniestro en la imagen como lo muestra Lacan en el Seminario de La Angustia -; enloqueciendo hasta llegar, en casos extremos, a destruir al organismo real (toxicomanías, anorexias, suicidios).

La diferencia, entonces, es que del síntoma, en tanto formación del inconsciente – es decir en tanto verdad – uno se cura, pero que del sinthome nadie se cura porque -como decíamos más arriba- el sinthome es el modo de gozar de cada ser hablante, en tanto éste tiene un cuerpo, otorgándole a cada quien su singularidad.

El sinthome, real como tal, está por fuera de lo simbólico, es sin ley. Sin la ley de lo simbólico.

Si lo real no se puede decir podemos afirmar, con Wittgenstein, que lo que no se puede decir se muestra.

Es decir, el sinthome no se puede decir. No pasa por la palabra. Es más bien del orden de una escritura que no se puede leer. Tal como lo explicita Lacan en el “Postacio al Seminario 11”, “un escrito, a mi entender, está hecho no para ser leído”. Se trata aquí de la escritura que produce un acontecimiento de cuerpo, es decir, un modo de gozar que no pasa jamás al discurso. Es en ese sentido que utilizamos el término letra (S1 solo) para diferenciarlo del significante (S1 S2).  Lacan agrega al respecto: “… lo escrito como  no-para-leerlo lo introdujo Joyce; sería mejor que dijese: lo intradujo, pues al hacer de la palabra tráfico más allá de las lenguas, apenas se traduce, por ser doquiera igualmente poco para leer”.

La letra no se puede leer. ¿Qué quiere decir? Nada. No se le puede hacer decir nada. En el Seminario 23, la pulsión es presentada como resonancia de un decir en el cuerpo que se escribió (“escritura” no para ser leída) y fijó la invariante del goce.

Y accedemos a ese real del goce por trozos, ya que lo Real se presenta siempre como no-todo. Lo femenino, el goce femenino como tal.

De manera que podemos decir que esos trozos de real se nos “muestran” como los distintos y singulares modos de vida que indican los múltiples, diferentes y singulares modos de gozar. Y eso, por medio de un decir que se instala en los intersticios de los dichos.

El problema del ser hablante es que por el goce del Uno del cuerpo no encuentra la manera de relacionarse con los otros. La cuestión es cómo arreglárselas con ese modo de gozar que no se cambia. Lo que sí cambia es la relación de uno con el modo de gozar -a través del psicoanálisis, aunque no exclusivamente, tal como lo demuestra Joyce- para así salir del autoerotismo de ese goce y poder relacionarse con los otros. Es el savoir y faire  del que habla Lacan al final del análisis: saber arreglárselas con ese modo de gozar para hacer lazo con los otros.

3- Piezas sueltas

Primera imagen

En una nota aparecida en Facebook publicada por la revista “San Francisco Magazine”  que Silvia Baudini hizo circular en el Newsletter 4 de las Jornadas anuales de la EOL, titulada “Un futuro sin género: 6 retratos de jóvenes que no se sienten ni hombre ni mujer», se relata, entre otras, la historia de un joven -Sasha- que mientras regresaba a casa en un autobús escolar, de pronto se adormeció. En ese momento otros dos adolescentes le prendieron fuego como un símbolo de burla, de desprecio y de asco. La razón de que Sasha provocara tanto rechazo a los agresores fue su manera de vestir: falda de mujer y camiseta de hombre. Una indumentaria que no reflejaba tanto sus ganas de provocar como el simple hecho de que el joven no se identifica ni con el sexo femenino ni con el masculino, y por lo tanto expresa su manera de ser a través de la indumentaria.

A raíz de este suceso que le dejó quemaduras de segundo y de tercer grado y que requirió tratamientos que duraron mucho tiempo, una fotógrafa hizo un montaje fotográfico de otros jóvenes de la misma zona de San Francisco que también aseguran no pertenecer a ninguna condición sexual.

Segunda imagen

Mi querido amigo Gustavo Dessal, psicoanalista en Madrid escribió un magnífico artículo publicado en el libro “Transformaciones: Ley, diversidad, sexuación” cuyo título es “Meditaciones de un psicoanalista sobre la vida amorosa en Mutandia”. Como algunos sabrán, Gustavo, además de psicoanalista es un excelente escritor, ha escrito muchos cuentos y novelas.

Realmente pensé que mi conferencia tendría que haber sido la lectura de este texto porque es una preciosura, pero como no es posible robárselo a Gustavo, les traigo algunos párrafos a modo de ilustración.

Esta escena que voy a relatarles transcurre es una calle de Boston, EEUU, en el verano norteamericano del 2012, y dice así:

“Una aglomeración de jóvenes en su mayoría adolescentes aunque también distingo bastantes adultos, reciben mi atención. Van disfrazados de personajes de dibujos animados y comics, especialmente anime japonés. Me informan que se trata de una reunión de Cosplay, condensación en inglés de costume (disfraz) y play (muestra, exhibición). Consiste en una modalidad de encuentro que resume de manera extraordinaria algunas de las características del lazo social contemporáneo. Una suerte de metáfora en acto que pone de manifiesto las nuevas formas de subjetividad que desafían las categorías de la clínica tradicional».

Salteo un párrafo y sigue, “el posar para el ojo, para la foto, es uno de los objetivos principales de la reunión. Los jóvenes se muestran encantados de que los retraten, y colaboran adoptando las posturas que realzan los rasgos de los semblantes que han elegido: los guerreros ponen caras amenazantes, las muñecas lolitas hacen poses. En la multitud conviven diversas posiciones sexuadas: heteros, gays, lesbianas, sujetos ambiguos, asexuados, mujeres espectaculares disfrazadas de porn cartoon que me dejan sin aliento; y obesas mórbidas que han optado por emular heroínas de una obra de Wagner. Algunos conversan entre sí, otros deambulan solitarios entre la muchedumbre ávidos de atraer la mirada…….En este entorno el sexo parece flotar en una extraña zona de latencia. No es que los personajes carezcan forzosamente de género, aunque algunos, como los robots, no lo muestran de forma definida, sino que la libido se consume en un goce narcisista dominante. El falo se pasea por doquier en su función de dar a ver, semblante fundamental ofrecido a la mirada como falso ser, pero no parece figurar a título de objeto de intercambio. Todo el mundo simula un lazo social mediatizado por el disfraz, que aproxima y a la vez retiene la intimidad en el  interior de una envoltura que permite velar transitoriamente la falla, o la debilidad de la identificaciones sexuales”.

Gustavo se refiere a Bauman, que “considera que lo que interesa hoy a muchos jóvenes no es tanto la formalización una identidad como la posibilidad de mantener la capacidad para reformularla cada vez que sea preciso, una suerte de “identidad flexible” o “moldeable”… De este modo, cada uno puede soñar una especie de auto-engendramiento, una invención de sí mismo inspirada en la variada oferta del mercado de personajes imaginarios”.

Dessal agrega que “esos semblantes…..sirven para disimular la debilidad de las identificaciones sexuadas. Remedan la relación sin que la castración deba ponerse en riesgo. Se juega al simulacro del lazo social, pero sin el compromiso del deseo, solo la satisfacción narcisista como plus de gozar de un conjunto de soledades….”

En relación con esta imagen que tan bien nos pinta Dessal, evoqué un viejo artículo de Miller de los años 80’, publicado en Matemas I, titulado “Enseñanzas de la presentación de enfermos”.

En ese artículo, y como al pasar, Miller hace una diferencia entre lo que llama las “enfermedades de la mentalidad” y las del Otro, mucho tiempo antes de que introdujera la cuestión de las psicosis ordinarias.

De las segundas no voy a hablar, pero respecto de las primeras, las enfermedades de la mentalidad, él dice que “dependen de la emancipación de la relación imaginaria, de la reversibilidad a-a’,  extraviada por no estar ya sometida a la escansión simbólica”.

¿No les parece que algo de esto resuena en las imágenes comentadas?

5

Tercera imagen

Dessal nos cuenta en su artículo, que en Japón el gobierno está preocupado por el descenso de la natalidad en la última década, debido a la disminución de las relaciones sexuales. Cada vez hacen menos el amor y prefieren la abstinencia o la masturbación. Como lo dicen en un documental de la TV española, “Japón y el sexo”; el goce del idiota se ha apoderado de una gran parte de la población masculina. Ustedes saben que Lacan en el Seminario XX, llama goce del idiota al goce fálico.

Pareciera que “para una gran parte de los hombres japoneses la demanda del otro sexo se aproxima demasiado peligrosamente a la pulsión y retorna en la ferocidad de un super-Yo que los hace retroceder y buscar salidas autoeróticas”.

En cambio, las mujeres japonesas se identifican a las muñecas inflables que consumen sus hombres y el semblante de la niña-juguete-falo (¿Histeria?) triunfa cada vez más entre las adolescentes y las que ya no lo son tanto.

Las consecuencias que esto tiene en el plano del amor, para Dessal, explican que hayan aparecido en Japón lo que se llaman los “Cats café”. No sé si lo han leído porque es muy interesante. Yo lo vi en uno de esos canales de Discovery cuando me da por hacer zapping a la madrugada.

Estos “Cats café” se han convertido en un gran negocio. Son maravillosos. Son bares a los que muchos japoneses acuden para tener contacto afectivo con gatitos. No con ‘gatos’, con gatitos. Los gatitos andan por el lugar, se dejan acariciar y … se van.

Ese no parece ser el caso de la joven  de la película “El tiempo”, de Kim Ki Duk que les recomiendo. Es una película maravillosa de hace algunos años.

Se trata de la historia de una joven que va a hacerse Otra para él, y para sí misma- esa es mi interpretación- por medio de la cirugía que cambia su imagen por otra (ambas muy bellas), para probar el amor de su hombre en lo real. ¿Es esto un ejemplo actual de una verdadera Mujer?

Cuarta imagen

Orlan: su arte consiste en modificar su “propio cuerpo” por medio de cirugías, colocando objetos en él y produciendo deformaciones múltiples en su organismo y, por ende, en su imagen.

Estas operaciones, no poco cruentas, son emitidas por televisión como espectáculo. Eso es parte de la performance. ¿Se trata aquí de una operación real sobre lo imaginario?

Quinta imagen

En una entrevista publicada en el Newsletter de nuestras Jornadas, realizada por Nicolás Bousoño y Nilda Hermann, a la Dra. Graciela Slesaransky-Poe, que reside en EEUU y es Decana de una Facultad de Educación de Arcadia, habla sobre su trabajo activo para la creación de ambientes no discriminatorios para estudiantes con conducta de género no convencional., grupo que incluye casi al 10% de los estudiantes de escuelas primarias entre 3er y 6to grado.

En un momento dado, ella dice que se trata de diferenciar el transgénero del transexualismo, ya que el transexualismo ya implica la operación, el comienzo de las operaciones sobre lo real del cuerpo, o tratamientos con drogas, etc. El transgénero, en cambio, implica la certeza de sentirse de otro género o de ninguno, muy tempranamente.

4-Reflexiones sobre el transexualismo

En su momento me puse con el tema del transexualismo porque fui invitada por el Comité de Acción de la Escuela-Una, antes del último Congreso en París, a comentar un artículo aparecido en el Sciliet sobre el tema, de Nestor Yellati. Eso me permitió reparar en algunas cuestiones del transexualismo que hasta ese momento no había tratado particularmente.

Ustedes saben que se define comúnmente como transexual a una persona que desea, y en muchas ocasiones efectivamente realiza, la transformación de su cuerpo en el del sexo opuesto a partir de la certeza de que su verdadera identidad sexual es contraria a su sexo biológico.

Lo que para mí es más impactante de entrada, cuando empiezo a interesarme por este tema es la cuestión de la certeza.

En principio, podemos afirmar con Lacan que toda certeza es delirante aunque no necesariamente psicótica, ya que todos deliramos a partir del agujero de la inexistencia de la relación sexual que lo simbólico introduce en lo real. Como lo señala François Ansermet, «el enigma clínico de la transexualidad» gira en torno de la certeza respecto de vivir atrapado/a en un cuerpo que no les corresponde. El sujeto rechaza la anatomía que el nacimiento le ha impuesto, lo que implica una elección que se le impone con la misma certeza, sin un ápice de la duda que caracteriza a toda elección. Es decir, que no duda en ningún momento. “El proyecto transexual, pues, cuestiona la relación del sujeto con su origen y con la muerte”.

¿Por qué no ver acá el rechazo a toda marca que provenga del Otro? Ya que, además de la anatomía determinada por un azar biológico-siempre contingente-, está en juego el rechazo de una imagen (del cuerpo) y del nombre con el que se los nombró al nacer, inscripto ante la ley (el Otro).

En el Seminario XIX, Lacan habla del error del transexual que consiste en tomar al significante por el significado. Se trata de la confusión común del significante fálico con el órgano que es el significado imaginario, el gran Phi con el menos phi.

En un excelente artículo, F. Fajnwaks indica que Lacan habla de la «pasión» del transexual, que es la de no querer ser significado falo por el discurso sexual, en tanto discurso que porta un imposible, pretendiendo forzar este discurso sexual mediante la cirugía para hacerlo posible. Esta búsqueda de la eliminación del límite que impone la castración como imposible, impulsada por las mismas leyes que amplían los derechos (identidad de género) impone modos cada vez más variados de retorno en lo real de la castración forcluída en la civilización. (Orlan, por ejemplo).

Podemos afirmar, entonces, que lo que Miller llama “feminización del mundo” no es otra cosa que la forclusión de la castración como imposibilidad en la cultura actual. Y una consecuencia de esta feminización es lo que Eric Laurent llama el “enloquecimiento de las clasificaciones”. Ya lo vemos, hay –hasta ahora- cincuenta y dos categorías posibles de clasificaciones de género, podría haber ciento cincuenta mil, porque cada uno va a ser un  género. La singularidad no se puede universalizar, entonces para meter a todos en la bolsa va a haber que generar un nombre para cada uno. Y esto produce el enloquecimiento de las clasificaciones.

Es decir que vivimos en la época del primado del goce como imperativo, por sobre todo lazo con el Otro, es decir, en la época del Otro sin Otro.

Podemos afirmar que el niño lacaniano actual es el que por estructura llega al mundo del Otro como objeto a, como plus de gozar. Niño que desde que nace y por caer sumergido, como decíamos, en un caldo de lenguaje, tiene que vérselas con otro goce, más allá del fàlico, al que Lacan denominó goce femenino y que, paradójicamente, por esa vía se transforma en parlêtre.

Esto nos introduce en el terreno de la sexuación por la vía de la diferencia entre dos goces que Lacan termina de situar en el Seminario XX, desechando la cuestión del género. De hecho, él sitúa el goce femenino con el ejemplo de un hombre: San Juan de la Cruz   (los místicos) y la poesía mística.

Por un lado, Lacan pone en el centro de la cuestión de la sexualidad al agujero de la no relación que da cuenta de la castración introducida por el lenguaje en el parlêtre, y por el otro, a las respuestas sinthomáticas  a dicha inexistencia.

Entonces, además del goce fálico está en juego Otro goce opaco y absolutamente fuera de la ley, es decir, el goce femenino o del Otro que no hay, goce real que afecta a los cuerpos parlantes y ante lo cual el parlêtre debe posicionarse.

Por eso,  podemos preguntarnos si al transexual no cabría situarlo en la vertiente del no-todo, teniendo en cuenta que el falo está allí forcluido.

5-Lo real en imágenes

En su curso “El lugar y el lazo”, Miller relata sus reflexiones sobre la exposición de Picasso, titulada “Picasso erótico”.

Comienza diciendo que esa muestra no era erótica porque el erotismo supone la condescendencia del goce al deseo, tal como nos habla Lacan en “El Seminario X”. El amor es lo que permite al goce condescender al deseo. El erotismo incluye al amor en el sentido de lazo.

Miller dice que lo que allí vio fue una exhibición de puro goce fálico, sin semblante alguno, más que el de los cuerpos representados de uno y otro sexo. Agregando que esta lluvia de cuerpos se  mantiene a nivel  de lo real. A través de lo imaginario de los cuerpos, esta muestra, de todos modos, da la idea de lo real, dice Miller. Y el real del que se trata no es otro que el del psicoanálisis: no hay relación sexual.

Es una muestra donde están muy en primer plano los órganos sexuales, al estilo del cuadro de Courbet  que se llama “El origen del mundo” en el que se ve una vagina en primer plano. Pero para verla –en el Museo del Quai d’Orsay- había que atravesar una cortina negra, por lo cual todavía funcionaba el velo del pudor.

Miller afirma que lo que está en juego en esta exposición de Picasso es lo real de la imagen. Si Picasso nos libera de lo bello, al mismo tiempo convierte en ridículo a lo simbólico. Es por eso que dice que Picasso ilustra como nadie el cinismo del goce, pero no el del idiota, el solitario, sino el cinismo del goce del coito. Eso quiere decir que Picasso sabe que no hay relación sexual. Habría sido más justo, dice Miller, que la muestra se llamara “Picasso pornógrafo”.

PICASSSO

6-El imperio de las imágenes

Como dice Miller en su conferencia, los psicoanalistas tenemos la urgente necesidad de ponernos al día, de captar lo nuevo, porque el psicoanálisis cambia en nuestros consultorios cada día. Y es así que pone en evidencia que, a diferencia de Freud, quien inventó el psicoanálisis en la época de la reina Victoria, “parangón de la represión de la sexualidad”, el siglo XXI nos confronta con la difusión masiva del porno, que es el coito exhibido, convertido en espectáculo.

Agrega que “De Victoria al porno no pasamos solamente de la prohibición al permiso, sino también a la incitación, a la intrusión, a la provocación, al forzamiento. ¿Qué es el porno sino un fantasma filmado con una variedad apropiada para satisfacer los apetitos perversos en su diversidad? Nada muestra mejor la ausencia de la relación sexual en lo real que la profusión imaginaria de cuerpos  entregados a ofrecerse y a atraparse.

Esto es algo nuevo en la sexualidad, en su régimen social, en los modos de aprendizaje, en los jóvenes, en las nuevas generaciones que entran en carrera. Los masturbadores están aliviados al no tener que producir ellos mismos sus sueños diurnos, porque los encuentran listos ya soñados para ellos.

El sexo débil, en cuanto al porno, es el masculino…

Y Miller, con mucha rigurosidad, evoca en este punto “lo que fue la irrupción de los efectos del cristianismo en el arte -que Lacan señaló en su Seminario XX- sobre todo en el barroco.

“De regreso de Italia, de un recorrido por iglesias que Lacan llamó simpáticamente “una orgía”, en su Seminario Aun advertía: “toda esa exhibición de cuerpos que evocan el goce” y este es el punto –dice Miller- en el que estamos respecto al porno.

Sin embargo, la exhibición religiosa de los cuerpos extasiados deja siempre fuera de su campo a la copulación misma, lo cual no es un detalle menor, de igual modo que, como dice Lacan, la copulación está fuera del campo en la realidad humana.

En la era de la técnica, la copulación ya no permanece confinada en lo privado, alimentando las fantasías particulares de cada quien. De ahora en más se encuentra reintegrada en el campo de la representación que, a su vez, ha alcanzado una escala masiva”.

Debemos destacar una segunda diferencia, dice Miller, entre el porno y el barroco. El barroco aspiraría a una regulación del alma mediante la visión de los  cuerpos,  “una regulación del alma por la escopia corporal”, como decía Lacan en Encore.  No hay nada semejante en el porno, ninguna regulación, más bien, una perpetúa infracción. Miller aclara que la escopia corporal funciona en el porno como una provocación a un goce destinado a saciarse bajo la modalidad del plus-de-gozar, modo transgresor con respecto a la regulación homeostática, y precario en su realización silenciosa y solitaria.

Habitualmente, agrega Miller, de un lado y de otro de la pantalla la ceremonia se lleva a cabo sin palabras aunque sí con los suspiros y quejidos que fingen el placer. La adoración del falo, que antaño era un secreto de los misterios, continua siendo un episodio central -salvo en el porno lesbiano-, pero ahora banalizado.

¿Qué representa la omnipresencia del porno en los comienzos de este siglo? Tal como lo afirma Miller, que la relación sexual no existe.

Esto es lo que retransmite, en cierto modo celebra, este espectáculo incesante y siempre disponible. Cinismo del goce, dice Miller, el empuje al goce del capitalismo y del mercado. Porque solo esa ausencia es capaz de dar cuenta de semejante entusiasmo cuyas consecuencias estamos constatando en las costumbres de las jóvenes generaciones en lo que respecta al estilo de las relaciones sexuales: desencanto, brutalización, banalización e incluso rechazo. La furia copulatoria alcanza entonces en la pornografía un cero de sentido”. Esto quiere decir, que alcanza a lo real.

Para concluir: interrogantes

Ese discurrir que acabo de presentarles, me deja preguntas.

Primero, me evoca una referencia de Lacan en el Seminario La Angustia, en donde él afirmaba que, dado que la dimensión especular es aquella en la que el objeto ‘a’ es más difícil de asir, el campo especular es aquel en el que el parlêtre está más asegurado contra la angustia.

Esto explicaría, en parte, el gusto por las películas de terror en niños y adultos, o por las de catástrofes y asesinatos, así como el gusto de ver noticieros en donde cortan cabezas, encuentran cadáveres, etc. Además, de dar cuenta de la ausencia de angustia en muchos parlêtres. Ya no estamos en la época del existencialismo, donde vivíamos angustiados. En muchos casos podemos percibir indiferencia, aislamiento, decaimiento, apatía, aburrimiento, pero no esa vieja angustia que indicaba lo real.

¿Acaso podemos pensar que en la actualidad, por el fracaso de las identificaciones que en otro tiempo ordenaban la vida de las personas, algunos parlêtres se fabrican identidades a medida por medio de imágenes, en las que lo imaginario tapona lo real del cuerpo gozante? ¿Podemos pensar estas identidades como suplencias imaginarias?

En tanto el parlêtre hoy sabe que no hay relación sexual, que el Otro no existe, ¿todo es posible? ¿Vivimos en un mundo de puros semblantes en el que lo real en tanto imposible no existe?

Si se rechazan las identificaciones, “yo –ya- no es otro”. Contra la afirmación de Rimbaud, cada uno es único, no se parece a nadie, no tiene filiación, se auto-engendra de la mano de la ciencia.

Entonces, ¿esto supondría el goce de la imagen narcisista? ¿El imperio del narcisismo? ¿Cada uno es Jehova en tanto afirma “Soy el que soy”? ¿Todos locos? ¿Todos  cuerpos endiosados?

Gracias.

Maria del Carmen Arias:  Ahora vamos a pasar a las preguntas. Me imagino que después de haber escuchado esta conferencia, se han sembrado inquietudes, preguntas y mucho entusiasmo para las Jornadas de hoy. Me parece que ha habido una re-actualización de los conceptos porque cuando vos hablabas de los «artículos viejos» me acordé cuando te escuchaba del artículo sobre la de la presentación de enfermos y me acordaba que dice «se trata de una mujer que quiere ser un vestido sin cuerpo».

Otra cuestión que me evocó cuando leí el título «El Imperio de las Imágenes»  es la de la «imagen reina» que es también un artículo de unas Jornadas de hace bastantes años en Brasil. Las «imágenes reina» son esas imágenes que subsisten a pesar de todo lo que es un proceso analítico. El psicoanálisis se guía por la palabra pero hay imágenes que insisten.  Hay dos o tres pero me acordé que una de esas imágenes es la del cuerpo propio. Damos lugar a las preguntas:

Jorge Assef: Muchas gracias por la conferencia que es tan generosa y erudita. Quería preguntarte cómo pensabas lo que Miller trabaja como pornografía en la Introducción al próximo congreso. Vos lo traías cómo que el recurso de la pornografía es una práctica más común en los hombres. Estaba pensando en el escrito del libro no sé cuantas sombras de Grey. En los consultorios es común que los hombres hablen de sus prácticas con la pornografía en internet pero también se ha vuelto común que las mujeres hablen de literatura erótica. Y pensaba que la cuestión que hoy se ve en relación a esos libros, más que nada con relación a estos relatos eróticos o pornográficos, si uno debería entender si es lo mismo.  No he leído el libro pero estaría en el orden de lo erótico-pornográfico y no sé si la actitud de las mujeres frente a esa literatura  es la misma que la que tenían antes.

Ana Ruth Najles: Me acuerdo  de la  literatura erótica que circulaba en la serie de «La sonrisa vertical»,  que en mi época todas leíamos y estaba pensando, en oposición, en el libro de Christine Angot «Una semana de vacaciones».  En la literatura erótica hay encuentros en donde siempre está esa necesidad del amor, de la muestra de ternura, no es la muestra descarnada del acto del coito, o de los genitales y su manipulación, que es lo que aparece en el  libro de Christine Angot y que es más parecido a la pornografía,  al uso que el hombre hace de la pornografía. No he leído el libro de «Las cincuenta sombras de Grey», pero si se que no es lo mismo la posición femenina que la masculina. Por otra parte, no es lo mismo decir goce femenino que  posición femenina.  Una mujer en posición femenina, a diferencia de una histérica, puede disfrutar de un encuentro erótico que no es lo mismo que la pornografía.

Cuando Lacan formula el teorema de la sexuación (realiza el esquema en el pizarrón)  pone el no todo del lado femenino. A lo que quiero llegar es a cual es la diferencia entre el goce femenino y la posición femenina, de la cual dice que al menos tiene una pata en el goce femenino, pero la otra pata la tiene en el falo.

Por eso dije, no toda es una mujer. Es decir no es loca del todo. No está separada del falo. Cuando está separada del falo, ahí tenemos a la verdadera mujer que es temible porque llega a cosas como el asesinato, adulterio, crimen. A la destrucción de todo lo patológico, como dice Lacan.

Sería para diferenciar el goce femenino de la condición femenina. Tu pregunta Jorge me parece que va en esa dirección.

No es lo mismo el goce femenino que la posición femenina. Hay hombres que pueden gozar, San Juan de Dios, un místico, de la escritura. Puede sentir ese goce y está en posición femenina porque no perdió la pata del lado del falo.

Elvira Dianno: Me acordé de una escena de la película «Todo sobre mi Madre»  que cuenta como un cuerpo está construido con múltiples intervenciones quirúrgicas para agradar al otro y además es transexual. Y en relación a lo que decía Jorge, sobre la erótica y la pornografía hay un libro  «Trilogía del Amor», un libro absolutamente naif para esta época y además por otra parte, la pornografía de Christine Angot que bien vale leer el libro con las orientaciones de Miller, pero también bien vale entrar en el sitio de las entrevistas que le hacen para ver qué función cumple la escritura para ella, que es una analizante lacaniana,  como para poder pensar.

Otra pregunta: Agradezco tu transmisión, me hizo pensar muchas cosas, me dejó muchas preguntas, en su momento conversaremos, pero ahora te quería pedir si podes ampliar un poco lo que decís en relación a Bauman y la entrevista, la conversación con Gustavo Dessal respecto de las identidades móviles, intercambiables, por lo menos así lo escuché yo y también, qué de la castración se pone en juego? Hay una satisfacción narcisística autoerótica, entonces me preguntaba si por ejemplo  respecto de la ley de identidad de género y lo que los psicoanalistas tenemos para decir sobre eso, si el concepto de nominalismo que propone Eric Laurent nos puede ayudar un poco a pensar la cuestión.

Beatriz Udenio. Quería preguntar de alguna manera lo que considero  una especie de provocación y desafío que ha sido este final con puntos suspensivos y con preguntas. Lo voy a prolongar del lado que a mi me suena. Pensaba en el destino del psicoanálisis como práctica cuando escuchaba en varios momentos de tu exposición y pensaba además en lo que fue mi largo recorrido de neurótica histérica.

En algún momento de todo este recorrido y en este final, la pregunta que tenía era sobre si la respuesta que encontraba es que por muchas razones el psicoanálisis como práctica hoy sigue siendo subversivo, porque subvierte.

Es casi que se me ocurría a lo mejor un inconcebible, es anacrónicamente subversivo, porque donde justamente hay una línea, una brújula y que ya menciona en la misma conferencia que vos decís, nuestra brújula sigue siendo «no hay relación sexual». Por ello justamente cualquier modo de goce que convalide al final va a ser un goce que no retroceda pero que a su vez no tapone ese no hay, es exactamente todo lo contrario a toda esa diversidad, multiplicidad, no?

Y se me ocurrió que esto se podrá entender por ahí por razones obvias. Lo obvio, lo voy a hacer más explícito, es que pensaba que el interesante contrapunto puede ser la singular y pequeña solución, hay que decirlo así, frente al tamaño, diversidad y enormidad de propuestas del mundo contemporáneo.

Daniel Senderey: Quiero volver a un punto que me pareció muy interesante. En realidad en muchos hombres que realmente cambian el sexo lo que uno ve en general es el empuje a la mujer. En esta realización en el cuerpo y en esta producción fálica mucho no interesa la correspondencia de hacer el órgano femenino, una vagina .En el caso de mujeres que se transforman a hombres hay un muy pequeño porcentaje en donde hay un temor de tipo quirúrgico para obtener una prótesis peniana.

Silvia Baudini: En el  libro de Christine Angot se pone en juego el trauma. Ella publica justamente algo más en las Jornadas de la Escuela de la Causa el año pasado sobre el trauma de hablar sobre su libro. Me parece que es un libro completamente traumático. Si bien hay una incisión totalmente del falo, como vos decías, se trata de no olvidar al trauma. Me parece que algo de lo que vos planteas es justamente una  sociedad que quiere olvidar el trauma. La posición femenina es una posición que va en contra de este olvido. Ahora vamos a publicar la presentación de  Christine Angot en las Jornadas de la NEL, ella tiene un lazo extraordinario con el psicoanálisis,  donde habla de un encuentro con una mujer y es esa marca traumática que ha hecho que se quede como objeto de goce materno. Parece que hay algo de ese trauma que  ella no quiere olvidar en el sentido del «más allá del padre» y cómo en ese «más allá del padre» hay dogma. Entonces está la decisión de alguien de querer ubicar el «más allá del padre» vía del ayer pero de lo que no quiere saber nada es de que el dogma no se resuelve. Cada uno, como decía Beatriz, con un pequeño instrumento hará algo para saber un poco más de eso, que lo marque y haga una diferencia entre la imagen del cuerpo y el acontecimiento de cuerpo.

Ana Ruth Najles: Quiero decir algo porque no he podido contestar las preguntas y nos están pidiendo que terminemos. Algo para concluir por ahora, en el sentido de que no es posible decirlo todo en una hora, por eso es que traje propuestas para abrir cuestiones. No es posible concluir de una vez por todas. Como dice Beatriz, cada AE da testimonio de cómo se puede encontrar con una solución más allá o más acá de los avatares de esta civilización. Como decía Lacan, se trata de que en medio de todo este panorama, generemos las condiciones de la demanda de un análisis donde cada uno podrá sostenerse en el trayecto analítico.

Hay muchas cuestiones que se abren a partir de esta nueva clínica, de esta nueva práctica  a la que nos enfrentamos día a día. Me gustó lo que decía Beatriz, respecto de que no hay que olvidar que la relación con el modo de gozar se refiere al estilo de cada uno, pero también al hecho de que un psicoanálisis permite tornarlo menos sufriente y más soportable.

Por eso dije lo del trauma. Es decir el trauma de la lengua, como dice Silvia Baudini, que es el trauma por el cual alguien tiene un cuerpo real y no solo un cuerpo imaginario, nos hace a todos enfermos mentales y en ese sentido cualquiera sea el grado de debilidad mental el psicoanálisis es una vía para sufrir menos de ella.

El psicoanálisis no debe retroceder, como dice Miller, no retroceder sino acompañar el movimiento de la cultura, estar ahí, estar ofertando un modo de tratar lo insoportable del goce que siempre es de un cuerpo que habla.

*Conferencia de Ana Rut Najles (AME EOL y AMP)

Presentada en las XVI Jornadas Anuales Sección Rosario: “Nuevos cuerpos. Nuevas satisfacciones. Respuestas del psicoanálisis”  el 4 de Octubre de 2014, en la ciudad de Rosario. Texto establecido por: Silvia M. Crosetto. Versión revisada por la autora